En el Distrito Federal el peatón sigue siendo el actor más vulnerable de la vialidad. De manera injustificada se le ha llamado irresponsable: no se ha tomado en cuenta que en su andar él sólo rechaza la infraestructura que no cubre sus necesidades.


Como puede observarse en diferentes notas de prensa sobre accidentes ocurridos en el Distrito Federal y el Estado de México estos últimos cinco años, existe una tendencia a catalogar al peatón de “flojo” y a calificar su conducta de “imprudente” e “irresponsable”. Las notas reportan una actitud de “pereza” de un peatón que busca evitar “la fatiga” de usar la infraestructura peatonal y “ahorrarse” la subida de los puentes.1 También resaltan la “negligencia” de los peatones y su constante toma de riesgos: “torean coches”, buscan “ganar el paso” a los automóviles y son atropellados por “ignorar” el peligro, cruzar “sin precaución” y “distraerse”.2 Siguiendo esta lógica, los titulares apuntan a una relación de causa a efecto entre los atropellamientos y el no uso de los puentes peatonales, poniendo de manifiesto la responsabilidad del peatón en el accidente: “Arrollan peatón a un paso de puente peatonal” (Azteca Noticias, 26/08/2013), “Muere atropellado por no usar puente peatonal en Iztapalapa” (El Universal, 17/09/2012), entre otros.

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Al mismo tiempo, han existido algunas iniciativas políticas y campañas de educación vial dirigidas a los peatones que han buscado la forma de erradicar estos “comportamientos de riesgo”. Como muestra de ello, en el año 2010 el Partido de Acción Nacional presentó una iniciativa de ley3 que contemplaba multar a los peatones que no cruzaran por los espacios adecuados para ellos, como pasos de cebra y puentes peatonales. En 2012 la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF), bajo el mando del Partido de la Revolución Democrática, llevó a cabo la campaña “Cuido mi vida, soy un peatón responsable”, emitiendo un mensaje claro: el peatón es garante de su propia seguridad. Dos años después, en 2014, la Agencia de Gestión Urbana (AGU) del gobierno del Distrito Federal puso en marcha un programa de rehabilitación de cruceros identificados como peligrosos y de alto riesgo, con la finalidad de hacerlos más seguros y accesibles. Los cruces fueron modificados con base en normas de accesibilidad universal y mejorando la infraestructura y los señalamientos, pero también agregando vallas de contención para obligar a los peatones a cruzar por el paso de cebra o el puente peatonal.

Estas diferentes notas de prensa e iniciativas son el reflejo de una sociedad que pone en tela de juicio la conducta de los peatones sin cuestionarse sobre las causas que explican tales comportamientos. En cuanto a las iniciativas y programas públicos, buscan una disminución de los atropellamientos a través del ordenamiento territorial y de los flujos peatonales, pero omitiendo la responsabilidad de los conductores. Esta percepción del problema y forma de solucionarlo a través de la erradicación de “conductas de riesgo” de peatones contrasta bastante con los datos estadísticos disponibles sobre accidentes de tránsito, en donde 91.1% de éstos son causados por los conductores y únicamente 0.9% por los peatones.4 A pesar de esto las políticas siguen enfocadas en modificar el comportamiento de los peatones, buscando responsabilizarlos y hacer que usen la infraestructura diseñada para ellos.

Aquí es importante dejar en claro dos puntos fundamentales. Primero, es necesario entender que una infraestructura que no está siendo utilizada por las personas o bien que está siendo esquivada por las mismas, significa que no es apropiada para su uso y no que las personas son demasiado indisciplinadas para usarla. Un estudio5 sobre los motivos por los cuales las personas no usan los puentes peatonales en el Distrito Federal revela que la mitad de los peatones encuestados no hace uso de esta infraestructura debido, principalmente, a que implica mucho esfuerzo (30.7%), a que existe la posibilidad de atravesar por la calle (25.7%) y a que es insegura en términos de incidencia de delitos (24.8%); en otras palabras, una gran parte prefiere atravesar a ras de la calle para no tener que desviarse de su destino. El estudio concluye que los puentes peatonales no son eficaces para la disminución de los accidentes, puesto que su construcción responde más a una lógica de ingeniería urbana que de prevención de atropellamientos. Otro estudio6 muestra la necesidad de los planificadores de entender que los peatones funcionan de manera óptima cuando pueden realizar “corto-circuitos”, como por ejemplo atravesar la calle diagonalmente, cruzar a nivel de la calle cuando existe un puente peatonal o llegar a su destino saltando vallas de contención. Por tal motivo, en los cruces en donde la AGU instaló rejas para encauzar flujos peatonales (como el de la avenida Reforma con la avenida Hidalgo), se puede observar que los transeúntes buscan sortear la norma impuesta, saltándose las rejas para poder cruzar la calle sin tener que realizar un rodeo.

Segundo, es importante entender que el comportamiento que adopta el peatón cuando atraviesa la calle es un indicador del grado de dificultad del cruce. Es decir, que el hecho de “torear coches”, “pasarse el alto”, correr y otras acciones identificadas como de riesgo, responden a adecuaciones y adaptaciones que deben de hacer constantemente los peatones para enfrentarse a un entorno adverso. Una encuesta reciente7 muestra que 90.7% de las personas perciben dificultades al caminar e identifican barreras de distinta índole que les impiden trasladarse cómodamente (ver tabla 1): puestos ambulantes, coches estacionados en las banquetas, banquetas en mal estado o demasiado estrechas, falta de iluminación de las calles, postes de luz, jardineras, vallas, entre otros.

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Cuando llega al cruce el peatón se enfrenta de nuevo a un obstáculo que debe sortear. El cruce se presenta al peatón como una nueva dificultad, por lo que 72.3% de las personas entrevistadas se sienten inseguras al momento de atravesar la calle. Este sentimiento de inseguridad se debe, principalmente, a la falta de respeto del reglamento de tránsito por parte de los conductores de vehículos quienes, según los peatones, nunca les ceden el paso, van demasiado rápido y se pasen el alto (ver tabla 2). Esto hace que los peatones no se sientan seguros al respetar los señalamientos y atravesar la calle con el semáforo en verde, sino más bien adaptándose a los flujos vehiculares. En otras palabras, respetar la norma por parte de los peatones no es garantía de un paso tranquilo y seguro, incluso en aquellos cruces bien diseñados. Así, la aparente indisciplina de los peatones es un indicador de un entorno muy desfavorable y que los pone en situación de vulnerabilidad constante. Lo que a primera vista podría interpretarse como una toma de riesgos, es en realidad una estrategia para adaptarse a un contexto en el cual no se respetan sus derechos y en donde las políticas públicas omiten atender sus verdaderas necesidades.

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Por otra parte, 10% ha sido víctima de un atropellamiento en alguna ocasión y 20% ha tenido un accidente de banqueta en el cual ha sufrido alguna lesión: desde caerse en coladeras, hoyos o baches (43%), hasta tropezarse con diferentes tipos de objetos como banquetas rotas, resto de postes, banquetas altas, clavos salidos, obras, basuras, topes o puestos ambulantes (ver gráfica 1). Estas diferentes dificultades que se presentan durante los traslados a pie impiden la continuidad y fluidez de los desplazamientos: las personas rodean barreras, evaden obstáculos, se detienen abruptamente, esperan, retoman la marcha, tropiezan, apresuran el paso, suben y bajan del transporte y se resguardan de un posible impacto antes de llegar a su destino.

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Para resumir ambos puntos: el peatón no es imprudente o irresponsable, sino que rechaza de forma instintiva la infraestructura poco adecuada a sus necesidades y se adapta a un contexto difícil y restrictivo. En todo caso, si se trata de buscar responsables, se debería voltear la cabeza hacia las autoridades públicas quienes no abordan el problema de la seguridad vial de forma integral, atacando el problema desde su raíz: eliminar toda aquella infraestructura poco adecuada para los peatones y aplicar la ley sancionando de forma sistemática a los conductores que violan el reglamento de tránsito. A pesar de las diferentes acciones por parte del GDF a favor de la movilidad no motorizada, el peatón sigue siendo el actor más vulnerable de la vialidad.

 

Ruth Pérez López
Antropóloga urbana y doctora en cambio social. Actualmente labora en el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA).


1 Frases extraídas de la prensa sobre notas del DF y Estado de México (cursivas nuestras): “La pereza que tuvo un hombre de 60 años de edad por subir un puente peatonal para cruzar transitada carretera, caro le costó”, La Prensa, 10 de abril del 2014; “Al hospital por flojo”, El Sol de Toluca, 4 de julio del 2013; “Una fémina de aproximadamente 70 años […] decidió abreviar la fatiga y no subió al puente peatonal”, El Sol de Toluca, 19 de abril del 2013; “Por la pereza de subir el puente peatonal para cruzar transitada avenida, un hombre de aproximadamente 60 años de edad, perdió la vida,” La Prensa, 21 de noviembre del 2012. “Ahorrarse la subida de un puente peatonal ubicado sobre la carretera federal México-Toluca, le costó la vida a un hombre”, Impacto.mx, 26 de mayo del 2012.

2 Frases extraídas de la prensa sobre notas del DF y Estado de México (cursivas nuestras): “El hombre atravesó la avenida sin precaución”, Azteca Noticias, 8 de octubre del 2014; “En el lugar donde ocurrió el accidente, se encuentra un puente peatonal que es ignorado por la mayoría de los peatones […]”, El Universal, 17 de marzo el 2014; “Peatón se aventura a ganar el paso a los autos en Constituyentes”, El Universal, 15 de diciembre del 2013; “Ignoran peatones cruces peligrosos”, Excélsior, 19 de mayo del 2013; “Una llamada al celular distrajo los pasos de Delfino «N», quien perdió la vida entre las llantas de un transporte público”, El Universal, 22 de noviembre del 2012; “La gente prefiere cruzar la vialidad ‘toreando’ a los autos que utilizar los puentes peatonales”, EDOMEX al Día, 17 de marzo del 2012.

3 La ley no fue aprobada.

4 Base de datos sobre accidentes de tránsito terrestre, para el Distrito Federal, INEGI, 2013.

5 Hidalgo-Solórzano Elisa, et al., “Motivos de uso y no uso de puentes peatonales en la ciudad de México: la perspectiva de los peatones”, Salud Pública de México, vol. 52, núm. 6, pp. 502-510, México, 2010.

6 avadinho Sonia, Winkin Yves, “Quand les piétons saisissent la ville. Éléments pour une anthropologie de la marche appliquée à l’aménagement urbain”, Médiation et Information, núm. 21, pp. 33-41, 2004.

7 Pérez López, Ruth, “Encuesta a peatones sobre movilidad y seguridad vial”, Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA) y embajada de Francia en México, 2014.

 

3 comentarios en “El peatón asediado

  1. La ciudad está hecha para los vehículos, no para las personas. En la ciudad de México y en muchas (no podría decir qe en todas), pero si en una gran mayoría, la movilidad urbana está concebida y destinada hacia la movilidad vehicular, pero sobre todo al vehículo automor y dentro de éstos, al auto particular. En esta “lógica”, el peatón queda en una situación marginal; así como otras formas de movilidad como los vehículos no automotores.
    El artículo, nos parece muy bueno e interesante. El trabajo de la doctora Ruth Pérez López es excelente y por lo tanto, nos vamos a tomar el atrevimiento de publicarlo en nuestra página, ya que somos una organización que defiende los drechos de los usuarios del transporte público y del peatón.
    ¡Qué bueno que el peatón , así como el usuario del transporte público empiezan a ser visibilizados, lo cual redunda en la defensa de sus derechos!

    • Excelente comentario, apoyemos la difusión de este tipo de investigaciones para que la gente empiece a conocer la realidad de la movilidad.

  2. En efecto, uno como peatón no es imprudente; simplemente rechaza una infraestructura inadecuada… Creo que el verdadero problema es que las autoridades que manejan la reglamentación vial de las ciudades no son peatones cotidianos, sino conductores… de esa manera, su punto de vista está viciado de inicio…
    Este artículo me recordó algunos cuentos de Ray Bradbury, así como su novela emblemática, Farenheit 451. También recordé mi cotidiana frustración por haber vivido en el mítico “otro lado” (EU), y en una ciudad fronteriza (Ensenada, en Baja California), en donde obligadamente se da el paso al peatón, de la misma manera que se hace en EU. Sin embargo, mientras que allá es uno visto como sospechoso de terrorismo, en Ensenada la gente da el paso de corazón, con verdadera camaradería. Pero en el resto de ésta nuestra querida patria, a pesar de las supuestas medidas “a nuestro favor”, los peatones seguimos siendo, igualito que allá en el norte, algo que simplemente obstruye y estorba la libre circulación de “Su Majestad, El Automóvil”.
    Siendo realistas, los peatones seguiremos siendo los seres más vulnerables en las vialidades urbanas en México. No nos queda más que agudizar nuestras estrategias defensivas mientras enfrentamos estas junglas de asfalto.