Desagregación del bucle. Oigo estas palabras continuamente mientras cruzan por el aire las leyes secundarias de telecomunicaciones. Tiempo atrás era de preguntarse cómo entrarían a la Consti cosas como must-carry y must-offer. (Lo ideal sería mexicanizarlas de una vez: moscari y mosofer.) Ahora esto del bucle. Lo oí también como desagregación del rizo. Más allá de entender de qué se trata, es un caso de involuntaria poesía legislativa. Otro problema serán sus siglas en español: DDBL; es decir, Desagregación del Bucle Local (o DDRL, si se opta por Rizo). En inglés, LLU, por Local Loop Unbundling. No entendí ni lo de Local ni lo de Unbundling, pero sí lo de Loop. Fui a mi viejo diccionario Velázquez Inglés-Español (mientras más viejos ambos, más lo corroboro: no es un diccionario sino una obra maestra) y me encuentro: “Loop [lup], s. 1. Anillo, gaza, lazo; ojal, presilla.  2. Curva, comba de cualquier clase.  3. (Mec.) Abrazadera, anilla”. Quien dude del Velázquez podrá ir a lo siguiente: desde hace años hay una colorida derivación del cereal de nombre Fruit-Loops. Aterrizado fue en los hogares mexicanos como frutilupis. De modo que si, por un lado, la traducción adecuada de loop no era ni rizo ni bucle, por el otro la naturalización de esa palabra para las leyes mexicanas lleva harto camino andado: desagregación del lup o, para mayor mexicanización, del lupi.

Ahora bien. Este 2014 se cumplen 300 años de la publicación The Rape of the Lock, el poema de Alexander Pope. Es un poema heroicómico que trata del rapto de un (aquí sí) bucle o rizo, utilizando subrepticiamente el arma terrible de una tijera, que un prometido le hace a su prometida antes de casarse; fue motivo de anulación de una boda entre las clases altas inglesas del siglo XVIII. Quizá lo único que entendí respecto a la ley de telecomunicaciones es que para algunos se tratará efectivamente de El rapto del bucle.

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El Chacal mató a De Gaulle. No recuerdo en qué parte de su obra periodística Gabriel García Márquez refiere su encuentro con el novelista, autor de Los días del Chacal. Le dijo que esta novela sólo tenía un defecto. Forsyth le preguntó, entre anhelante e intrigado, cuál era. “Que El Chacal no mata a De Gaulle”. Forsyth se alarmó: no podía ser; De Gaulle no murió asesinado. García Márquez: “Y eso qué importa. De usted haberlo escrito, el tiempo se encargaría de dejar en claro que El Chacal había matado a De Gaulle”. Pienso, así, que desde el 16 de abril de 2014, día de la muerte de Gabriel García Márquez, entre otras modificaciones de la realidad puede quedar debidamente asentado que El Chacal mató a De Gaulle.

 

Dos testamentos. Los enredados en la fantasía de que Shakespeare no escribió Shakespeare sino que fue otro el autor de las obras, aducen como una entre las pruebas el hecho de que su testamento fuera una especie de decepción, como escrito por un estúpido sin drama ni brillo autoral. En su maravilla de dos paginitas y media, o 600 palabras (sin contar el título), Everything and nothing, Borges se refiere al “árido testamento” de Shakespeare como el de alguien que excluyó “deliberadamente cualquier rasgo patético o literario”. Encuentro ahora en el prólogo de Margarita Peña a una nueva edición de La verdad sospechosa y La cueva de Salamanca de Juan Ruiz de Alarcón (Universidad Veracruzana, 2012), que el dramaturgo novohispano hizo lo mismo. Leemos: “Juan Ruiz fallece el 4 de agosto de 1639, en Madrid. En el largo testamento no hay mención alguna a los escenarios, sus comedias y los personajes” (no sus personajes, sino los personajes de la canalla teatral y literaria de entonces) “que lo atormentaron. Lo podemos leer como una especie de responso final en que el hombre se despide en paz consigo mismo y con el mundo”. Los casos testamentarios de Shakespeare y Alarcón evidencian que el asunto es al revés de lo esperado: la prueba de que un gran escritor hizo un testamento sería precisamente la abstención literaria. Lo otro, hacer “literatura de testamento” hablaría por un impulso de mal escritor.

 

Luis Miguel Aguilar
Poeta y ensayista. Entre sus libros: Pláticas de familia (disponible en ebook), Las cuentas de la Ilíada y otras cuentas y El minuto difícil.