¿Quién se beneficia del voto nulo? El anulismo, podría contestarse, pero la reiteración de la pregunta y la discusión pública para encontrar una respuesta satisfactoria sugiere que no equivale a interrogarse a quién beneficia votar por el PAN o por el PRI, que aceptaría por respuesta “al PAN o al PRI, dependiendo de la elección”. El anulismo no es una opción más o menos coherente y unitaria, semejante a un partido, en tanto que los votos que se anulan no se traducen en representación y prerrogativas como lo hacen los que logra una agrupación con registro. Lo que en esta nota propongo es que la mejor respuesta a la pregunta inicial, vendrá de contestar las preguntas “¿de dónde salieron los anulistas?” y “¿cuáles son las reglas de traducción de votos en registro, prerrogativas y representación para los partidos políticos?”

anulismo

En 2009 el voto nulo a nivel nacional alcanzó 5.4 por ciento del total de votos emitidos, lo que casi duplicó la media de elecciones anteriores en el periodo 1994-2006, que había sido de 2.8 por ciento, revelando que existen activistas y electores dispuestos a manifestarse políticamente por esta vía (Cisneros, 2013). En 2012, el voto nulo en la elección de senadores fue de 5.5 por ciento y en la de diputados de 4.9 por ciento, pero conforme a estudios del IFE sabemos que la mayoría de los anulistas de 2009 fueron intencionales, en tanto que los de 2012 se equivocaron (Márquez, 2015).

En 2015 reaparece el llamado por el voto nulo y se reedita el debate en torno a su beneficiario. Los partidos saben que un voto anulado pudo ser un elector que perdieron, pero quizá minimizan que también cabe que haya sido una baja para sus rivales. Entre los políticos la discusión parece dominada por supuestos que no se hacen explícitos y podrían ser falsos, así como por afirmaciones tan ciertas como obvias que en realidad no agregan ningún razonamiento para entender el efecto de esta opción electoral. Entre los primeros, los supuestos equivocados, resulta asombroso que algunos dirigentes y sus seguidores asuman que el anulismo les perjudica a ellos y sólo a ellos: López Obrador pareciera creer que si los que anulan votaran, lo harían por su partido, por lo que concluye que esta práctica beneficia a “la mafia en el poder”, que incluso está en el origen de la iniciativa (Proceso, 2015). Un argumento que parece menos simple pero que no es mas que una obviedad, consiste en sostener que si mucha gente anula su voto, ganará el partido que tenga más electores leales o duros, que en realidad equivale a decir que ganará el partido que tenga más votos, como si eso no aplicara con o sin anulismo de por medio.

Entre académicos que participan del debate, Javier Aparicio, en un artículo periodístico, destacó el efecto inocuo de los votos nulos sobre la representación (las prerrogativas y el sistema de partidos, podríamos agregar), suponiendo que los abstencionistas se convierten al anulismo (Aparicio, 2015). Rodrigo Salazar publicó un post demostrando que si todos los partidos pierden el mismo número de votantes por efectos del voto nulo, los más beneficiados serían los partidos grandes, es decir, el PRI y el PAN (Salazar, 2015). Ambas observaciones son ciertas y dependen del supuesto acerca del origen y comportamiento de los anulistas. José Antonio Crespo menciona datos individuales para juzgar a quién perjudica el voto nulo, y refiriendo encuestas de salida y post electorales, muestra que son el PAN y el PRI los partidos perdedores (Crespo, 2015).

En el cuadro 1 presento cuatro posibles combinaciones sobre el origen y comportamiento de quienes anulan su voto, suponiendo una lista de mil electores. Las columnas a y b representan el escenario uno, que es el de inicio: los tres partidos mayoritarios (rojo, azul y amarillo) concentran 90 por ciento de votos válidos y los dos pequeños (verde y naranja), 10 por ciento; el voto nulo significa 2 por ciento, que es más o menos la proporción de voto anulado no intencional o por error. Conforme a la legislación vigente para la elección de 2015, el voto nulo se sustraerá del total de votos depositados para calcular la votación válida, por lo que no tendrá consecuencias sobre el registro de partidos, sus prerrogativas ni la representación, sino únicamente sobre la tasa de participación, así que los porcentajes de votación por partido que se presentan ya descuentan el voto nulo, en tanto que el porcentaje que alcanza éste último se calcula sobre la votación total. La abstención en este escenario es de 50 por ciento.

Las columnas c y d, la combinación dos, ofrecen resultados en el escenario de una disminución de la abstención que va a parar por completo al voto nulo y es el supuesto del artículo referido de Javier Aparicio: ningún partido modifica ni su número de votantes ni sus proporciones de voto, aunque la tasa de participación aumenta y el voto nulo se duplica. En la combinación tres (columnas e y f) todos los partidos, incluida la abstención, pierden electores en proporción a su fuerza a manos del voto nulo, por lo que en términos absolutos tienen menos votos pero no experimentan ningún cambio relativo, aumenta la tasa de participación y el voto nulo. Las columnas g y h contienen la combinación cuatro que es el escenario del post de Rodrigo Salazar: al perder el mismo número de votos, los partidos chicos empeoran su posición relativa, en tanto que los grandes la mejoran, el abstencionismo disminuye y el voto nulo tiene su mejor desempeño de las combinaciones presentadas.

Cuadro 1
Cuatro combinaciones electorales

Opciones

1
Arranque

2
Sólo pone la abstención

3
Ponen en porporción
 a fuerza

4
Todos ponen igual

(a)
Votos

(b)
%

(c)
Votos

(d)
%

(e)
Votos

(f)
%

(g)
Votos

(h)
%

Rojo

180

36.7

180

36.7

176

36.7

176

37.4

Azul

150

30.6

150

30.6

147

30.6

146

31.1

Amarillo

110

22.4

110

22.4

108

22.4

106

22.6

Verde

30

6.1

30

6.1

29

6.1

26

5.5

Naranja

20

4.1

20

4.1

20

4.1

16

3.4

Nulos

10

2.0

20

4.1

30

6.2

34

7.2

Abstención

500

50.0

490

49.0

490

49.0

496

49.6

VV

490

490

480

470

VT

500

510

510

504

Part.

50

51

51

50.4

VV, votos válidos; VT, votos totales; Part., participación

 

¿A cuál de las combinaciones del cuadro 1 se acerca el comportamiento de los electores en 2009 y 2012? Usando datos de las encuestas postelectorales del Estudio comparado de sistemas electorales (CSES en inglés) de 2009 y 2012, nos aproximamos a una respuesta. Recordemos que la decisión electoral empieza con el dilema entre ir a votar o no hacerlo, y una vez en la urna, el elector puede optar entre un partido o anular: ¿los anulistas en una elección, son los abstencionistas de la elección pasada? Entre quienes anularon su voto en 2009, 17 por ciento dijo no haber participado en la elección de 2006. La cifra de participación, muy alta considerando la abstención observada, es sin embargo semejante a la que reportaron los ciudadanos en general, es decir, la encuesta sobreestima por igual la participación y entre anulistas y ciudadanos en general no acusa diferencias; lo mismo sucedió en 2012 respecto a la elección de 2009 (cuadro 2).

Al explorar la preferencia electoral pasada, en 2009 respecto a 2006, 42.9 por ciento ciento de anulistas dijo haber votado por el PAN, y en 2012 en relación a 2009, 26 por ciento también votó antes por el PAN. En ambas elecciones, los exvotantes del PAN integraron el grupo más numeroso de anulistas. En segundo lugar, en 2009 figuraron los exvotantes del PRI en 2006, y en 2012, los exvotantes del PRD en 2009. Los partidos pequeños, nuevos o no, también alimentaron al anulismo: en la encuesta de 2009, el partido México Posible, y en la de 2012, el PVEM y el PANAL. Finalmente, 13 por ciento de quienes anularon su voto en 2012, hicieron lo mismo en 2009, constituyendo el tercer grupo de electores por su cuantía junto con los exvotantes del PRI (cuadro 2).

El voto pasado de quienes anulan no necesariamente revela su simpatía al momento de la elección. Entre los anulistas, de la misma forma que entre la población en general, la mayoría no simpatiza con partido alguno, pero entre quienes sí expresan inclinación, el partido que más posibles votantes perdió fue el PRI, pues del total de quienes anularon su voto, 63 por ciento en 2009, y 33 por ciento en 2012 dijeron simpatizar con este partido, mientras que en segundo lugar figuró el PAN en 2009, y el PAN junto con el PRD en 2012 (cuadro 2).

Cuadro 2
De dónde salieron los anulistas

 

2009

2012

Votó en elección anterior

No

17.1

15.6

Si

82.9

72.2

Preferencia elección anterior

PAN

42.9

26.2

PRI

28.6

13.8

PRD

17.9

20.0

MP

3.6

PV

1.5

Panal

1.5

Anulado

13.8

Simpatiza con algún partido

No

63.9

76.7

Si

30.3

20.0

Con qué partido simpatiza

PAN

27.3

27.8

PRI

63.6

33.3

PRD

9.1

27.8

n, 2009=36; 2012=90
Entrevistados que dijeron haber anulado su voto y
representaron 3.6% del total de encuestado en 2009, y 3.8 en 2012
Fuentes: Aguilar (2012) y CIDE e IFE (2009)

 

Las cifras de preferencia electoral pasada y simpatía partidista de los anulistas desmienten que esta conducta se origine en una sola identidad partidaria y revelan que al menos en 2009 y 2012 el movimiento de la abstención al anulismo, de pérdida proporcional al tamaño del partido o de pérdida de igual número de votantes con independencia del tamaño, no ocurrieron. Si el partido que entonces ocupaba la presidencia fue quien más electores perdió a manos del anulismo, o si el PRI y el PAN son quienes más simpatizantes tenían entre quienes anularon su voto, es imposible que se beneficiaran aunque la regla de estimación de prerrogativas y representación los compensara posteriormente por el simple hecho de conservar su registro y ser partidos con muchos votos, lo que también aplica para el propio PRD o los partidos pequeños que alcanzaron su registro.

Finalmente, es necesario considerar las reglas de traducción de votos en el mínimo para refrendar el registro, recibir prerrogativas y lograr posiciones legislativas. En el Código federal de instituciones y procedimientos electorales (COFIPE, 2008), que reguló las elecciones de 2009 y anteriores, se señalaba en su artículo 32, que el partido que no obtuviera al menos dos por ciento “de la votación en alguna de las elecciones federales” perdería su registro, en tanto que el artículo 12 del mismo Código definía como votación válida para los efectos de la asignación de diputados de representación proporcional la “suma de todos los votos depositados en las urnas”. Los partidos que rebasaran dos por ciento del total de votos, incluyendo los nulos, accederían al registro, las prerrogativas y la representación, pero la dimensión de las dos últimas se definiría una vez que se dedujeran del total de votos, los nulos (y de partidos que no alcanzaran registro y candidatos no registrados). En suma: los votos nulos podían complicarle el registro a un partido pequeño, pero después favorecían el reparto de prerrogativas y posiciones legislativas a los partidos que refrendaran registro.

Para la elección de 2015, la Ley general de partidos políticos (LGPP, 2014) indica en su artículo 94 inciso C, que para conservar su registro nacional, los partidos deben lograr al menos tres por ciento de la votación válida emitida en alguna de las elecciones federales. Por su parte, la Ley general de instituciones y procedimientos electorales (LEGIPE, 2014), artículo 15, define como “votación válida emitida la que resulte de deducir de la suma de todos los votos depositados en las urnas, los votos nulos y los correspondientes a los candidatos no registrados”. En ese mismo artículo se señala que “para la asignación de diputados de representación proporcional, se entenderá como votación nacional emitida la que resulte de deducir de la votación total emitida, los votos a favor de los partidos políticos que no hayan obtenido el tres por ciento de dicha votación, los votos emitidos para Candidatos Independientes y los votos nulos”.

Como puede advertirse, la normativa electoral vigente en 2015 anula todo efecto institucional del voto nulo contrario a los partidos, mientras que la precedente no lo eliminaba para la estimación del registro, aunque ambas lo hacían para la asignación de prerrogativas y representación.

En el cuadro 3 simulo la misma votación para efectos de conservar el registro, con las reglas del Cofipe (2008) y de la Legipe (2014). Como puede advertirse, el partido Naranja, que logra tres por ciento de la votación válida con Legipe y conserva su registro, obtendría 2.8 por ciento con Cofipe, perdiendo el registro si el umbral para perderlo fuera el 3 y no el 2 por ciento. La diferencia en el porcentaje de votación obtenido no proviene de variación en el número absoluto de votos, pues se asume que es el mismo, sino en la regla que incluye o no a los votos nulos para hacer el cálculo final. Además, la regla de Legipe que neutraliza el efecto institucional del voto nulo sobre las posibilidades de regstro de los partido se extendió para la distribución de prerrogativas y curules, sustrayendo del cálculo los votos a candidatos independientes y a candidatos no registrados, con lo que se le brinda a los partidos que conservan su registro reglas más favorables.

Cuadro 3
Votos válidos y nulos en Cofipe y Legipe

Votos

Cofipe

Legipe

Rojo

176

35.0

37.6

Azul

146

29.0

31.2

Amarillo

106

21.1

22.6

Verde

26

5.2

5.6

Naranja

14

2.8

3.0

Nulos

35

7.0

VV Cofipe

503

VV Legipe

468

VV Cofipe, votos válidos en Cofipe; VV Legipe, votos válidos en Legipe

 

Si el castigo o la decepción por el desempeño del gobierno fueron las razones de que en 2012 y 2009 el PAN perdiera más votantes que los demás partidos a manos del anulismo, en 2015 podríamos esperar que fuera el PRI, aunque ahora como hace tres y seis años, todos los partidos incluida la abstención, terminarán poniendo electores que optarán por anular su voto. En suma, que los anulistas salgan en su mayoría de los ex electores decepcionados del desempeño del gobierno va en una dirección mientras que las reglas para calcular la votación válida, refrendar registro y obtener prerrogativas van en la dirección opuesta. Los votantes castigan al o a los partidos mayoritarios incluso anulando, mientas que las reglas compensan a estas agrupaciones descontando los votos nulos para calcular el reparto de recursos.

Los anulistas pueden obtener un beneficio expresivo con su decisión, renunciando sin embargo a lograr un efecto institucional. Cualquier cifra de voto nulo por arriba del tres por ciento del total confirmará el descontento con los actuales partidos y candidatos al menos entre una proporción ligeramente menor de la población, que sin embargo, encuentra en el mecanismo electoral una forma de expresar su punto de vista.

 

Nicolás Loza
Profesor e investigador de FLACSO México.
Mail: loza@flacso.edu.mx / Twitter: @NiLoOt


Referencias

Rosario Aguilar et al. (2012). Estudio Nacional Electoral Mexicano: Post Electoral – 2012. México: Banco de Información para la Investigación Aplicada en Ciencias Sociales, CIDE (http://hdl.handle.net/10089/16797).

Javier Aparicio (2015), “Un cuento de anulistas”. Excelsior, 11 de abril (bit.ly/1daUmGi).

Gerardo Isaac Cisneros (2013), “Movilización, escolaridad y voto nulo. La elección federal de 2009 en México”. Política y gobierno Vol. XX, No. 1, 1er semestre, pp. 39-78 (bit.ly/1KdoyLF)

José Antonio Crespo (2015), “AMLO, el voto nulo y la abstención”. El Universal, 6 de abril (bit.ly/1JIEEfp).

CIDE e IFE. (2009). Estudio Comparativo de los Sistemas Electorales (CSES) – 2009  México: Banco de Información para la Investigación Aplicada en Ciencias Sociales, CIDE (http://hdl.handle.net/10089/16136).

(COFIPE, 2008) Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, 14 de enero de 2008 (bit.ly/1GkcXMk).

(CPEUM, 2014) Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, 7 de julio de 2014: (bit.ly/1OkeAc5).

(CPEUM, 2009) Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, 24 de agosto de 2009 (bit.ly/1DeGuzv).

(LGPP, 2014) Ley general de partidos políticos, 23 de mayo de 2014 (bit.ly/1HcCpSC).

(LEGIPE, 2014) Ley general de instituciones y procedimientos electorales, 23 de mayo de 2014 (bit.ly/1CQNO5I).

Javier Márquez (2015), “Voto nulo, ¿voto de protesta?“. Políticamente correcto (bit.ly/1JD9Ooo)

Rodrigo Salazar (2015), “¿A quién favorece el voto nulo?”. HSeldonianos, 28 de marzo (bit.ly/1GpU8o9).

 

4 comentarios en “¿De dónde salen los anulistas?

  1. Documentado y prolijo el trabajo. No obstante, falta un análisis histórico que posibilitara identificar las características de la coyuntura 2015, plagada de violación a los derechos humanos, con una corrupción aberrante y una total impunidad, además de una violencia que no se combate con fuerzas del orden profesionales sino totalmente desconfiables. Por consiguiente, la comparación con elecciones anteriores se hace como si las actuales fueran una continuación de las anteriores. Doy un ejemplo sobre la importancia del contexto. En las elecciones de Argentina de 1964, Perón desde el exilio ordenó votar en blanco y el cúmulo de éstos superó el 50% de los votos totales, lo cual significó una derrota para los militares en el poder. En otra coyuntura, la de 1973, una pequeña agrupación de izquierda ordenó votar en blanco y éstos no llegaron al 0.23%. Conclusión: la anulación del voto no admite una reflexión abstracta. Hay que historizarla. Por ejemplo, yo voy a votar en blanco y al mismo tiempo propongo con otros compañeros que el repudio al sistema corrupto se manifieste sin pancartas reuniéndonos en el Zócalo a las 19:00.

  2. Excelente análisis Nicolás. Muy razonado y reuniendo muy bien todas las perspectivas y posibilidades. En particular, al menos para el caso del PAN, parece ser que la abstención y el voto nulo son el voto de castigo de los identificados. En ese sentido, es una tontería afirmar que el voto nulo favorece al “partido en el poder”. Y también que favorece al conjunto de los grandes. Sin embargo, en algún momento resulta conveniente hablar del efecto en partidos individuales, más allá del efecto neto. Si el PRI pierde un voto en favor de la abstención o del voto nulo, por ese voto nulo (y sólo por ese voto nulo) incrementa la proporción de votos de todos los demás partidos, pero el incremento es mayor mientras más grande sea cada partido. Entonces, en la próxima elección, si el PRI pierde votos por abstención o anulismo, el principal beneficiario de esos votos será el PAN. Entonces, cuando un grande se ve perjudicado, el más grande del resto se ve más beneficiado.

  3. La cuestión es más sencilla y directa: Quienes anularemos nuestro voto sabemos que no incidiremos numéricamente en los resultados electorales. No es nuestro objetivo. Es un sistema hecho a modo para beneficiar a la clase política, repartiendo más el pastel de las prerrogativas del poder y económicos. Lo que nos proponemos es, mediante una acción individual y colectiva, que pretendemos sea masiva, ejercer consciente, responsable y activamente nuestro derecho y responsabilidad ciudadana de expresarnos en los asuntos públicos, rechazando, denunciando este sistema de complicidades y corrupción para restarle legitimidad y recuperar la soberanía de nuestro voto. No es la solución, no resuelve los problemas de México, nunca se ha dicho ni se ha pretendido semejante despropósito.Su acción apenas plantea el problema de cómo oponernos de manera consciente y decidida a esta manipulación y farsa de la voluntad ciudadana.

  4. Desligitimar a las Instituciones es el primer paso ,el INE se encuentra en la encrucijada de su historía los votantes han tomado conciencia los cambios se escriben con sangre o hay Institución que garantice esa transición, por lo tanto hay que deslegitimarla …aqui en México os cambios deben ser con sangre