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Consulta Mitofsky publicó recientemente las cifras de aprobación de la forma de gobernar de los mandatarios de 29 países.1 El documento agrupa la popularidad de los gobernantes por regiones del mundo, por niveles (divididos en cinco estratos), por tiempo en el que han permanecido en el poder y describe puntualmente los cambios recientes.

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Todos los estudios de votantes coinciden en destacar la importancia de las percepciones sobre el estado de la economía en la elección entre el partido en el poder y los retadores. El modelo asume que al momento de decidir por quién votar, los individuos comparan la utilidad que esperan si el partido en el gobierno repite como resultado de la elección con la utilidad que espera si el gobierno pasa a las manos de otro partido. La regla del votante parece simple: elige al candidato del partido en el gobierno si al momento de votar su percepción de bienestar es igual o mejor que lo que espera del desempeño futuro de los otros partidos, y si su evaluación de la situación es negativa, elige a cualquier otro. La misma lógica se puede aplicar a la popularidad de los gobernantes de cualquier país. El ciudadano aprueba o reprueba la forma de gobernar de su mandatario en función del desempeño reciente de la economía: si su percepción es positiva, aprueba al mandatario, y si su evaluación es negativa, lo reprueba. Para probar esta hipótesis comparo el cambio en el producto interno bruto de los 29 países con la medición de la popularidad compilada por Consulta Mitofsky (ver gráfica 1).2

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Como se puede ver, la relación entre los niveles de aprobación y el comportamiento de la economía existe, pero no se trata de una relación particularmente fuerte.3 La gran mayoría de los países muestra desempeño económico similar y niveles de aprobación muy distintos. Por ejemplo, Canadá y República Dominicana apenas crecieron (0.7 y 1.7, respectivamente); sin embargo, el primer ministro de Canadá es aprobado por 29% de los canadienses, mientras que el presidente de República Dominicana es uno de los más populares en esta selección de países con 89% de aprobación. Lo mismo ocurre entre países con niveles de crecimiento alto como Hong Kong (5.7), Filipinas (6.4) y Panamá (6.3) que muestran desempeños económicos altos muy similares y niveles de acuerdo muy distintos.

Venezuela merece una mención particular. Pese a que muestra una caída significativa en el PIB (-4), el nivel de aprobación de Maduro (36%) está por encima del de los mandatarios de España (13%), Francia (13%), Canadá (29%), Perú (31%), Argentina (32%) y similar al de los de Australia (36%) y Reino Unido (36%). ¿Será resultado de sus políticas sociales populistas o de alguna identidad partidista sembrada por Chávez?

La relación entre la aprobación y el desempeño de la economía ofrece una conclusión sorprendente: el desempeño económico no produce evaluaciones significativamente más positivas. La línea de la tendencia central de los datos tiene una ligera pendiente positiva, es decir, aunque de manera débil, la aprobación tiende a ser mayor entre mejor es el desempeño de la economía pero, en contra del consenso al respecto, esta relación es muy pobre.4

¿Si el desempeño económico reciente no es lo que reconocen los ciudadanos a sus gobernantes cuando expresan su aprobación o rechazo en qué sustentan su juicio?

Desafortunadamente, no pude encontrar alguna medición objetiva de la calidad del desempeño de los gobiernos con la que se pudiera contrastar la valoración subjetiva que expresa el nivel de aprobación. La única medición indirecta que hallé fue el reporte de los niveles de corrupción en el sector público que recopila Transparencia Internacional.5 Es muy importante señalar que esta medición no supone un juicio sobre el mandatario, sino sobre el estado de la corrupción en cada país. El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) varía de cero a 100, donde 100 indica que el país es más limpio. En la gráfica 2 presento la relación entre el Índice de Corrupción y la evaluación de corrupción-honestidad.

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La dispersión que muestra la gráfica 2 llama la atención: lo que salta a la vista es que los niveles de honestidad se agrupan en cuatro estratos. En el primero se encuentran nueve países con el valor del índice mayor a 65, de los cuales sólo dos —Chile y Uruguay— no son países con desarrollo alto ni democracias antiguas. En el segundo aparecen tres países: España, Costa Rica y Lituania, con medición entre 45 y 65 en el valor del índice. En el tercero están la mayoría de los países analizados con el rango de 25 a 45 en el valor del índice. Destaca que en este grupo sólo hay un país del mundo desarrollado, Italia. En el cuarto hay dos países de América Latina: Venezuela y Paraguay. Honestidad y desarrollo institucional van de la mano.

Lo más sorprendente, sin embargo, es que en ninguno de los estratos se percibe relación alguna entre los niveles de honestidad y la aprobación de los mandatarios. Incluso entre los países más honestos hay diferencias abismales: el primer ministro de Canadá recibe menos de 30% de aprobación, mientras que Angela Merker es aprobada por más de 70% de los alemanes. Algo similar ocurre en los otros estratos. Más aún, si tomamos el estrato con mayor número de países, se observa una ligera tendencia negativa entre el nivel de honestidad y la aprobación, es decir, que entre menos honesto es un país, sus mandatarios obtienen mayor aprobación. Los casos extremos son República Dominicana (89%) y Rusia (84%). Sólo con Venezuela se observa claramente la relación esperada: poca honestidad y baja aprobación.

La explicación más obvia es que los ciudadanos no atribuyen directamente a sus mandatarios los niveles de corrupción-honestidad de sus países. Otra posible explicación de la inexistente relación entre los niveles de honestidad de un país y la aprobación de sus mandatarios podría ser que los ciudadanos intercambian eficiencia en el desempeño por honestidad en el sector público, es decir, que mientras perciban crecimiento en la economía condonan niveles de corrupción. Los datos que analizamos no apoyan esta hipótesis, salvo en el caso de Panamá, donde hay alto crecimiento económico, niveles bajos de honestidad y aprobación alta. En el resto de los países no existe esta relación.

La conclusión más evidente es que la popularidad de los mandatarios no se basa en el desempeño de la economía ni en los niveles de corrupción de sus países, sino en una fuente diversa y compleja de factores que sólo una investigación más amplia permitiría encontrar. Es probable que estas fuentes sean distintas entre niveles de desarrollo y consolidación democrática, y que incluso la circunstancia específica de cada país influya mucho. No es lo mismo la posición del premier inglés David Cameron frente a la eurozona que la de Mariano Rajoy; o el uso de la política social para Enrique Peña Nieto que para Nicolás Maduro, por ejemplo.

 

Ulises Beltrán
Investigador de la División de Estudios Políticos del CIDE.


1 http://consulta.mx/index.php/estudios-e-investigaciones/el-mundo/ item/567-ranking-aprobacion-de-mandatarios-america-y-el-mundo

2 Los datos sobre el PIB provienen del Fondo Monetario Internacional y fueron recopilados por Trading Economics. http://www.tradingeconomics.com/country-list/gdp-growth-rate (fecha de consulta: 1 de mayo de 2015).

3 De hecho, el coeficiente de correlación entre las dos variables, aprobación y cambio en el PIB es de apenas 0.3.

4 Un modelo lineal de la relación entre la aprobación de los mandatarios y el cambio en el PIB el año anterior produce una pendiente de 0.0004, es decir, casi insignificante.

5 Transparencia Internacional, una organización creada en 1995, estima cada año un Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) en una escala de 0 a 100 para clasificar los niveles de percepción de corrupción en el sector público. El índice se estima con base en una serie de encuestas a expertos y a empresas. En esta medición 0 es igual a muy corrupto y 100 significa muy limpio. En el último reporte (2014) fueron analizados 174 países y territorios. El país menos corrupto es Dinamarca con un puntaje de 92/100 y el más corrupto es Somalia con 8/100. Transparencia Internacional, Corruption Perceptions Index (CPI) 2014. http://www.transparency.org/cpi2014. Fecha de consulta: 1 de mayo de 2015.