El discurso político y mediático internacional a veces se refiere a las nuevas sustancias psicoactivas (NSP) como “legal highs” en inglés1 —un término originalmente acuñado por quienes las promovían, y que después fue apropiado por los medios. Pero se trata de un término cada vez más inútil, en gran parte porque muchas de ellas ya no son legales en varias jurisdicciones. Hay un gran rango de drogas que cabe dentro de este término tan amplio, que incluye sustancias similares a las drogas ilegales más conocidas, como psicodélicos, estimulantes, opiáceos y cannabis, o sus imitaciones. El Centro Europeo para el Monitoreo de Drogas ha observado más de 602 tipos de NSP, de los cuales 101 aparecieron tan sólo en 2014.2

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Ilustración: Fabricio Vanden Broeck

El mercado “legal” de NSP ha surgido sobre todo en el contexto de la prohibición histórica de las drogas, en respuesta a la demanda existente por el efecto que generan. Cuando aparecen productos legales que tienen una comparación favorable frente a sus contrapartes ilegales en términos de efecto, riesgo, calidad y precio; sorprende poco que sean populares y que, hasta cierto punto, tomen el lugar de ciertas drogas ilegales. Este fenómeno y los retos específicos creados por la rápida aparición de múltiples NSP con perfiles de riesgo desconocidos, ocurre en gran parte gracias a la falta de disponibilidad legal de las drogas más conocidas y cuyos efectos son más comprendidos, tales como el cannabis, el éxtasis/MDMA e incluso la cocaína.

La aparición de las NSP puede considerarse, entonces, como un hecho impulsado en su mayoría por la prohibición. No existiría, por ejemplo, demanda de una imitación NSP de cannabis sintético en los mercados de Occidente si su pariente natural —más seguro y menos potente— estuviera disponible de forma legal. Si los últimos 50 años nos han enseñado algo, es que mientras la demanda por una droga en particular —o su efecto— se mantenga, la oportunidad de ganancia que se crea significa que el mercado siempre encontrará una manera de satisfacerla —ya sea legal o ilegalmente.

Así como la aparición de las NSP es una consecuencia involuntaria de la prohibición histórica, prohibir una NSP en particular puede tener consecuencias no planeadas de impacto significativo. En particular cuando la demanda por una sustancia particular ya existe, su prohibición probablemente generará uno o varios de los siguientes efectos: creará un vacío en el mercado legal de las NSP, el cual será ocupado por una o más nuevas sustancias (cuyos impactos netos a la salud son imposibles de predecir); los consumidores regresarán a las sustancias ilegales que habían sido sustituidas por las NSP (que, a su vez, expondrá a los consumidores a los riesgos del mercado ilegal, así como a la criminalización generada por los riesgos del consumo); o llevará a la aparición de un mercado criminal de las NSP que antes eran legales —en el que será posible que la calidad (en términos de pureza y confiabilidad) del producto disminuya y el costo aumente. Esto ya se ha visto en las distintas etapas de prohibición de las NSP en los mercados occidentales.

El fenómeno de las NSP presenta, por lo tanto, un enorme reto para los responsables de crear políticas públicas. Los mercados legales no regulados de las NSP claramente no son adecuados, pero, al mismo tiempo, también es claro que la prohibición, como ha ocurrido muchas veces en el pasado, sólo empeora las cosas. Una solución que se ha intentado ha sido la de dejar de prohibir una droga por sí sola para mejor prohibir todas de tajo. Irlanda intentó esta prohibición generalizada de todas las sustancias psicoactivas en 2010. Aunque consiguió, con éxito, que la venta al menudeo más visible se detuviera y que se cerraran las llamadas “head shops” —tiendas que venden parafernalia de drogas—, el uso de NSP entre jóvenes (de 16 a 24 años) en Irlanda es hoy el más alto de la Unión Europea, y el consumo ha aumentado desde la prohibición de 2010, de 16% en 2011 a 22% en 2014.3 El mercado simplemente se ha mudado de las tiendas a la calle y al mercado en línea. En Polonia la prohibición generalizada fue seguida temporalmente por una disminución veloz del número de “envenenamientos relacionados con legal highs”. Sin embargo, tres años después de la prohibición, la cantidad de reportes de envenenamiento ha aumentado a niveles previos a la prohibición.4 Algunos funcionarios polacos han sugerido que esto se debe en parte a la disponibilidad continua de NSP en los mercados internacionales en línea.

Por lo tanto, existe una necesidad urgente de explorar la opción de regular los mercados, que ocupe un punto medio entre la prohibición total y el libre mercado desregulado. Esto podría permitir que existiera una venta estrictamente controlada de ciertos tipos de NSP de menor riesgo, que hayan sido analizadas de manera apropiada, con herramientas de regulación que puedan utilizarse para proveer cierto grado de control sobre los productos, los vendedores y la disponibilidad. Éste es el camino que ha tomado Nueva Zelanda, que en 2013 aprobó el Psychoactive Substances Act (Ley de sustancias psicoactivas), que permite la producción y venta legal de ciertas NSP de “menor riesgo” bajo un marco de regulación estricto. La nueva ley pone la carga en los productores para que ellos determinen los riesgos de los productos que buscan vender, también establece una edad mínima de 18 años para comprar dichos productos; establece una prohibición de anunciarse salvo en los puntos de venta; establece restricciones para que las tiendas puedan vender productos NSP; y establece requisitos para las envolturas y empaques. Nueva Zelanda estableció castigos penales —de hasta dos años de prisión— en caso de que se viole la ley.5

El gobierno de Nueva Zelanda dijo en su momento: “Estamos haciendo esto porque la situación actual es insostenible. La legislación actual no es efectiva para lidiar con el veloz crecimiento de las sustancias psicoactivas sintéticas que pueden modificarse para ir un paso adelante de las pruebas de detección actuales. Los productos se venden sin ningún tipo de supervisión de ingredientes, sin requisitos para pruebas o regulación sobre dónde pueden venderse”.6

La nueva ley se mantiene en vigor, pero se ha encontrado con muchos obstáculos técnicos —en particular con cómo establecer los límites de daño de “bajo riesgo” sin hacer pruebas en animales— así como oposición política. Al día de hoy ninguna NSP está regulada bajo este sistema, pero al menos ha demostrado que existe una ruta alterna.

En el largo plazo, si la fuerza detrás del fenómeno NSP disminuye, parece inevitable que la prohibición de drogas ilícitas más comunes deberá desaparecer y que se deban explorar modelos de regulación, tal vez similares a los de Nueva Zelanda. Ésta es una idea que le puede dar miedo a ciertos políticos —pero la opción es clara. El gobierno puede controlar el mercado de narcóticos e intentar reducir el daño causado por dichas sustancias, o lo puede dejar en las manos de los empresarios criminales y de los científicos clandestinos. No existe una tercera opción en la que el problema desaparezca por arte de magia.

 

Steve Rolles
Analista senior de políticas públicas en la Transform Drug Policy Foundation. Es licenciado en geografía por la Universidad de Bristol y cuenta con una maestría en estudios de desarrollo de la Universidad de Manchester.

Traducción de Esteban Illades.


1 No existe una traducción del término al español, lo más cercano sería decir que se trata de una “pacheca” permitida. (Nota del traductor.)

2 http://bit.ly/1SpN5zx

3 http://bit.ly/1RNRcI1

4 Polish REITOX Focal Point. ‘2014 National Drug Report: Poland– New developments, trends, and in-depth information on selected issues,’ EMCDDA, 2015, p. 131. http://bit.ly/1VbWHTj

5 http://bit.ly/1SCnE00

6 http://bit.ly/1qloRzL