Alakrana es un barco atunero vasco que fue secuestrado durante varios meses por piratas en 2009. Su tripulación de 36 marineros a bordo permaneció durante 47 días en las costas de Somalia. Casi cinco años pasaron para que el principal responsable fuese detenido. Fue algo inverosímil lo que sucedió en octubre de 2013 entonces con Afweyne —el Bocazas en lengua somalíe—, Mohamed Abdi Hassan. Las autoridades de Bélgica lo buscaban por el secuestro de uno de sus barcos, cuyos tripulantes parmanecieron 70 días como rehenes. Así decidieron iniciar una paciente estrategia para que sus agentes infiltrados consiguieran su confianza con el señuelo de que filmarían una película para contar las aventuras del corsario en alta mar.

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Aunque Bocazas era protegido por las autoridades de Somalia según la ONU, dio su brazo a torcer y decidió recientemente abandonar la piratería pensando en convertirse en ¡estrella de cine! Incluso conminó a otros piratas a entregar las armas y naves que tuvieran en su poder. Sobre su personalidad dice mucho haber sido invitado en otro tiempo por quien fuera el líder libio Muamar Gadafi cuando celebró sus 40 años en el poder. Seguro de sí mismo por el estrellato que se le ofreció, abordó con su compañero Mohamed M. A., alias Tiicey, el avión que lo condujo a Bruselas en donde finalmente fue detenido.

Habría estado más alerta para no caer en la trampa si hubiese visto el filme Argo de Ben Affleck (2012), en donde se cuenta la historia de cómo fueron liberados los diplomáticos de la embajada de Estados Unidos en Irán el 4 de noviembre de 1979, en uno de los conflictos más agudos cuando ese país se reislamizó. La estrategia fue la de simular la filmación de una película de ciencia ficción para infiltrar a los agentes que lograron sacarlos con éxito de ese país.

Como si se tratara de otro tiempo, la piratería aparece de vez en cuando por los remotos mares que rodean a la región petrolera más grande del mundo entre Somalia, Yemen, Kenia y Tanzania, en una de las rutas estratégicas para el comercio de ese bien estratégico. Desde el pasado se tiene noticia del funcionamiento de los piratas, por ejemplo, en 1801 el puerto de Trípoli fue bloqueado por Estados Unidos para interceptar a los “piratas berberiscos” que secuestraron la fragata Philadelphia que encalló allí; los tripulantes fueron capturados y se exigió rescate por ellos, cuenta  Neil Mac Farquhar en Hezbolá le desea feliz cumpleaños.1 Los piratas no han dejado de actuar pero la racha más reciente tiene escasos años. El 18 de noviembre de 2008, el diario El País informó del secuestro por piratas somalíes del carguero saudi Sirius Star con dos millones de barriles de petróleo y 25 tripulantes en las aguas del Índico. Se trataba de ciudadanos británicos, croatas, filipinos, polacos y saudíes, aunque no se temía por su vida porque por lo general el objetivo no es liquidarlos sino lograr una fuerte suma por su rescate. Sólo en ese año acumularon cerca de 24 millones de euros.

El superpetrolero se dirigía a Estados Unidos por la ruta del Cabo de Buena Esperanza debido a que sus 325 metros de eslora, la longitud que ocuparían cinco aviones Boeing 747, y su calado le impedían hacerlo por el Canal de Suez. Se trataba del mayor barco asaltado y apenas lanzado al mar en marzo de ese año. El lugar de los hechos se ubica lejos del golfo de Adén a unos 830 kilómetros del puerto de Mombasa, Kenia, rumbo por el que más de 80 navíos fueron atacados, el doble de los afectados en 2007 durante el mismo periodo.

De acuerdo con los servicios secretos internacionales, Somalia se considera un Estado fallido desde el fin del régimen dictatorial de Siad Barre en 1991, seguido por una “cadena de guerras entre clanes y secesiones territoriales que han hecho del país un feroz territorio para el reclutamiento y la formación de grupos afines a Al-Qaeda”.2 Se le llama país en ausencia de un término que exprese lo que acontece en ese violento territorio donde las tribus hacen de las suyas controlando diferentes territorios. Por ello desde allí se auspicia la piratería que resulta tan buen negocio.

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El ministro saudí de Relaciones Exteriores, el príncipe Saud al Faisal comparó a la piratería con el terrorismo, “enfermedad que nos afecta a todos y todos debemos combatir juntos”.3 Como sea, se trata de marinos expertos, con buena información y bien armados los que están al frente de ese lucrativo negocio.

Debido a las prácticas de los piratas en abril de ese año un carguero japonés atacado con lanzagranadas echó al mar varias toneladas de crudo y los piratas lograron capturar a un carguero con 33 carros de combate a bordo. La OTAN ha establecido un sistema de vigilancia por esos mares transitados por 20 mil vehículos y por donde pasa el 30% del petróleo consumido en Europa.

En 2009 la fragata Nivose de la marina francesa detuvo a 11 presuntos piratas somalíes en el Océano Índico, donde un carguero estadunidense fue víctima de un ataque de “represalia” por la muerte de tres secuestradores en una operación organizada desde Estados Unidos. La embarcación de los corsarios transportaba 17 tanques de 200 mil litros de combustible y dos lanchas de ataque.

En otra ocasión en esos que parecen episodios de novela, los piratas encabezados por su jefe Abi Garad dispararon lanzacohetes y armas automáticas contra el carguero Liberty Sun. La embarcación fue la cuarta atacada en apenas 24 horas y su jefe declaró: “nosotros teníamos intención de destruir ese buque de bandera estadunidense y a su tripulación, pero lamentablemente escaparon por poco”.4

Transitaba un amanecer de abril por el Golfo de Adén el portacontenedores Maersk Alabama de Estados Unidos cuando fue abordado, aunque no fue fácil. Se trataba de un enorme buque de 17 mil toneladas con 400 contenedores de alimentos trasladados de Djibuti a Mombasa. Era apenas una de las 25 mil embarcaciones comerciales que anualmente hacen el trayecto por el Canal de Suez hasta el Océano Índico para unir Europa con Asia. Una ruta milenaria para el comercio de la seda y de otros productos de Oriente.

Cuatro piratas somalíes persiguieron al Alabama en una lancha rápida por varias horas; armados con sus AK-47 controlaron finalmente a los 20 estadunidenses que componían la tripulación y fue plagiado su capitán Richard Phillips. Retenido cinco días fue rescatado en una acción por un equipo de las fuerzas especiales NAVY-SEAL (alusión a mar, tierra y aire) de su país. La mañana de su liberación se avistaron 30 barcos de guerra de más de una docena de las marinas más poderosas del mundo, enfrentaron a los somalíes hasta lograr el rescate del capitán Phillips. Por primera vez los piratas se habían enfrentado a un barco estadunidense que pudo ser liberado.

El hecho de que no exista un comando único ha permitido la existencia de cuando menos 10 flotas actuando en forma separada, lo cual redunda en beneficio de los piratas. El corredor de seguridad de casi 400 kilómetros que estableció la Unión Europea fue descubierto pronto. Alguna experiencia deben tener quienes han heredado la tradición de un negocio que asola esa ruta desde tiempos inmemoriales. 10 millones de dólares ha costado que los barcos se atrevan a realizar el peligroso viaje a Mogadishu. Ni las fuerzas navales de la OTAN formadas por la Unión Europea, India, Rusia, Corea del Sur, Japón, China, Malasia, Kenia y otros países, han impedido que entre 2008 y los inicios de 2009 la piratería hubiera crecido un 300%.5

Con el capítulo del Maersk Alabama la actividad de los piratas disminuyó para recuperarse casi de inmediato y para los primeros cuatro meses de 2011 habían sido atacados 78 barcos cuando el año anterior apenas 67 estuvieron en ese caso y 217 en 2009. Hasta esa fecha 545 ambarcaciones han sido atacadas y 25 de ellas  permanecían en poder de los piratas y por los rescates consiguieron 60 millones de dólares.6

La piratería en esa zona del Océano Índico tiene a su favor la extensión que equivale a la de Europa Occidental y al refinamiento de las técnicas de abordaje porque ahora utiliza como soporte buques nodrizas de los ya secuestrados, así los piratas pueden alejarse cada vez más de la costa. Muchos cuentan ya con ordenadores portátiles, radios y localizadores GPS, lo cual ya no parece tan sofisticado. La mayoría de ellos procede de Somalia donde sólo 17% de la población sabe leer y escribir, apenas 30% tiene acceso al agua potable y 78% carece de acceso a la salud. 

Desde 2009 unos 400 barcos han sido atacados en la República de Seychelles. Se trata de un archipiélago de 115 islas, a mil 300 kilómetros de Somalia, situación que no sólo favorece a la piratería sino a sus posibles vínculos con terroristas. Los islamistas de Al-Shabab han crecido y se mencionan sus vínculos con Al-Qaeda.

El Bocazas, el más temible de los piratas aprendido a finales de 2013 por el secuestro del Alakrana, fue vencido por sus afanes de saltar a la fama en Hollywood. Algo que probablemente no hubiera sucedido de haber esperado al estreno de la película Capitán Phillips (2013) de Paul Greengrass, con Tom Hanks en el personaje protagónico. En ella se relata la liberación del capitán y el rescate del gran Maersk Alabama para mostrar al mundo los recursos armamentísticos que Estados Unidos y los países que le apoyan pueden poner en juego cuando se trata de la defensa de los recursos naturales que extraen del Oriente, aunque parezca que lo único que querían era proteger la vida de uno de sus ciudadanos.

Si el Bocazas hubiera visto esas películas habría entendido mejor lo que sucede cuando un aventurero como él, apoyado por jóvenes aprendices de mercenarios, cree que aún es posible vivir del negocio de la piratería en el siglo XXI, pero por lo visto los piratas no van al cine, pues el Bocazas se perdió las dos películas clave para estar alerta y mantenerse activo en su oficio.

 

Carlos Martínez Assad
Historiador. Es investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Entre sus libros: En el verano, la tierra, El camino de la rebelión del general Saturnino Cedillo y La ciudad de México que el cine nos dejó.