El fracaso sostenido de las políticas de drogas basadas en el prohibicionismo explica por qué en los últimos años diversos países han transitado desde un enfoque punitivo hacia nuevos modelos centrados en la despenalización del consumo de marihuana, la regulación del mercado y otras estrategias encaminadas a reducir los daños que pueden derivarse del empleo de esta y otras drogas. La posibilidad de que México opte también por la despenalización del consumo de marihuana y la regulación de su uso medicinal ha sido motivo de debate, y es comprensible y válido que ante un tema de esta envergadura surjan voces que sostienen posturas contrarias. Sin embargo, los argumentos que se utilizan, tanto en contra como a favor, son muchas veces sesgados y carentes de sustento científico.

No es raro encontrar textos que sostienen que el uso de marihuana es causa de un número importante de padecimientos: cáncer, depresión, esquizofrenia, problemas en la fertilidad, entre otros. Lamentablemente, estas afirmaciones se basan muchas veces en supuestos y no en hechos probados a través de una metodología científica. Por ejemplo, se ha dicho que el empleo de marihuana puede conducir a una alteración en la actividad del sistema inmune, el cual está encargado de proteger al organismo de agentes infecciosos. El problema es que estas aseveraciones derivan de los resultados de experimentos realizados en ratones y en otros animales y no existe evidencia de que el empleo de marihuana ocasione fallas en el funcionamiento del sistema inmune de los seres humanos.

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Realizar afirmaciones carentes de un fundamento científico que les dé validez no sólo es éticamente cuestionable, ya que difunde al público información que es incierta. También puede resultar perjudicial, suponiendo que el propósito final de estos mensajes es convencer a la población de que no emplee esta sustancia. Quizá en un pasado fue posible satanizar mediante datos, no necesariamente reales, las conductas sociales consideradas como riesgosas, pero en la actualidad los ciudadanos tienen acceso a un sin fin de fuentes de información, de manera que transmitir un mensaje sesgado no parece ser un estrategia válida. Los sujetos fácilmente pueden desechar o cuestionar estas afirmaciones e incluso se corre el riesgo de trivializar aquellas consecuencias negativas que sí se relacionan con el consumo. Es preferible dar a conocer, a través de cifras objetivas, la frecuencia con la cual la marihuana se consume en el país, los riesgos que conlleva el uso de esta sustancia, los costos individuales y sociales derivados de su empleo, y sobre todo qué grupos de la población son más susceptibles a cursar con una complicación debido al consumo de marihuana.

En el contexto internacional México en realidad es un país con bajo consumo de drogas, aunque éste se ha incrementado en el curso de los últimos años. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Adicciones de 2002, 0.6% de los sujetos entre 12 y 65 años había probado la marihuana al menos alguna vez en la vida, porcentaje que ascendió a 1.2% para 2011. Como ocurre en el caso de otras drogas, legales o ilegales, la frecuencia de uso es mayor entre sujetos del sexo masculino. Dependiendo de la edad y del lugar de residencia existen de cuatro a 10 hombres que emplean marihuana por cada mujer. Actualmente, el mayor porcentaje de usuarios corresponde a los hombres adultos de 18 a 34 años que habitan en las áreas urbanas (3.8%). 

El consumo de marihuana puede darse en distintos contextos: recreativo, medicinal y religioso. También puede hablarse del consumo experimental, que se presenta cuando un usuario ha estado expuesto a la sustancia en menos de cinco ocasiones, lo cual en nuestro país corresponde a cerca de 80% de los sujetos que han usado drogas ilegales. Es decir, la mayor parte de los consumidores de marihuana en México son adultos, lo hacen con un propósito experimental y existe un bajo porcentaje de usuarios regulares. De estos individuos que consumen marihuana sólo algunos desarrollarán una complicación, pues la marihuana, como cualquier otra droga, puede tener efectos nocivos sobre la salud.

Una fuente confiable para establecer si el empleo de marihuana constituye un factor asociado a mayor mortalidad y a enfermedades es el estudio de la carga global de enfermedad de la Organización Mundial de la Salud. De acuerdo con los resultados de esta investigación el consumo de marihuana no se relaciona con una mayor mortalidad o con una pérdida significativa de años de vida debido a discapacidad. La OMS considera que el principal riesgo para discapacidad y mortalidad prematura en la población de 15 a 49 años es el consumo de alcohol, seguido del tabaquismo. A nivel mundial el alcohol es responsable de 2.5 millones de muertes cada año y en nuestro país se relaciona con las primeras causas de mortalidad.

Es interesante conocer qué costos tiene el consumo de marihuana comparado con el de otras drogas. Un grupo de expertos en Gran Bretaña desarrolló una metodología que les permitió estimar el impacto causado por el mal uso de las drogas, considerando los daños que el consumo de las sustancias provoca a nivel individual y social. De acuerdo con los resultados de esta evaluación el alcohol fue calificado como la sustancia más dañina. Dentro de las 20 sustancias incluidas en el análisis, la marihuana se ubicó en un octavo lugar.

El desarrollo de una adicción es uno de los efectos negativos que pueden presentarse tras el consumo de una droga. Hay sustancias más adictivas que otras. Por ejemplo, 59% de los sujetos que reportan haber usado heroína son adictos, 15% de los consumidores de cocaína, y sólo 10% de quienes consumen marihuana tienen una adicción. No todas las drogas adictivas y con un amplio uso en la población son ilegales. 71.3% de los mexicanos entre 13 y 65 años ha consumido alcohol en algún momento de la vida y aproximadamente 7% son alcohólicos.

De acuerdo con estos datos el consumo de alcohol o de tabaco resulta más perjudicial, tanto para el individuo como para la sociedad, lo cual deja de manifiesto que la legalidad o ilegalidad de una sustancia no se basa ni en su potencial adictivo ni en los costos sociales e individuales. Esto no implica que el consumir marihuana sea inocuo, simplemente indica que el costo que tiene a nivel de la salud de la población es considerablemente bajo.

Además del desarrollo de una adicción existen otras complicaciones que algunos de los usuarios de marihuana podrían presentar.

En ciertas personas vulnerables el consumo intenso de marihuana incrementa cerca de dos veces la probabilidad de que el sujeto curse con enfermedades psiquiátricas, específicamente con trastornos psicóticos o con síntomas depresivos.

La intoxicación con marihuana se acompaña de fallas en algunas de las funciones mentales, como la atención, el tiempo de respuesta y la memoria. La gran mayoría de los estudios indican que en los adultos que emplean marihuana de forma regular estas alteraciones cognitivas son reversibles un mes después de suspender el consumo. Ya que la intoxicación con marihuana produce fallas en la atención y en el tiempo de respuesta manejar un vehículo bajo los efectos de esta sustancia duplica el riesgo de un accidente automovilístico fatal (efecto importante pero poco significativo si se compara con el incremento de tres a 36 veces en el mismo riesgo si se conduce en estado de ebriedad).

Otra consecuencia para la salud que es aún controversial es un discreto incremento el riesgo de algunos cánceres (pulmón, testículo) en aquellos sujetos que consumen marihuana de manera regular y durante largos periodos. El consumo intenso de marihuana como una causa de alteraciones significativas en la fertilidad y como un factor de riesgo para la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), frecuente en los fumadores de tabaco, no ha logrado probarse.

Podemos decir que los desenlaces adversos relacionados con el consumo de marihuana dependerán de la suma de muchos factores, entre los que se encuentran las características del individuo (por ejemplo, la edad, carga genética y el estado de salud), la frecuencia e intensidad de su uso y el contexto en que se emplee la sustancia. Así algunos sujetos desarrollarán “un consumo problemático de marihuana”, debido a que el empleo de la droga ha derivado en una adicción, en alguna otra consecuencia negativa en el funcionamiento o en la salud del individuo o de un tercero, o bien porque la exposición a marihuana implica un alto riesgo de complicaciones en el futuro (como en el caso de las mujeres que fuman marihuana durante el embarazo).

Pero habrá un grupo de usuarios de marihuana, dentro del cual puede situarse a la mayoría de los consumidores, que no podrán ser considerados como problemáticos; aquellos mayores de edad en los que ni la cantidad utilizada de marihuana, el contexto en el que se emplea, o la sumatoria de las vulnerabilidades individuales han sido causa de repercusiones en el funcionamiento del individuo, ni han puesto en un riesgo significativo al sujeto o a terceros.

Con la evidencia actual podemos afirmar que uno de los factores que aumenta el riesgo de complicaciones debido al consumo de marihuana es el empleo de esta droga antes de los 18 años. Un adolescente que emplea marihuana tiene más probabilidad de deprimirse que un adulto consumidor. Por otra parte, los sujetos que consumen marihuana durante la adolescencia tendrán un mayor riesgo para el desarrollo de psicosis comparado con el riesgo que se presenta cuando el sujeto empieza a emplear esta droga cuando ya es mayor de edad. En el caso de los adolescentes las fallas en la atención y en otras funciones mentales, como el razonamiento, asociadas con el uso regular de marihuana, persisten por más tiempo y la dependencia a marihuana o el consumo cuatro o más veces a la semana por parte de los menores de edad podría traducirse en alteraciones en las funciones mentales, e incluso en una disminución del coeficiente intelectual, alteraciones que persisten en la etapa adulta.

El consumo de marihuana durante la adolescencia también incrementa el riesgo de que una persona desarrolle adicción, pues 17% de los adolescentes que consumen la sustancia serán dependientes, contra 9% a 10% de los consumidores en otras etapas de la vida.

Si bien podemos decir que el número de consumidores de marihuana en México es bajo, el porcentaje de estudiantes de la ciudad de México que refieren haber consumido marihuana se ha incrementado de 8.8% en 2008 a 15.9% en 2012, tendencia que debería ser motivo de atención.

Ante un panorama de esta naturaleza cabe cuestionarse si en lugar de optar por una postura prohibicionista, que sanciona todo consumo y que no distingue entre los consumidores problemáticos y no problemáticos, sería preferible favorecer aquellas políticas han logrado disminuir el consumo de marihuana entre los jóvenes, que son particularmente vulnerables a cursar con problemas derivados del empleo de marihuana.

Un ejemplo de este tipo de enfoque es el adoptado por Holanda, país en el cual el empleo de esta droga entre los estudiantes ha descendido en forma permanente desde 1996. También vale la pena analizar las medidas que permitieron una reducción del consumo de tabaco y alcohol en los adolescentes de Estados Unidos, las cuales en lugar de enfocarse en la prohibición del consumo reforzaron estrategias como endurecer las sanciones debido a la venta a menores de edad, la difusión de información clara y real acerca de los riesgos de consumir tabaco y la restricción de su empleo en lugares cerrados.

Quizá ya sea tiempo de que México también inicie una transición, desde una política prohibicionista hacia otra que tenga por objetivo la disminución de la demanda y la reducción de daños, a través de estrategias de prevención y de intervenciones que logren retrasar la edad de inicio del consumo de marihuana, dar tratamiento oportuno a los sujetos con una adicción y limitar las conductas de riesgo, como el manejo de vehículos bajo estado de intoxicación, junto con la difusión de información basada en la evidencia y orientada hacia los grupos más vulnerables a los efectos nocivos del consumo de marihuana.

 

Dení Álvarez Icaza González
Psiquiatra. Es investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz”.

 

3 comentarios en “Menos grave que el alcohol

  1. Podemos demostrar, aceptar y creer que la marihuana es menos nociva que el alcohol: pero en cuanto al daño psicológico y la destruccion de la personalidad avanza mucho más rápido. Se necesitan más años de consumo de alcohol para volverse teporocho: los cambios mentales provocados por la mariguana son más fuertes que los que produce el consumo social del alcohol.

    • Juan José, sería interesante conocer los estudios que demuestran quelos daños psicológicos que ocasiona la mariguana son mayores que los del alcohol. ¿quienes hicieron el estudio? ¿cómo llegaron a esta conclusiones?