La democracia mexicana podría tramitar ya su credencial de elector. Ya no puede hablarse de ella como una democracia niña. No es quinceañera, ya cumplió la mayoría de edad. Por supuesto, no es claro el día de la concepción (y a pocos importaría fecharla) pero sí el día de su nacimiento: 6 de julio de 1997. Es cierto que la gran fiesta se celebró tres años después, con la derrota del PRI y la victoria de Fox, en la elección presidencial. Pero el pluralismo se constituyó en el verano del 97 porque fue entonces cuando estableció sus contrapesos, cuando se alojó en el centro de las instituciones y terminó con el presidencialismo hegemónico. Esa elección rompió el cordón autoritario. Aquella presidencia, se sabe bien, controlaba todas las riendas del poder: la representación y el arbitraje, el resorte de las ambiciones y el látigo de las amenazas. Perdiendo el control del Congreso dejó de ser el amo para convertirse en un poder entre poderes.

La incertidumbre que se asocia al juego democrático aparecía bajo la luz del optimismo. El país se conducía claramente a la modernidad. La activación de la competencia habría de desencadenar una serie de efectos virtuosos. El Congreso actuaría como un foro de razones y un vigilante eficaz del gobierno. Se refundaría el federalismo para darle a la política local representación auténtica. Liberados de la amenaza gubernamental los medios se profesionalizarían para retratar la realidad y cuestionar al poder. La corrupción sería ejemplarmente castigada e iría arrinconándose bajo una atmósfera de exigencias. No sospechábamos un descenso en la barbarie, una tergiversación de los mecanismos de competencia, el vaciamiento de la democracia. A 18 años de la implantación institucional del pluralismo podemos decir que las funciones elementales de la democracia se han pervertido. Los partidos se mimetizan, los órganos de control se pervierten. Los medios se someten, callan, aceptan la verdad oficial. La ley es burlada. Y somos hoy más vulnerables que nunca a la trampa y al crimen.

04-vaciamiento

 

En los retratos de Francis Bacon el cuerpo se descompone hasta hacerse irreconocible. La piel de sus personajes no envuelve. La carne pierde firmeza y se escurre. El color disuelve el rostro; el fondo de la tela se cuela en la epidermis. Los músculos se contorsionan y se distorsionan. Desaparecen las tensiones musculares que sostienen la expresión. El cuerpo se tuerce: invadido y desparramado, resulta indiscernible de las cosas y las bestias. ¿Ese hombre sentado es un Papa o es un alarido? ¿Esa boca es humana o de monstruo? En sus trípticos las imágenes son igualmente elusivas: las caras y las piernas se borran en el óleo.

Este arte de la desfiguración podría ser una pista para ver la deformidad de nuestra política. Un régimen cuyas formas son cada vez menos reconocibles como democráticas. Una democracia sin tono, flácida y deforme. Cada uno de los huesos que la sostiene se ha ido carcomiendo. Poco a poco las piezas del equilibrio se han distorsionado a tal punto que se confunden en un mismo interés. Un pluralismo lastimado. Eso era retratar para Bacon: lastimar. Herir con el pincel a otro. Trastocar la imagen al punto de agredirla. Por eso le resultaba tan difícil trabajar frente a sus modelos. Fascinado por la figura humana, el pintor necesitaba distancia. Se apoyaba en fotos, postales, libros, no en personas que posaran en su estudio durante horas. No me gustaría que notaran cómo los hiero, dijo alguna vez. Prefiero practicar el maltrato a solas. Brochazos que son asaltos. Arte que es embestida al cuerpo.

¿No ha sido eso nuestra política en los últimos años? Una política que arremete contra sus fundamentos: los principios del equilibrio y el sentido de la representación, la canalización del conflicto y la procuración del interés común, el mando de la ley. Una política que ha perdido las tensiones vitales de la democracia; un pluralismo sin tono.

 

Se nos cuenta que el siglo XXI llega de la mano del reformismo. Cambiar para alcanzar el presente. Se nos dice que, gracias a una serie de cambios ambiciosos, soltamos las ataduras del siglo XX para establecernos finalmente en el tiempo del mundo. Que el país se mueve y se proyecta al futuro. Tal vez la historia que se escribe en estos días no es la batalla entre el siglo XXI y el XX, sino es, en realidad, un nuevo capítulo del siglo XIX. La prolongación de la batalla por el Estado.

El cuento del reformismo ve la violencia como una distracción en su empeño de modernidad. El crimen es un hecho fastidioso que desvía la atención de lo que importa. La violencia que padecemos, la corrupción que se expande, la precariedad del orden público no son un simple disgusto en esa epopeya triunfal. La carencia de legalidad nos instala en el tiempo preestatal del crimen rutinario y la violencia despiadada. La carencia de ley hace de la corrupción norma, régimen. La violencia es la señal bárbara del gran pendiente de nuestra historia: la legalidad. La falta de un sistema de derecho ya no es solamente el caldo propicio para la corrupción y la arbitrariedad como quizá lo era en tiempos del partido hegemónico. La falta de ley nos ha lanzado a nuestra prehistoria y nos convierte en bárbaros dedicados a la crueldad, náufragos a la intemperie de la violencia. En los últimos lustros hemos contemplado el atroz retorno del siglo XIX.

El país ha retrocedido en su lento proceso civilizatorio. México es hoy más inhóspito, más bárbaro, más cruel, de lo que era hace 20 años. Tras 10 años de guerra quedan miles de huérfanos, de viudas, de desplazados. El duelo se ha convertido en experiencia cotidiana. Desde aquel año de 1994 se habla de la política mexicana en clave trágica. ¿Quién escribe este libreto macabro de torturas, cremaciones, desmembramientos, desolladeros y entierros clandestinos? Durante años hemos sido bombardeados por imágenes de la barbarie. El resultado de esa trivialización del salvajismo ha sido insensibilizar al país, habituarlo a la brutalidad, sedar su indignación. Confesiones de niños que matan, fotografías de cuerpos que cuelgan en los puentes. Estampas del horror vistas ya con desdén, relatos de inhumanidad escuchados con hartazgo.

Corrupción y violencia se trenzan en el México que inicia el siglo XXI. Abultado listado de tragedias y escándalos en tan sólo tres lustros: migrantes cazados y exterminados, niños asfixiados, bombas en la plaza pública, reiteradas muestras de brutalidad policiaca, exhibición cotidiana de la crueldad, corrupción que ofende y mata. Mientras la clase política se empeña en su discurso de modernidad, el país ha vivido una profunda reversión histórica: un retroceso en el proceso de civilización. Eso, una transición a la barbarie. Mientras más se nos habla de progresos, de reformas para poner a México al día, más ostentoso es nuestro medievalismo. ¿Puede negarse que México es hoy un país más inhóspito, más cruel, más salvaje de lo que era a principios del siglo? Y no es solamente que los poderosos delincuentes de los cárteles hayan podido resistir el embate gubernamental, es que sus crímenes se han convertido en ejemplo, pedagogía. Cuando la impunidad es la lección pública más constante, la violencia se convierte en atajo para resolver cualquier diferencia. A la violencia del crimen organizado hay que agregar ahora una violencia atomizada.

Es elocuente que el gobierno federal haya descrito sus reformas como la determinación de recuperar la rectoría estatal. Se trata de un reconocimiento de su debilidad o, más precisamente, de su secuestro. Se trata de la gangrena del corporativismo. Si ese pacto entre el Estado y las corporaciones le dio cuerpo al Estado mexicano después de la Revolución, en las últimas décadas lo deshizo. Pensemos en el sindicato más poderoso del país. El corporativismo magisterial rehizo el vínculo entre la representación sindical y el Estado y, al redefinir esa conexión, diluyó el sentido mismo del poder público. Las concesiones gremiales dieron paso a la cesión de las atribuciones esenciales del Estado. Más allá de los salarios y las vacaciones, el Estado, creyendo ganar la paz, entregó responsabilidades fundamentales. El corporativismo nació con la confianza de un Estado proveedor que garantiza el sustento y el bienestar. Terminó con el sometimiento de un Estado carcomido. El Estado, que alguna vez fue un instrumento de control de las organizaciones sociales, terminó siendo capturado por ellas. Sindicatos que definen la política pública; empresas que someten órganos reguladores. El pluralismo político no aniquiló al viejo corporativismo como prescribía el manual de la transición. Su víctima real fue el Estado, el poder público.

El Estado de la Revolución se definió como un Estado interventor, un agente activo de la vida económica. Más que un árbitro, una palanca de compensaciones. El Estado que lo reemplazó no resultó, como se prometía, una confiable instancia de regulación. Terminó siendo (el caso de la educación es ejemplar pero no único) un Estado secuestrado, Estado rehén. No es el Estado mínimo que algunos liberales deseaban, es el Estado corroído, el Estado capturado por las parcialidades, un Estado mordisqueado por todas partes. Ayer padecíamos a un pulpo asfixiante y abusivo. Un Estado invasivo y temible. El pulpo se ha convertido en una colonia de parásitos, un nido de termitas. Es un Estado invadido y risible; un tronco inerte y apolillado.

El dispositivo de representación se corrompió muy pronto. Ahí se concentró la atención del reformismo democrático. Las instituciones electorales cambiaron y alentaron la competencia. Los partidos por primera vez se colocaron en el centro de la vida política del país. Ahí han estado desde fines del siglo pasado, en el centro de la vida pública, pero han ocupado ese sitio más para coludirse que para competir. El régimen de partidos pervirtió el mecanismo de las tensiones. Si el reclamo de la transición fue terminar con la anomalía del partido de Estado, lo que emergió en la democracia fueron tres partidos de Estado. Tres partidos colgados de las ubres del poder. Clientelismo competitivo. Los tres gobiernos dedicados a pagar los favores de su formación. El pluralismo, en efecto, agregó a un par de partidos a la estructura estatal. No fue el fin del ogro filantrópico, fue la agregación de dos cabezas al monstruo. Al PRI como partido subsidiado por el Estado se le sumaron dos discípulos, el PAN y el PRD. Dos nuevos partidos de Estado que aprendieron fácilmente a emplear los recursos públicos para su causa. Lejos de activarse como vehículos de la sociedad civil y competir por el poder, ocuparon la posición de su rival histórico.

Así, la democracia mexicana cuenta ahora con tres agencias estatales: PRI, PAN y PRD. Es lo que los politólogos Richard Katz y Peter Mair llamaron hace algún tiempo la “cartelización de los partidos políticos”.1 Los partidos compiten, ganan y pierden elecciones, discuten en el Parlamento pero, debajo de la rivalidad, se coluden para cuidar sus ventajas y privilegios. Definen las reglas y se reparten los beneficios. Los cárteles hacen política para sí mismos. Partidos ricos, visibles y aislados. El contubernio de los partidos, sostienen Katz y Mair, va drenando el demos de la democracia.

El Pacto por México escenificó esta colusión. Los tres grandes partidos apostando por las mismas reformas. Los dos partidos de oposición renunciando a su deber de ejercer la crítica. El regreso del PRI trajo de vuelta la filosofía del consenso, esa vieja fuente de legitimidad autoritaria que asocia el patriotismo a la unidad. Las diferencias se borraron durante un par de años, las alarmas se desactivaron, los vigías se echaron a dormir. La impunidad encontró en el abrazo de la clase política un clima protector. La coalición reformista pronto apareció como una red de complicidades, como pacto de ocultamientos. Ese Congreso que en 1997 había refundado su independencia, volvió a la sumisión a fines de 2012. No condeno, por supuesto, los acuerdos que la legislatura alcanzó. Son los cambios legislativos más profundos que ha vivido el país en varias décadas. El problema es el costo que esas reformas tuvieron en el equilibrio de la precaria democracia mexicana.

A la cartelización de la política debe agregarse un golpe a las instancias de neutralidad. La Suprema Corte de Justicia había ganado un lugar valiosísimo en el espacio público. En el nuevo pluralismo se elevó como autoridad entre las parcialidades. Un árbitro respetable que ha mostrado su independencia en años recientes. La Corte aparece, nuevamente, como una institución amenazada. Lo parece porque la presidencia ha logrado apartarse del criterio de respetabilidad y competencia técnica que había orientado los nombramientos de los jueces del tribunal supremo. Peña Nieto se apartó de esa norma implícita para insertar a un fiel que no puede ser (como ya se ha demostrado) un buen cuidador de la Constitución. No es un error menor, es un atentado a los contrapesos esenciales del pluralismo. Usar a las instituciones públicas (así pertenezcan al propio Poder Ejecutivo) para absolver al presidente y a sus favoritos sin una indagación seria sobre su conflicto de interés es, igualmente, un maltrato preocupante. Lecciones desde el Palacio: si las instituciones públicas pueden usarse para beneficio del titular del poder público, deben usarse así. Un patrimonialismo orgulloso de su legalidad.

Se sienten aires de restauración en el solemne discurso de la unidad, en esos consensos que debilitan los contrapesos, en la ofensa a las instituciones de la imparcialidad, en la desvergüenza de la corrupción. También en el ámbito de la crítica. Los medios se alinean nuevamente al dictado oficial. Valdría comparar las primeras planas de hoy, con las de hace seis o 12 años. La severidad con la que la prensa trataba a los gobiernos panistas contrasta con la complacencia de estos días. Por supuesto, hay una extraordinaria diversidad en los medios mexicanos y en varios espacios puede apreciarse una estimulante vitalidad. Pero el paisaje se ha encogido. Las plataformas de la crítica se han reducido y es perceptible un vuelco al oficialismo. Volvemos a encontrar en la prensa extranjera las revelaciones que la prensa mexicana no se atreve a hacer.

 

La imaginación autoritaria se expande en el mundo. El populismo le ha dado energía, causa, épica a la política. Los autoritarismos electivos se asientan y se perpetúan en el poder mientras las democracias aparecen torpes, apartadas e ineptas. El desprestigio de los cauces liberales alienta la ruptura. Hay por todas partes ánimo de barrer con la clase política y, si es necesario, con las instituciones del equilibrio. La democracia mexicana llega hueca a su mayoría de edad. Carece de equilibrios, no ha fundado calma en la ley ni energía en el conflicto. Ha descuidado a sus cuidadores, ha envenenado con una pedagogía de violencia y trampa a sus ciudadanos. No tiene ojos para ver lo que sucede ni boca para debatir lo que significa.

 

Jesús Silva-Herzog Márquez
Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey. Entre sus libros: La idiotez de lo perfecto y Andar y ver.


1 Richard Katz y Peter Mair, “Changing models of party organization and party democracy: The emergence of the cartel party”, Party Politics 1995.

 

23 comentarios en “El vaciamiento democrático

  1. EXCELENTE ANALISIS SOBRE EL TIPO DE DEMOCRACIA QUE A JALON Y TIRON FUERON CONSTRUYENDO QUIENES CONCERTACESIONARON DESDE 1997 EN ADELANTE REALIZANDO PACTOS EN LO OBSCURITO O ABIERTAMENTE COMO EL 2012, EL PACTO POR MEXICO, EN LOS QUE EL MAL MENOR FUERON LAS REFORMAS QUE AUN NO SE APLICAN Y QUE VAYAMOS A SABER EL ENGENDRO QUE PRODUZCAN…..PERO EN LOS QUE, BIEN SEÑALA, DRENARON EL DEMOS DE LA DEMOCRACIA, PARA TOMAR A LA SOCIEDAD CIVIL COMO REHEN QUE NO TIENE PARA DONDE HACERSE ANTE CANDIDATOS Y PARTIDOS QUE NO LA REPRESENTAN EN NINGUN SENTIDO….

  2. Interesante que el autor hace una crítica al Estado en un esfuerzo poético por subsidiar la ausencia de datos y evidencias que sustenten sus declaraciones. Negar el progreso, no sólo de las Reformas, sino en materia económica y social y al mismo tiempo apelar a la nostalgia del México de 1994, sólo nos invita a la misma regresión que el autor imagina. En 1994 Jesús Silva-Herzog tal vez no hubiera podido escribir esta columna, sin embargo el imagina que los medios de comunicación se alinean a la versión oficial. El Estado hoy, es más transparente y él lo sabe. Hoy existe competencia en las telecomunicaciones, en 1994 eso era una lejana aspiración y sí, en materia de telecomunicaciones, la sociedad Mexicana se ha beneficiado de la competencia. Hoy nuestras finanzas públicas dependen menos de los ingresos petroleros y se ha puesto fin al monopolio de uno de los sindicatos que él mismo crítica en su columna. Es muy fácil criticar “al Estado”: ¿Acaso el autor ha participado en la elaboración de una iniciativa? En México existe esta apatía entre ciertos criticismos del Estado por acuerdos legislativos y confunden el papel de una oposición legislativa (cuya responsabilidad compartida es gobernar) con la de un adolescente que se debiera negar a cualquier acuerdo porque de llegar a un acuerdo, como lo hace el autor, se le acusa de sumisión. No sólo el autor generaliza, convenientemente, si no que también es cero constructivo.
    Se critica al Estado, pero ¿Dónde queda la responsabilidad individual? ¿Siempre somos víctimas del Estado los Mexicanos?

    • El trabajo publicado me parece excelente, no veo desperdicio en el. No requiere rellenar datos con estadísticas y abultar la información, los resultados están a la vista, se palpan diario, la crítica al gobierno actual y a cualquier nivel del mismo es válida por los resultados mismos, lo que me gustaría más es saber si los que tienen secuestrado al estado entienden.

    • A petición del respetable, añadamos alguna estadística: México es el 2º país con mayores tasas de impunidad en todo el mundo.
      Otras: valoración judicial (hasta ahora) del carácter sistemático de las violaciones del Partido Verde a la ley electoral: 0%.
      Masacres de altísimo impacto en el último trienio, con participación de servidores públicos y sin avances procesales apreciables: 4 – Ayotzinapa, Tanhuato, Apatzingán, Tlatlaya.
      Autodefensas encarcelados: quién sabe cuántos. Periodistas silenciados: sepa. Capacidad de investigación del MP: 0%. Cuates del Presidente “creados” ministros de la Suprema Corte: 1
      Notorios casos de corrupción exonómica intactos … se me acabaría la tinta si intentara ponerlos todos (aunque las grabaciones a OHL sean ilegales ¿los contenidos serán verídicos?)

      En fin, envío felicitaciones a JSHM.
      Certero: “…el Estado capturado por las parcialidades [sobre todo una: Atlacomulco], un Estado mordisqueado por todas partes. Ayer padecíamos a un pulpo asfixiante y abusivo. Un Estado invasivo y temible. El pulpo se ha convertido en una colonia de parásitos, una colonia de termitas. Es un Estado invadido y risible; un tronco inerte y apolillado.”

    • Sr. Coutiño, el hecho de que el autor recurra a “esfuerzos poéticos” es refrescante y agradecible, puesto que hace más atractiva y amena la lectura. ¿Realmente considera usted que en la crítica puntual que él hace del estado de cosas actual es necesario presentar “datos y evidencias que sustenten sus declaraciones”..? (Esas evidencias se encuentran por doquier, consulte INEGI, OCDE, pregunte a una ama de casa, a los medianos y pequeños empresarios, a los maestros, a los campesinos, etc.) ¿Usted cree que el decremento de la renta petrolera y la menor dependencia del gobierno a esos ingresos sea un mérito de la actual administración? ¿Qué la mayor recaudación por parte de Hacienda se deba a un trabajo eficiente y equitativo de Videgaray? Investigue en qué medida aumentó el IST de los los maestros, y de la burocracia en general…y sí, se critica al estado porque el estado, el gobierno en turno y los que han gobernado en los últimos 5 sexenios no han tenido la voluntad ni la visión de encabezar un verdadero cambio, un cambio de bienestar para el pueblo. ¿Sabe por qué la corrupción no cede? Porque el presidente de la república no es capaz de disciplinarse él primero para luego disciplinar y poner el ejemplo a los demás, es por ahí, por el presidente donde debe comenzar el ejemplo…y qué tenemos en cambio? Mejor ahí le dejo…

    • Los datos estan a la vista, Corrupcion galopante, Ingobernabilidad en aumento, Muertes y desaparecidos, Autoritarismo renovado, Mas pobres, etc. etc.

  3. Sabe del tema politico, desde que tuvo uso de razon, y ha de haber vivido múltiples historias, esas de las que mejor callar , porque son historia.
    Las actuales son las que acabarán a las dos generaciones futuras.
    Las complicidades políticas y beneficios partidistas, dejan a la democracia y a la población inermes

  4. sugiero a Profesor Jesús Silava-Herzo Márquez dedique un análisis a la ciudadanía, ¿cómo ha transitado su participación, no sólo en elecciones sino en su capital social (organizaciones civiles), gracias. Me ilustro mucho su enfoque del momento que se encuentra la política gubernamental y partidaría…

  5. la prensa extranjera , quien la alimenta , porque es mejor divulgar fuera de mexico , porque se paga en dolares o porque los pesos que se piden en mexico son mas , sr silva

  6. Es tanto el abuso retórico, que finalmente no se sabe qué propone el autor. El tono es sólo de queja y nada propositivo. En todo caso, a las reformas del Pacto se les debe juzgar por sus méritos y carencias, y no porque “hicieron flácida a la democracia”. ¿Realmente fueron buenos esos años desde el 97 donde por tanta “oposición democrática” la parálisis fue total?
    Veo que estamos viviendo también en ciírculos académicos una etapa de negativismo y falta de equilibrio sobre la realidad nacional.

  7. Está bien, me convenció de que estamos terriblemente mal. Me deja perplejo porque no se qué hacer, por quién votar que no sea el PRI, entonces por el PAN o el PRD? O por un independiente quien un nuestra legislación es UN ANGEL SIN ALAS. Eduardo

  8. la democracia es un sistema de gobierno en el que todos los ciudadanos sabemos que nuestra participacion es fundamental, que somos parte de ello, la mayoria de los mexicanos no participamos en esta democracia, que deja de serlo porque precisamente la democracia es la participacion de todos, y los que participamos de ella lo hacemos en forma marginal, solo votamos por los que ya las cupulas partidistas han elegido “democraticamente a dedazo” y nuestra participacion para la mayoria ya ha sido previamente condicionada por la entrega de despensas, vales, ayudas, televisiones, vemos entonces que esta democracia, a la mexicana pues es solo un disfraz, una mascarada de algo que de ningun modo se puede llamar democracia

  9. Si elimináramos con la imaginación el problema del narcotráfico ¿cuál sería actualmente el ánimo de la sociedad mexicana? ¿Cómo sería nuestra democracia?

  10. La publicación es un excelente análisis de lo que está pasado con la famosa transición democrática en México, es inngable lo que el Maestro Silva-Herzog anota sobre la falta de madurez que aún no ha alcanzado la democracia mexicana, y que están a la vista de la ciudadanía. Al INE (antes IFE) lo dotaron de facultades extraordinarias a nivel nacional, que hoy puede decidir abiertamente sobre la atracción de elecciones, en esta parte el exceso de gasto al mantener órganos electorales federales y locales, hace excesivo el costo de mantener instituciones que organizan elecciones, en suma Centralizaron el Poder de Organizar Eleccciones. Respecto a las reformas estructurales, sabemos que eran necesarias para darle un rumbo económico a nuestro país más fuerte, sin embargo la premura con la que se diseñaron tal vez sea una de la mayores limitantes a las que se enfrente (por ejemplo la reforma educativa tiene más parecido a una reingeniería administrativa de control de personal), lo cierto es que a estas alturas las reformas estructurales no han sido el parteaguas que contribuya a fortalecer el crecimiento económico. Sobre la corrupción ni hablar salta a la vista, lo mismo de la violencia que continúa mermando a nuestro país. Felicidades al Autor.

  11. Si, la democracia ya es una mujer con mayorìa de edad…. A la que, tristemente los partidos le ofrecen departamento y vestir con ropa de diseñador para llevarsela a la fiesta que quieran. Tratada como a una cualquiera y con un 98% de impunidad.

  12. perdó, perdón. Omití decir que Glez. de Alba en un primer momento, debe haberse sentido autorizado por el dictamen de la CNDH sobre el caso,. No obstante, ya hace rato que ssabemos qué opinar sobre la dirección del ínclito Raúl Pascencia Villanueva en este organismo,,, ¿o no?

  13. La explicación es simple existe una anomia en la sociedad, las leyes de la imitación de Tarde y recordemos que Darwin sostenía que el ser humano mientras menos educación reciba se encuentra más cerca de su estado salvaje, en breve ensayo solo se analiza al hombre en su entorno social dejando de lado sus motivaciones biológicas y psicológicas, el hombre tiene deseos y necesidades el medio ambiente le brinda oportunidades de satisfacerlos sea legal o no.

  14. es una gran pena leer esto, pero ha de haber sido mayor tener que escribir esto como cierto…….

  15. El Estado es un conjunto institucional y no un ente monolítico, a su vez las instituciones cobran vida en los individuos y tenemos el caso de nuestro país en el cual las instituciones no forman parte de la vida de los “ciudadanos” porque no tenemos un destino común, destino manifiesto dicen los norteamericanos. Nuestras clases dirigentes, después de la revolución, a partir de los años 40 nunca reflexionaron en términos de lo que pretendían como sociedad y, como hasta el presente, consideran que la gestión del Estado es por sí misma el significado de la vida en sociedad. Pero no es de ese modo, la gestión del Estado debe de conducir a algo o a algún sitio, pero los gestores del Estado consideraron que la acumulación de dinero es por sí misma el desarrollo del capital, entonces a la manera neoliberal siguen entendiendo que el Estado no tiene más compromiso socio-histórico que acumular “dinero”, ¿para quien? …bueno eso es algo secundario el sentido fue y sigue siendo, seguidores de Adam Smith, la libertad para acumular, pero sin comprometerse con nada que no sea el dinero. Fuera de todo eso quedaron los integrantes de esta sociedad que no tienen ni dinero, ni son de la clase política, esas clases dirigentes han secuestrado al Estado en un sentido monárquico, no tiene que responder a nadie, simplemente les dan las papeletas a los ciudadanos, como en aquellos juegos de poquer en que le dicen al principiante saca tu dinero y yo te digo cuando ganas. Esto es solo un comentario metafórico, una representación de la situación del país…falta la fuerza real a un Estado vacío, hueco, que no puede existir sin la voluntad “real” de los ciudadanos

  16. La mañana del 16 de septiembre de 1810 Miguel Hidalgo dirigió una arenga a la población de Dolores para incitarlos a levantarse en armas contra de las autoridades del Virreinato de la Nueva España.

    No hay manera de saber las palabras exactas que pronunció. Sin embargo, las versiones de Manuel Abad y Queipo, Diego de Bringas, Juan Aldama, Lucas Alamán y otras anónimas enfatizan un término común que refleja con toda claridad el hartazgo que provocó el movimiento: “Muera el mal gobierno”.

    “El vaciamiento democrático”, ensayo de Jesús Silva-Herzog Márquez, en la revista Nexos, octubre 2015, expone eficazmente los vicios del sistema de gobierno mexicano y la “cartelización de los partidos políticos”, que dan la pauta para entender que la democracia mexicana, cumplida ya su mayoría de edad, carga sobre la espalda con tres –pronto tal vez cuatro− agencias estatales −PRI, PAN, PRD– que se mimetizan, rivalizan, ganan, pierden elecciones y discuten en el Congreso, pero, cobijados por la simulación, voraces se solapan para extender sus privilegios.

    Concretan acuerdos, se reparten favores y envilecen los órganos de control para avasallar a medios que callan y aceptan tramposamente la verdad oficial. La ley es deshonrada y somos hoy más vulnerables que nunca a la trampa y al crimen. La violencia y la corrupción son la bárbara señal del gran pendiente de nuestra historia: la legalidad.

    En estos tiempos de vicio y valores malentendidos, se hace conveniente, de elemental justicia, instruir al titular de la Presidencia de la República, presidentes municipales, jefes delegacionales del DF, gobernadores y embajadores –cuando les toque en suerte presidir el “Grito de Independencia”, después de ensalzar a los héroes que nos dieron patria: Hidalgo, Morelos, Josefa Ortiz, Allende, Aldama y Matamoros− para pregonar fuerte, con coraje, la consigna fundamental: “Muera el mal Gobierno”, emitida valerosamente por el Padre de la Patria, como inequívoco compromiso frente a los ciudadanos de guardar y hacer guardar la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, desempeñar leal y patrióticamente la misión que el pueblo les ha conferido, mirando por el bien y la prosperidad de la Unión. “Y si así no lo hicieren, que la nación se los demande”.

    ¡Vaya biem!