Ayer se llevó a cabo lo que en Estados Unidos se conoce como Super Tuesday, el día que tiene más elecciones estatales para elegir a los candidatos del Partido demócrata y el Partido republicano a la presidencia del país. Cada partido tuvo 11 elecciones, aunque no en los mismos estados.

Las reglas para asignar al candidato de cada partido son distintas y bastante complicadas. En casos extremos, algunos votos se llegan a decidir  incluso por volados (The Guardian, en inglés). Para no perder tiempo en esto, aquí hay una explicación concisa de cómo se asignan los llamados delegados, que son quienes votan por un candidato u otro dentro de su partido (El País, en español). Lo que nos interesa aquí, más allá del método y las reglas, es qué está sucediendo en las elecciones presidenciales en Estados Unidos. ¿Por qué va Donald Trump a la cabeza de los republicanos? ¿Es casi un hecho que Hillary Clinton sea la candidata demócrata? A continuación unos apuntes al respecto.
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Los demócratas

Empecemos con el Partido demócrata, ya que es más sencillo de explicar que el republicano. En un inicio eran seis los precandidatos: Hillary Clinton, quien fue secretaria de Estado durante la primera administración de Barack Obama; Bernie Sanders, diputado y después senador de Vermont durante las últimas tres décadas; Martin O’Malley, exgobernador de Maryland; Jim Webb, exgobernador de Virginia; Lincoln Chafee, exgobernador de Rhode Island y Lawrence Lessig, profesor de derecho en Harvard.

Para cuando comenzaron las votaciones, sólo Clinton, Sanders y O’Malley estaban compitiendo, aunque O’Malley se retiró tras la primera votación, la de Iowa, en la que consiguió menos del 1% del voto (The Washington Post, en inglés). Como se esperaba, la disputa por la nominación quedó sólo en dos contendientes. Sin embargo, nadie, al menos dentro de la esfera de analistas estadunidense, preveía que Bernie Sanders llegase tan lejos.

¿Por qué? Porque, dentro del espectro político de Estados Unidos, Sanders es considerado demasiado a la izquierda, en gran parte por autodenominarse socialista. Pero esto resultó jugar a su favor. Dentro de los menores de 25 años, que sólo conocen una economía de salario mínimo, contratos laborales excesivamente flexibles, tasas exorbitantes en los préstamos bancarios para ir a la universidad y que ven cómo la desigualdad aumenta a niveles que sólo se observaban en tiempos del absolutismo francés (Nexos, en español), Sanders consiguió su mayor base de apoyo (BBC, en español). En algunas votaciones, por ejemplo, llegó a vencer a Clinton por más de 60 puntos en el rango de votantes menores de 25. El problema: los jóvenes son de los votantes menos frecuentes y menos confiables, lo cual hace difícil su victoria (The New York Times, en inglés).

Aun así, y gente del equipo de Sanders lo ha dicho en varias ocasiones, su campaña no está diseñada para ganar. Está diseñada para poner en la mesa varios mensajes que la élite política estadunidense ha ignorado por completo: el crecimiento sin límites de las casas de bolsa —identificado con Wall Street—, la pésima redistribución del ingreso, lo bajo del salario mínimo, lo caro que es matricularse y mantenerse en la universidad, el cambio climático y muchas otras más. (Aquí se puede consultar su plataforma, en inglés.) Lo importante para Sanders no es la victoria, sino que se escuche su mensaje. Y lo ha conseguido. En el discurso de Hillary Clinton después de su victoria en Super Tuesday, muchos analistas la acusaron de “haberse robado” el discurso de Sanders: al dar por hecho que su victoria la llevará a la elección general —lo cual es casi seguro—, Clinton empezó a acercarse a los votantes de Sanders. Por ello habló de redistribución de ingreso, entre otras cosas. (Aquí el discurso, en inglés, en el sitio de Vox.)

Hillary Clinton, por su parte, es una candidata de centro-derecha, aunque, una vez más, tomando en cuenta el espectro político de Estados Unidos, es vista como la más centrista de izquierda. Fue primera dama durante ocho años, senadora por Nueva York y secretaria de Estado. En ese sentido, y el problema mayor que tiene, es que en una elección en la que los extremos han tomado fuerza –Sanders del lado demócrata y Trump, de quien hablaremos más adelante, del republicano–, su mayor debilidad es ser vista como candidata del establishment. No es para menos, antes de que Jeb Bush suspendiera su campaña, existía una gran posibilidad de que el gobierno de Estados Unidos estuviera en manos de un Bush o un Clinton por sexta vez en ocho elecciones. La plataforma de Clinton (en inglés) es mucho más moderada que la de Sanders y eso también es una crítica importante: Clinton estuvo a favor de la Guerra de Irak cuando fue senadora, y ha sido cercana a varios de los grandes bancos, al grado de que ha recibido millones de dólares por dar discursos a compañías como Goldman Sachs (CNN, en español).

La nominación del lado demócrata está casi decidida. Sólo un milagro podría dar a Sanders el triunfo. Aunque muchos argumentaran que el simple hecho de hacer que se discutieran temas importantes en la campaña fue una victoria. Lo más probable, según palabras de Clinton, es que Sanders se incorpore a su gabinete en caso de ser elegida presidente.

Los republicanos

He aquí la gran incógnita de lo que sucede en Estados Unidos. ¿Cómo es que Donald Trump y Ted Cruz ocupan los primeros lugares para la nominación republicana?

Empecemos por lo básico: los republicanos iniciaron la precampaña con 17 aspirantes. Nunca en la historia de algún partido estadunidense había habido tantos (Time, en inglés). Tantos, incluso, que las cadenas televisivas tuvieron que hacer dos niveles de debate según encuestas: el primero para los candidatos que iban más abajo y el segundo para los punteros.

Los 17 candidatos eran: George Pataki, exgobernador de Nueva York; Lindsay Graham, senador de Carolina del Sur; Bobby Jindal, exgobernador de Luisiana; Scott Walker, gobernador de Wisconsin; Rick Perry, exgobernador de Texas; Jim Gilmore, exgobernador de Virginia; Rick Santorum, exsenador de Pennsylvania; Mike Huckabee, exgobernador de Arkansas; Rand Paul, senador de Kentucky; Carly Fiorina, expresidente de Hewlett-Packard; Chris Christie, gobernador de Nueva Jersey; Jeb Bush, exgobernador de Florida; Ben Carson, neurocirujano; John Kasich, gobernador de Ohio; Marco Rubio, senador de Florida; Ted Cruz, senador de Texas y Donald Trump, presidente de la compañía Trump.

Los debates entre 17 candidatos, diría el sentido común, son caóticos. Y así fue. No ha ayudado al hecho de que, al día de hoy, van más de 10, y continuarán mientras el Partido republicano lo considere necesario. Muchos candidatos fueron dándose de baja antes de que iniciaran las votaciones, y al día de hoy quedan cinco: Trump, Cruz, Rubio, Carson y Kasich. De ellos, Kasich es el más moderado —dentro de los estándares republicanos— al grado de que The New York Times (en inglés), lo considera el menos malo de los aspirantes republicanos, a diferencia de Clinton, a quien apoyó abiertamente a través de un endorsement.

Sin embargo, Kasich no tiene ninguna oportunidad de ganar, al grado de que el establishment republicano le ha pedido que abandone la carrera porque sólo está dividiendo votos (Buzzfeed, inglés). El principal problema, en particular después de Super Tuesday, es ése: los republicanos siguen divididos, y un magnate, estrella de televisión, color zanahoria a causa de bronceados falsos, es quien se perfila para ser su candidato. ¿Por qué?

En un inicio se decía que las campañas de Trump y Sanders eran paralelas. Ambos son candidatos que se salen del espectro partidista: Sanders por sus propuestas “radicales” en términos de la política estadunidense  y Trump por representar lo peor de esos “valores”: sus votantes son aquellos que no quieren un país multicultural, que están en contra de la pluralidad de religiones, y que lo que quieren, primordialmente, es que se lleve a cabo su versión de seguridad y justicia. No por nada, y esta gráfica sirve para ponerle los pelos de punta a más de uno, algunos encuestadores han encontrado cierta correlación en los “valores” de los estadunidenses pro-Trump: el autoritarismo es la base (Vox, en inglés). Trump no es sólo el candidato de los estadunidenses de menor educación, de los más religiosos, de los más pro-armas de todo el país, es un candidato que tiene apoyo en todos los estratos demográficos. El candidato que al principio parecía resultar el más extremista, es uno que resuena en todos los grupos. La BBC (en español), por ejemplo, encontró a uno de varios latinos que votará por él.

Al inicio Trump parecía un juego. Los medios lo cubrían como un chiste. The Huffington Post, por ejemplo, anunció (en inglés) que si lo cubría sería con reporteros de entretenimiento, no políticos (ya reculó, tras ver que Trump no era tal). Sus mentiras eran tan grandes —en algún momento dijo que la cifra de desempleo en Estados Unidos se acercaba al 50%, cuando en realidad oscila cerca del 5%— que nadie sabía cómo responder. ¿Qué hacer cuando un candidato al puesto más importante del mundo miente de manera descarada? ¿Es válido tomar partido o exponerlo como tal? Nunca nadie supo cómo enfrentarlo, hasta ahora que parece demasiado tarde. (Tampoco sirve que a sus votantes les importe poco o nada que lo que dice es mentira; ver este reportaje de The Atlantic, en inglés, para entender mejor quiénes son.) Uno de tantos problemas es que Trump ahora parece invencible. Al momento de escribir esto, quedan 14 días (Vox, en inglés) para la siguiente ronda de votaciones, y aunque los números no están decididos, mientras haya cinco candidatos, el voto del establishment republicano seguirá dividiéndose.

Pero ahí no acaba el asunto. Supongamos que Trump se cae en las encuestas y en los votos y que segundo o tercer lugar lo rebasan. ¿Cuáles son las alternativas?

Un analista estadunidense con el que hablé el año pasado, me dijo lo siguiente: el peligro no es Trump, es Marco Rubio. (Esto me lo dijo antes de que Ted Cruz apareciera, como opción, en el panorama. Yo agregaría que Cruz es igual de peligroso.)

Aunque la postura de Trump sea extrema —su principal punto de venta es decir que Estados Unidos “volverá a ganar”— y diga cosas cada vez peores con tal de exprimir lo más posible su cobertura mediática (aquí un fragmento en inglés de su biografía The Art of the Deal, de mediados de los ochenta, en la que explica muy bien su aliciente), la realidad es que Trump es un negociador. Basta con leer su discurso de anoche (Time, en inglés) para darse cuenta que ya está afinando su retórica: se está presentando como un candidato dispuesto a ser fuerte y hacer que los demás se doblen, pero también dispuesto a negociar en caso de ser necesario.

Pero, por otro lado, nunca hay que descartar su irracionalidad/egocentrismo. Varios recuerdan —entre ellos sobrevivientes del Holocausto (The Washington Post, inglés)— que así comenzó la Alemania Nazi. Es tan poca la certidumbre que se tiene sobre qué es realmente lo que cree Trump que tenemos dos posibilidades que parten de un mismo origen: un candidato dispuesto a lo imposible con tal de que la gente siga hablando de él, lo siga consumiendo como producto y siga engordando su popularidad. Las consecuencias pueden ser alguien como Vicente Fox, que quedó en mucho discurso y cero acción, o, lo más temible –aquello que dicen los sobrevivientes del Holocausto– un populista que ceda ante las peticiones más extremas. (Respecto a esto, un fragmento de la primera nota de The New York Times sobre Adolf Hitler, en 1922, es interesante.)

Marco Rubio es senador por el estado de Florida. Hijo de cubanos que huyeron del régimen de Fulgencio Batista —tergiversó la historia y dijo que habían huido de Castro—, Rubio es un político de cepa que hará lo que sea con tal de ser elegido. ¿Quién es en realidad? Difícil saberlo. En el momento que peor le ha ido en la campaña —en un debate de hace un par de semanas—, cuando no supo qué responder, repitió como robot la misma frase una y otra vez (The Guardian, inglés). Tampoco ayuda que sus asesores más cercanos digan que entra en pánico cuando las cosas se complican (Buzzfeed, inglés). Es anti-aborto hasta en casos en los que peligra la vida de la madre, anti-matrimonio gay y anti-inmigración (aquí su plataforma, en inglés).

Pero nada de eso se compara con Ted Cruz. Cruz, también hijo de padre cubano, nacido en Canadá, es el conservadurismo estadunidense llevado al extremo. Por poner un ejemplo: quiere abolir el IRS, el equivalente del SAT. Quiere investigar a Planned Parenthood, una de las pocas ONGs que realizan abortos legales en Estados Unidos. Quiere regresar a la interpretación literal de la Constitución que hicieron los fundadores de Estados Unidos hace casi 240 años. Ah, y quiere desaparecer el Medio Oriente a través de “carpet bombing”, concepto que no parece entender (Politifact, en inglés). Aquí la lista entera de lo que propone (en inglés).

El problema, entonces, es más grande: los tres principales candidatos republicanos son de temer.

La elección general (y una conclusión después de que usted llegó tan lejos en el texto)

La elección general es un misterio. Si siguen las tendencias, lo más probable es que sean Clinton y Trump los candidatos. Las encuestas dicen que si se enfrentaran, Clinton vencería a Trump por cerca de seis puntos (The Huffington Post, inglés). Pero hay varios factores a considerar:

1. Muchos votantes todavía no deciden por quién irán en la elección general. (Reuters calcula un 11% de indecisos hasta hoy.)

2. Muchos de quienes apoyan a Trump son aquellos que no votan (The New Yorker, inglés). Pero, en las últimas semanas ha disminuido el abstencionismo republicano, mientras que ha aumentado el demócrata. Más republicanos están yendo a votar por Trump conforme avanza la campaña, una tendencia que hay que tomar en cuenta (NPR, inglés).

3. No se sabe qué hará el propio partido republicano. Algunas fuentes han dicho que le darán la espalda a Trump con tal de no perder a la base. (The New York Times, inglés.)

4. Y, por último, Estados Unidos es un sistema indirecto. La gran pelea será en estados, no a nivel nacional. Recordemos, por ejemplo, que Al Gore obtuvo más votos que George Bush en 2000, pero igual perdió por cómo se divide el colegio electoral. (Aquí una explicación de qué es, en inglés.)

Si usted, querido lector, se saltó todo el texto para llegar aquí, resumo: Trump contra Hillary, con cierto grado de temor, pero no pánico todavía. En caso de que quede algún otro republicano, el nivel de miedo que hay que tener es similar o mayor. En 15 días, probablemente, sabremos quiénes serán los dos candidatos a la presidencia estadunidense, en una elección cuyo resultado es cada vez más incierto.

 

Esteban Illades

Periodista. Su libro La noche más triste, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa fue publicado por Grijalbo el año pasado.

 

9 comentarios en “¿Qué sucede en Estados Unidos?

    • obvio y sencillo no hay que descubrir el hilo negro, trump ganara sin duda, los anglosajones son extremistas y las declaraciones de trump ,son eso y ese extremismo le endulza el oido a los anglosajones ,su oferta de repatriar a los inmigrantes ha funcionado y es natural a pesar que no comparto su ideologia, ni sus metodos y mucho menos la repatricion de los inmigrantes, es natural que ya se vieron rebasados x tanta invacion de inmigrantes, aunque muchos diran que los necesita y es evidente que si ,los inmigrantes son necesarios pero no indispensables y mas con la tecnologia robotica, que ha crecido tanto, aun asi quien?? quiere tener en casa gente extraña, yo solo le pregunto a usted, usted dejaria entrar a su casa, gente extraña que poco a poco se va adueñando de esta misma, eso esta pasando en los estados unidos y a eso le temen x eso la aceptacion de la propuesta de trump, nos guste o no siempre se culpa a los gringos de racistas y de no incluyentes, pero cuando cuestionamos a nuestros gobernantes x que en lugar de criticar a trump o a cualquiera ,no criticamos y cuestionamos a los politicos mexicanos o de cualquier pais que han hundido nuestra economia y a nuestra patria, a tal grado que obligan ala gente a emigrar a otros paises, con cultura distinta, idioma distinto y exponerlos muchas veces a la muerte ,del 100% yo considero que los gobernantes tienen la culpa en un 80 % revisemos e informemonos, que han echo nuestros gobernantes ,cuantos han prometido mucho y echo nada y dicen frases tan trilladas como mas y mejores empleos, otra x que el petroleo es de todos los mexicanos y chingaderas mas como esas, mexico esta hundido no x los estadounidenses esta hundido x los putos politicos mexicanos, que aceptan sus dadivas y aceptan la corrupcion gringa, que existen en este pais. me alarge perdon lo dejo a consideracion de todos ustedes un abrazo y saludos.

      • Si los cubanos achicharrados de la Calle 8 en Miami destruyeron a Cuba y después han destruido a Miami, que se puede esperar de este acomplejado Marco Rubio, que es un recalcitrante derechista, que si llegara al poder destruiría también a la USA. Sé que no va a llegar, pero solo porque son de Miami en la Cámara está enchufada Liana Ross -que nunca ha introducido legislación importante-, y este Rubio, quien ha cometido fraude con tarjetas de crédito y con los informes que ha rendido como candidato. Por lo menos el “esloquilla’o” Trump dice lo que piensa. Pero los peores candidatos son Ted Cruz y Marco Rubio, ambos cubanos, por casualidad

      • Coincido en la mayoría de sus comentarios. Sólo recordarle que los Estados Unidos fue fundado por “Gente extraña” como usted dice.

  1. ¿Qué tiene de malo que se investigue a planned parenthood?, hay indicios de que lucra de manera ilegal y hasta inhumana con miembros y tejidos de bebés abortados