Semejanzas del qunvar

Del mnemoferonte o qunvar se sabe apenas que no es exactamente una araña, si bien tiene los mismos rasgos y las mismas ansias de la araña. Vive en la ciénaga y teme lo mismo a las langostas que a los cazadores de ponzoña. No sabemos con certeza mucho más: el resto son sospechas, imaginaciones contrapuestas que se revuelven en las arenas movedizas del miedo.

Dice el Tafsu Kalbi que, en tiempos del profeta Daniel, pobló el mundo una araña con rostro similar al de una niña, a la que llamaron q’nvar. Al principio ese animal había sido creado para sembrar la concordia entre la gente; pero un día cierto q’nvar distraído encimó las memorias de dos hombres muy distintos, inyectando en un príncipe de Israel los recuerdos de un tirano macedonio al que había picado primero. Fue así que el príncipe confundió sus lealtades: se hizo llamar Antíoco, arrasó los templos y persiguió a su propio pueblo. Entonces el profeta Daniel oró, refiriéndose al q’nvar: ¡Oh, Señor, llévate a este confundidor de las memorias de los hombres y destruye a su progenie como él ha destruido a tu pueblo! Dios escuchó y envió una plaga de langostas al Mar de Galilea. Nada quedó del q’nvar sino su nombre en las súplicas del profeta y en la cicatriz que dejó en los israelitas de haber causado el yugo impío de los macedonios.

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Cuenta por otro lado Zamakhshiari (pero Alá sabe más) que hubo en el Nilo de anchas aguas un arácnido de gran poder pues al picar desmemoriaba a los hombres asfixiándolos en el miasma del olvido. Los magos del faraón elevaron también sus plegarias, y los dioses recluyeron a la araña en el abismo, más allá de los volcanes de Sicilia. A partir de entonces el kunva-ar, nombrado así por los escribas de aquel reino, ha desaparecido.

Asimismo, la Historia de Jair dice que el qunvar se extinguió desde la cuarta encarnación del inmortal Enoc, porque éste anunció: Destruirá el Señor la potestad de la araña que revienta la presa del olvido. Enoc había tenido un sueño y dijo que esa misma noche, mientras todos dormían, un mocadén del monasterio de Panthaleimón había sido picado por una mala bestia, y que sus recuerdos se le habían venido encima en alud. Acudieron todos al monasterio y vieron que era cierto lo que había anunciado el profeta. De allí a poco supieron que el picado mocadén podía recordar enteras las fórmulas de su tarika, así como las cosas que iba leyendo y reviviendo, lo cual dio una alegría confusa a sus guardíes. Pero luego repararon en que el buen hombre comenzaba a disparar en tales necedades, que en muchas igualaban a sus pasadas discreciones. Notaron también que su maestro remembraba mucho pero razonaba poco, pues cada imagen que acudía a su cabeza llegaba inflamada en el recuerdo de cada ocasión que antes la había recordado, y así, hasta el infinito. Día tras día la memoria sin olvido del mocadén se iba quebrando como un cristal rebosante de imágenes irrepetibles y únicas; la avalancha de sus propios recuerdos le arrebató el sentido de la duración arrojándole en un presente que era ya puro pasado y corrompido porvenir; la memoria tarantulada de su vida se inclinó sobre su ahora, y tanto presionó contra la esclusa de su conciencia, que acabó por romperla: de repente el mocadén ya no pudo contener las nimiedades ni los horrores de antaño, de modo que sus recuerdos más preciados se mezclaron finalmente con un millón de menudencias que bien quisiera él haber olvidado para siempre.

Así, de tanto recordar lo recordado y de tanto resentir lo no deseado, al mocadén se le blanqueó la barba, y su cuerpo se le secó hasta quedarle en carne momia. Poco pudieron hacer sus guardíes para salvarlo, si no atrapar a la traidora araña y conducirla hasta el lecho donde agonizaba el mocadén. Al ver al qunvar el mocadén entregó el alma, y la araña, entristada por haber matado a un hombre santo, desapareció del mundo.

 

He estudiado estas versiones encontradas del qunvar, y creo que es un engaño tenerlas por una misma criatura cuando en realidad se trata de tres monstruos distintos. Cada una de las historias que he contado da a su qunvar atributos disparejos y hasta opuestos: la picadura del primero inyecta en unos hombres los recuerdos robados a otros hombres; la del segundo provoca el olvido, y el tercero consume al enfermo por causarle un exceso de recuerdos.

Para salir de este casi común error conviene que trate de estas tres diversas alimañas basándome en hechos libres de duda, certificados en otros testimonios y relatos. Estad, pues, atentos a lo que diré de los qunvar, tal como me ha sido transmitido por gente digna de crédito, con permisión del Altísimo.

La Araña de la Sal

He aprendido del nabí Asram que en tierras anatolias hay una araña cuyo veneno destiñe la memoria, potencia ésta atribuida principalmente a muchas víboras y raíces. Su tamaño es el de un higo, y es un insecto blando y con lunares; tiene las patas delanteras cortas y el rostro similar al de una esfinge; describen su cabeza como blanca, no púrpura; y no blanca simplemente, sino más que la leche. Esta araña, dicen, avanza lenta y sin dar saltos; por encima del buche tiene su aguijón, el cual hinca en los talones de quienes cosechan sal roja en los lagos. Pero Dios Todopoderoso ha creado la langosta, capaz de vencer a esta Araña de la Sal: la langosta aguarda a que las aguas del lago se deshinchen, aferra al qunvar por el lomo de forma que no pueda picarle, y no lo suelta hasta ahogarlo. Pero si la araña pica primero a la langosta, ésta olvida su hambre, olvida incluso que es langosta y la deja ir.

Después de picar a los hombres, la Araña de la Sal se hunde a descansar muchos años en el fondo del lago: a falta de alguien que la quiera, se refugia en el lodo y en su remordimiento. Pero su aguijón queda en los pies de los pescadores, y aunque lo extraigan, su veneno permanece. La ponzoña del qunvar trepa por la vena femoral y alcanza la cordial; pronto llega al cerebro, el cual se gangrena y reblandece. En menos de seis horas quien ha sido mordido sufre sofocaciones y duerme dos días como duerme el cerdo con el mordisco del escorpión; luego despierta como si nada hubiera pasado, pero casi enseguida comienza a olvidar los nombres de las cosas, y después los nombres de sus hijos y su mujer, hasta que olvida su propio nombre. Finalmente, quien ha sido mordido por esta alimaña se olvida de respirar y le sobreviene la muerte. Lo último en soltarse de su memoria es la impresión borrosa de que un insecto le picó cuando buscaba no sabe qué en un lago cuyo nombre no recuerda. Cuando se le abre la cabeza, el cerebro aparece podrido aunque huele a jazmines o a limadura de hierro.

Hay otras señales del aguijonazo de la Araña de la Sal: una es que el enfermo derrumbe al suelo la mirada cuando alguien toca el alelí; otra, que busque despeñarse de altos almenares o atalayas, lo cual suele ser mortal.

 

El veneno de la Araña de la Sal es muy buscado. Hay quien lo usa para aligerar la carga de los recuerdos ingratos, como dicen que hicieron los compañeros de Odiseo en vecindad de los lotófagos. Se cree que Artajerjes hizo embarrar con ese mismo veneno el busto del vil Eróstrato, para que nadie lo recordase por haber quemado el templo de Artemisa.

Otros procuran el veneno de la Araña de la Sal para hacer daño a sus enemigos. Esta bárbara canalla tiene un método muy curioso de destilar la ponzoña: cuando cazan al bicho, lo penden de la cola y ponen bajo sus fauces una batea donde recogen el veneno que gotea el aguijón; el líquido se espesa, y diríase al verlo que es resina de mandrágora; cuando muere la araña, los envenenadores ponen otra batea donde recogen un segundo humor parecido a la baba, el cual dejan reposar tres días hasta que se coagula.

Difieren entre sí ambos humores porque el primero es negro y el segundo ámbar, pero del ámbar peculiar de los males biliares. Y difieren también por sus efectos: quien beba el primero sufrirá violentas convulsiones, después sopor, y su memoria licuada se le saldrá por los oídos; en cambio, quien pruebe el humor ámbar que fluyó del cadáver de la araña, rebajado con miel y en dosis que no alcancen la magnitud de una semilla de sésamo, podrá olvidar sin daño algunos malos tragos de su pasado. Muchos capitanes disolvieron con esta rara ambrosía sus recuerdos de los horrores de Troya y alcanzaron gracias a ella una muerte digna en la serenidad del Altísimo.

 

La Araña de la Sal es enemiga jurada de los turcos pero respeta a los kurdos, que son inmunes a su mordedura y saben curar a quienes la sufren. He aquí su método: si algún kurdo llega (porque ha sido llamado o por acaso) antes de que el enfermo haya comenzado a abofarse, y si se enjuaga la boca con leche de cabra y se la da a beber, el enfermo se curará.

Corre la historia de que los kurdos someten a los herederos al trono a una prueba muy severa: meten a la criatura en una cesta llena de Arañas de la Sal de la misma forma que un orfebre examina sus piezas de oro poniéndolas en el fuego, y las arañas al instante se aproximan irritadas amenazando al niño; si las arañas, tocadas por el niño, se retraen y languidecen, querrá decir que el infante es de veras kurdo y podrá ser rey.

Kurdos y turcos aseguran que la Araña de la Sal muerde sólo a veces y porque sí, acaso sólo para recordar que en otros tiempos fue una bestia de cuidado. Su mordedura tiene algo de consuelo. Bien mirada, esta araña es un ser benévolo con un pasado tormentoso, y es apreciada y temida por ser mayordoma de la desmemoria. De ahí que los jueces turcos lleven efigies de tales alimañas bordadas en sus turbantes para significar su imperio por encima de la memoria y el olvido.

La Araña Cenagosa

En Tesalia hay un pantano que no es perenne. Allí medra otra variedad de qunvar: la llaman Araña Cenagosa, ya porque vive en el pantano, ya porque su mordedura produce un aluvión lodoso de memorias, o por alguna otra razón.

Por su aspecto este qunvar recuerda a la Araña de la Sal, de la que apenas se le puede distinguir por un manchón blanco que tiene en el abdomen. Pero en los hábitos son animales muy distintos, y en sus efectos, contrarios: mientras la Araña de la Sal inyecta olvidos, la Araña Cenagosa mata por exceso de recuerdos. Por eso los árabes la llaman Asesino Memorioso.

Esta araña desova en la boca de los lagartos. Cuando el lagarto traga, los huevos entran en su estómago, donde se empollan. Y cuando los hombres comen lagarto, el qunvar se adentra en ellos y les ataca la desmemoria.

Las hembras del qunvar salen por la orina, pero los machos se quedan pegados al estómago de quien los ha comido, como una solitaria, hasta que acaban de destruir el olvido, que dicen que es como un dique que nos protege de la pesadilla de la memoria pura. Luego el macho sale en las heces y regresa al fango; allá busca a su hembra, la preña y usa el olvido que ha hurtado a los hombres para fecundar más huevos. Dicen también que, por haber tragado olvidos humanos cual si fueran cosa confortativa, el macho es devorado por su hembra, pues podría olvidarse de que los huevos son suyos y querría comérselos.

He leído en Al Dabi que los mordiscos de esta Araña Cenagosa exhalan un hedor intransitable, al punto de que nadie puede acercárseles. Dice el mismo cronista que quien es mordido por esta araña siente primero una punzada en el corazón; que el flujo de su orina mengua, y que los recuerdos se vuelcan sobre él anublándole la vista. Después de esto el enfermo siente cómo se le despierta una exaltación de la memoria banal parecida a la que priva en ciertos sueños o en ciertos sonambulismos. Así, la víctima comienza a vivir cada instante de su vida presente como si la soñase, y a revivir cada átomo de su pasado como si ahora mismo lo estuviese viviendo; nota además que no puede salir de lo particular ni de lo individual, por lo que atribuye a cada imagen una fecha exacta en el tiempo y un lugar preciso en el espacio, reparando sólo en qué sentido la imagen concreta es distinta de las otras. En menos de tres meses el enfermo acaba de perder enteramente su aptitud para pensar ideas que no sean particulares, y vaga por la vida apartado de la capacidad humana de abstraerse, así como del ordinario transcurrir del tiempo. Finalmente el mordido por la Araña Cenagosa muere agobiado por sus recuerdos y por los recuerdos de esos recuerdos, que se amontonan en su cabeza empujándole al infierno atroz de la memoria pura.

 

Los duros árabes tienen a la Araña Cenagosa por criatura de buena suerte: la llaman zalum, y a sus larvas zaal. Los tesalios cantan proverbios sobre aquellos que tienen buena memoria: Se ha tragado un zalum o Ha soñado que comía un lagarto. Piensan también que comer fiambre de lagarto mejora la condición de los desmemoriados, aunque el veneno del zalum no tenga siempre efecto igual sobre quienes lo comen. Cuando la Araña Cenagosa muerde de noche, dicen los tesalios, el olvido tarda en extenderse, y los picados por ella parecen en efecto muy sabios durante unos días, hasta que los carcome la avalancha de sus recuerdos, como al mocadén de la historia.

Cuentan en otra parte los kirgushim que, si se atan las patas de esta araña al pie de un desamorado, éste recordará cosas horribles de su amada, y dejará de añorarla. Añaden que el campo donde se entierre el cadáver de un qunvar se volverá yermo, y que la Araña Cenagosa, recocida en vino, arranca a los simples del pozo de la estupidez suntuosa, si bien provoca pesadillas en los viejos.

Qunvar tercero

Hay una tercera variedad de qunvar, la más hábil y la menos señalada. Nadie está seguro de saber si vive en el agua o en las marismas. Y no se asemeja a las otras arañas; parece más bien un escarabajo. Tiene el aguijón largo, con muchas espadillas, que usa para copiar primero los recuerdos de un hombre e inyectarlos después en otro. Cuando ataca conserva en sus vesículas los recuerdos que ha copiado. Este qunvar no tiene ponzoña ni parece de peligro, pues aquellos a quienes copia los recuerdos no sufren malestar ni daño; en cambio, quienes reciben de ella recuerdos ajenos pueden enloquecer hasta quitarse la vida.

En el Jami’u u-l-Hikayat se lee que este qunvar es mayor que un abejorro, y con cuernos. Tras picar busca a su hembra y le entrega los recuerdos que ella necesita para criar sus larvas como la Araña Cenagosa usa del olvido para criar las suyas. A veces su agobiante carga de recuerdos la enreda en los juncos y la mueve a picar a los cazadores que la atacan pensando que es una Araña de la Sal. Ésta es la alimaña que según los hebreos enloqueció a Antíoco con las memorias de un macedonio.

Los gitanos levantinos conocen la manera de atrapar a este animal y de extraerle los recuerdos que ha copiado de los hombres. Para atraparlo buscan primero un escarabajo común, le pintan una mancha en el abdomen y lo ponen allá donde ha de pasar el qunvar. Llega éste, muerde al escarabajo pintado y se embriaga con sus recuerdos, de modo que cree ser también un escarabajo. Entonces los gitanos lo capturan y se lo llevan para tasajearlo y apropiarse de los recuerdos que cargaba en sus vesículas.

Cuenta El libro de los piadosos que los hashishim aprendieron esta arte gitanesca y la usaron para conocer los secretos y los miedos de sus enemigos. Un día liberaron muchas de estas arañas en el harén del sultán de Jabah; pero cuando los destriparon, vieron que con los recuerdos de su enemigo estaban también los de sus resplandecientes concubinas, y los hashishim se confundieron en una borrasca lascivia.

Los gitanos son más sabios que los hashishim, pues usan las vesículas del qunvar para hacerse inmortales: cuando un gitano viejo va a morir dejan que lo muerda un qunvar y pasan sus recuerdos a un niño pequeño. Por esta misma razón dicen que no es prudente inyectar a un muerto los recuerdos que haya robado esta variedad de qunvar.

Araña última

Estas son las tres especies de qunvar de las que puedo dar fe que existen por habérmelas descrito personas honradas. Hay otras que dejo fuera de lo razonable porque sus testigos no pueden darse por fidedignos. Por ejemplo, no acabo de creer que exista un qunvar que reúna a los anteriores, y que pueda, a su entera discreción, borrar la memoria y desmantelar la presa del olvido y trasladar recuerdos copiados de un hombre al cerebro de otro hombre. Los drusos, que son insidiosos y figurativos, invocan esta cuarta especie de qunvar omnipotente, y aseguran que no es araña ni escarabajo sino un hombre transformado por sus pecados en insecto. De ahí que tenga voluntad como los hombres y que la ejerza para apocar la salud del género humano. Sobre este negocio han dicho los drusos: Cuando el hombre ruin no encuentra lugar entre sus pares, lo busca entre la más baja de las arañas.

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Con voluntad del Altísimo, este inverosímil animal podría lo mismo desmemoriarnos que anegarnos en recuerdos o confundirnos con memorias ajenas. El autor del Aja’ibu-l-Makluzat dice que, cuando el hombre ruin alcanza cinco años de ser este insecto, le salen colmillos, vesículas y ojos llameantes de gran alcance; con los años siguen saliéndole vesículas hasta sumar setenta, y el qunvar aprende a guardar en ellas los recuerdos y los olvidos que va robando y copiando; y cuando el daño que hace alcanza a un hombre justo o a un rey, Dios Misericordioso arroja a esta araña en el abismo. Pero también en el abismo pululan los colmillos y los sáculos del qunvar, de modo que exceden los siete mil. Por fin, cuando el qunvar cumple un siglo en los infiernos le brotan dos espinas arrojadizas como las del catoblepas, y su ira sale como saeta del infierno y vuelve al mundo para encender guerras entre las naciones.

Antes de olvidar nosotros esta carcoma del pensamiento, antes de dejar a esta araña que sin ser araña nos recuerda el horror de toda araña, cabe anotar dos cosas: primera, que Gregorio Nacianceno afirma que el qunvar es la única vía para conocer el nombre de Dios; y segunda, que las ancianas drusas aseguran que el infierno es la contemplación eterna de esta araña, de modo que la eternidad del dolor consiste en la alternancia de los recuerdos ajenos y propios que guarda en sus vesículas, las cuales forman los recuerdos de todos los hombres. Ignoran estas viejas malmiradas que el infierno no es otra cosa que la imposibilidad de la memoria y del olvido.

Ignacio Padilla
Narrador y ensayista. Su más reciente libro es: Los reflejos y la escarcha.

 

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