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Las novelas de Álvaro Mutis sobre Maqroll me interesan en muchos niveles; aunque por definición constituyan obras de ficción, no hay nada falso en ellas. Mutis mismo sostuvo que él jamás había hecho notas o versiones de estas historias, que él sólo las escribía cuando ya estaban en su cabeza listas para ser contadas. Siento una fuerte empatía con él, ya que mis novelas protagonizadas por Sailor y Lula (las cuales son hasta ahora ocho) han sido escritas del mismo modo. En las aventuras de Maqroll están presentes una espontaneidad y una vitalidad tales que dan lugar confortablemente a la erudición, al erotismo y lo salvaje; pasajes completos en pos y a través de un mundo que nadie sino un viajero arriesgado como Mutis podría tramar. Nada está demasiado elaborado o es trillado aquí, en este universo tan hermético como la Yoknapatawpha de Faulkner. Maqroll el Gaviero, Ilona, Warda, Iturbi, Abdul, Jamil y los otros no pueden escapar del “intrincado laberinto de la irremediable odisea de (Mutis)”, tal como el propio creador de estos personajes ha expresado. De las novelas de Mutis, mi favorita es La última escala del Tramp Steamer, que es una gran, incluso monumental historia de amor contada “con la lenta, meticulosa intensidad de la gente que no sabe lo que va a ocurrir mañana”. Conrad, Dickens, García Márquez, incluso Poe, están presentes aquí, pero sólo como observadores, asintiendo con la cabeza, brindando su aprobación. Yo no conocía a Mutis, pero hablé por teléfono con él una vez, cuando estuve en México. Estaba cerca del final de su vida y me dijo que ya no podía hablar inglés, así que me aventuré con decisión armado de mi español precario, con el propósito de escuchar la voz real del mismísimo Gaviero, que se encontraba hacia el final de su viaje a sabiendas que navegaba en un Mar Rojo hacia el océano de la inmortalidad. Si esto suena grandilocuente, hay que recordar la frase final de Un bel morir: “Sus ojos, muy abiertos, quedaron fijos en esa nada, inmediata y anónima, en donde hallan los muertos el sosiego que les fuera negado durante su errancia cuando vivos”. No exagero al decir que en mi estimación por Mutis es tan grande que le guardo un lugar cerca de la cabecera en la mesa del panteón de los grandes escritores del siglo XX, y de cualquier otro siglo. Y digo cerca porque creo que Mutis coincidirá conmigo en que el Viejo Testamento de la versión de la Biblia del rey Jacobo es la madre de toda la novela, el parabrisas, y el resto de todos nosotros, escritorzuelos, simples insectos pegados en él. Cuando llegue la lluvia, seremos removidos con facilidad. Pero las palabras de Mutis tienen la suficiente dureza para dejar una huella.

3 de octubre de 2013

 

Barry Gifford
Narrador, poeta y guionista. Ha colaborado en publicaciones como The New Yorker, Esquire, La Nouvelle Revue Française, Rolling Stone, entre otras. Es autor de títulos como: Perdita Durango, Las cuatro reinas y El padre fantasma.

Traducción de Juan Manuel Gómez