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Poeta. “Ser poeta no es una ambición mía. Es mi manera de estar solo”: Fernando Pessoa. (Aforismos, selección, traducción y prólogo de José Luis García Martín, Renacimiento.)

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Mosquitos. Hay tanto que citar de alguien tan grande como José Emilio Pacheco (1939-2014) y tanto ya citado que prefiero contar la entrañable anécdota de la última vez que pude disfrutar su erudición y sus ocurrencias. Fue durante el festejo por el homenaje que le hicieron a Cristina Pacheco en Bellas Artes. Tras una elegante comida, tuvimos la fortuna de que viniera a sentarse a nuestra mesa. Además de quejarse de que se había quedado sin peluquero y preguntarme si le podía conseguir uno a domicilio, se rascaba intensamente los tobillos. Sabemos que su estilo era original, como todo en él. Me contó que estaba lleno de piquetes de mosco. Yo le dije que se embarrara limón y le pasé un limón partido. Se lo frotó, sintió alivio y me dijo que era un remedio maravilloso que había de adoptar. Y luego: “¿Sabías que los mosquitos que pican son las hembras?”.

Novela. En el libro Leer o no leer y otros escritos (“dieciséis reseñas y ensayos de Virginia Woolf inéditos hasta la fecha en español”). Woolf escribió: “Una buena novela es cualquier novela que le hace a uno pensar o sentir. Tiene que meter el cuchillo entre las junturas del cuero con el que la mayoría de nosotros estamos recubiertos. Tiene que ponernos quizás incómodos y ciertamente alertas. El sentimiento que nos produce no tiene que ser puramente dramático y por tanto propenso a desaparecer en cuanto sabemos cómo termina la historia. Tiene que ser un sentimiento duradero, sobre asuntos que nos importan de una forma u otra. Una buena novela no necesita tener trama: no necesita tener final feliz; no necesita tratar sobre gente simpática o respetable; no necesita ser lo más mínimo como la vida tal como la conocemos. Pero tiene que representar alguna convicción por parte del escritor”. (Abada Editores, edición de María del Carmen Espínola, traducción de Miguel Ángel Martínez-Cabeza, 2013.)

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Aprender. António Lobo Antunes, durante la conversación que sostuvo con Antonio Jiménez Barca a propósito de su libro más reciente, Sobre los ríos que van, le confesó: “Es que los comienzos de los libros son terribles. Recomenzar, recomenzar… A veces me entretengo escribiendo a la manera de Scott Fitzgerald o Gómez de la Serna o copio páginas de otros para aprender. Copio, qué se yo, de Balzac. Así aprendo”. (El País, 24-01-2014.)

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Once. El investigador brasileño Gustavo Pacheco reunió en Aguafuertes cariocas las crónicas inéditas de Roberto Arlt sobre su estancia en Río de Janeiro, allá por los años treinta: “Hace un calor de andar en paños menores por la rua. Y a las once de la noche cada mochuelo está en su olivo. ¿Se dan cuenta? ¡A las once de la noche, cuando en la calle Corrientes la gente se asoma a la puerta de los bodegones para empezar a hacer la digestión! […] Decía que aquí a las once de la noche todo el mundo está en la cama. Alguno que otro trasnochado pasa con cara de perro por la Avenida Río Branco. Debe estar mal de la cabeza. ¿He dicho que algún trasnochador pasa? Bueno; está bien, trasnochador ¡de las once de la noche! El sujeto se garufea hasta las diez y cuarenta, y a las diez y cincuenta raja para su casa. Y hace un calor como para pernoctar en la acera. Y todo el mundo encamado. ¿Conciben ustedes una tragedia más horrible que ésta? ¿Acostarse a las once de la noche? Porque, ¿qué va a hacer, dígame después de esa hora? ¿Medir el ancho de las calles, la longitud de la vía, el kilometraje del estuario?”. (Adriana Hidalgo, 2013.)

Vanos: “Somos tan presuntuosos que quisiéramos ser conocidos en toda la tierra, e incluso de gente que ha de venir cuando ya no existamos. Y somos tan vanos que la estima de cinco o seis personas que nos rodean nos agrada y nos contenta”: Pascal. (“Contrariedades”, en Pensamientos.)

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Fatwa: Delta de las arenas (Literal Publishing, 2013) es una original antología que reúne a autores latinoamericanos de ascendencia árabe o judía. Uno de ellos es Naief Yeyha quien colaboró con el cuento “Zulu”: “Ese día estaban matando perros por las calles. Sucedía siempre que algún multioportunista redescubría que eran animales sucios y lanzaba una fatwa. Esos días no salía a la calle, me sentaba en el piso, entre mi cama y la pared con Zulu, mi viejo rottweiler que apoyaba su hocico sobre mis piernas y se quedaba tranquilo a pesar del ruido de las balas y los gritos desquiciados que entraban como un vendaval por la ventana rota. Me ocultaba ahí, a un metro y medio de la ventana que daba a la calle porque me sentía protegido por los muros de ladrillo y a la vez podía oír claramente lo que pasaba afuera, donde a veces hasta muy noche escuchaba los alaridos de delirio, las carcajadas histéricas, los ladridos y los gimoteos agónicos de las víctimas…”.

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Cielo. “Las secretarias se maquillan de prisa,/ tulipanes somnolientos en la estación equivocada./ El sol dora las cosas que se ven para que parezcan otras./ Los autos cortan la respiración a las leyes de la poesía/ y salen a la calle con su temperamento nervioso./ Alguien me espera con la sonrisa puesta/ y un olor a puta fina en el hotel del cielo”. (Margarito Cuéllar, “Hotel del cielo”, Las edades felices, Poesía Hiperión, 2013.)

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Exilio. “Fueron ellas. Las muñecas me echaron de mi cuarto, sin más contemplaciones. Una dama parisina de porcelana me comunicó que se había decidido por unanimidad, en el último cónclave. Lo siento, pero no sabes quedarte tan quieta como deberías. No eres lo suficientemente eterna”. (“Exilio”, Patricia Esteban Erlés, Casa de Muñecas, ilustrado por Sara Morante, Páginas de Espuma, 2012.)

Dandi. “Pasa Baudelaire” es uno de los poemas más recientes de Gustavo Cobo Borda, incluido en Poesía reunida. 1972-2012 (Tusquets): “He pasado la tarde/ pensando en Baudelaire./ Errante por las calles de París/ va un dandi de suelas rotas/ quien saborea palabras/ como opio y láudano. También ajenjo, entre azúcar y menta./ Acaricia odaliscas en baños turcos/ y la grupa levantada/ aguarda el verso que las hará estremecer./ En el Louvre hay pinturas/ que contrastan demasiado/ con la judía tísica,/ con la corsita de medio pelo./ Para eso sirve la imaginación./ Sólo que entre el hollín y la nieve/ se extienden islas perezosas/ donde criollas de pelo recogido,/ como si recién dejaran el baño/ replican con agudo ingenio./ Al fondo aroma la palabra tamarindo./ Perfumes azules sobre pies de 38 años/ abren las mañanas o enervan la noche./ Húndete en lo oscuro/ (cabellera o pubis)/ para encontrar lo nuevo/ pues Eldorado o Citerea/ se van degradando./ Tu rostro ya cuarteado/ en las primeras fotografías de Nadar./ Hay fascinación de la caída/ en buhardillas que crujen/ y huele mal la ropa interior./ La rabia es fría/ y a los 46 años el poeta afásico/ verá cómo su Musa Negra en muletas,/ desaparece en una esquina del bulevar”.

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Gustar. Comenta Jonathan Franzen en su libro de no ficción Más afuera (tradución de Isabel Ferrer, Salamandra, 2012) que “por gentileza de Facebook” ha ocurrido una transformación de este verbo. “[…] ha pasado de ser un estado de ánimo a una acción realizada con el ratón del ordenador: de un sentimiento a una declaración de la elección del consumidor. Y en la cultura comercial ‘gustar’ es, por lo general, sucedáneo de ‘amar’. Lo llamativo de todos los productos de consumo —y de ninguno tanto como de los aparatos electrónicos y sus aplicaciones— es que están diseñados para gustar enormemente. Ésta es, de hecho, la definición de un producto de consumo, a diferencia del producto que es sencillamente él mismo y cuyos fabricantes no están obsesionados con la idea de que nos guste, como es el caso de los motores de avión, el material de laboratorio, el arte y la literatura serios”.

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Hendrix. “Cuando tocas con los dientes tienes que saber lo que estás haciendo si no quieres hacerte daño. En todas partes me cuentan que una banda se disfrazó como nosotros y el colega intentó tocar la guitarra con los dientes, que salieron disparados por todo el escenario. ‘Eso te pasa por no lavarte los dientes’, les digo. Nunca me he roto nada tocando, pero una vez pensé, por supuesto, para un número freak out, en ponerme pedazos de papel en la boca antes de la actuación y, después, escupirlos como si fueran los dientes que se me estuvieran cayendo”: Jimi Hendrix. El libro Empezar desde cero (traducción de Raquel Vicedo, Sexto Piso, 2013) lo armó el cineasta Peter Neal con material audiovisual e impreso, como base para su documental sobre el músico estadunidense.

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Bicicleta. En Una mosca en la sopa, las memorias de Charles Simic publicadas por Vaso Roto (traducción de Jaime Blasco, 2010) está su recuerdo de El ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica: “A lo largo de los años he visto la película unas cuantas veces más, y siempre pienso lo mismo: éste es el aspecto en blanco y negro, granuloso, de mi infancia. El tranvía un domingo a primera hora de la mañana, por ejemplo, cuando acompaña a los camiones de la basura en su ruta. O el mercadillo de ladrones bajo la lluvia. O la cabeza de caballo inclinada y enmarcada en la puerta de la trattoria. Los músicos del interior me recuerdan a los prisioneros italianos que vinieron a casa pidiendo comida. Así es la película entera. El mundo desde el punto de vista de un pobre niño de la ciudad”.

Karma. “Torreón estaba colombianizado, tamaulipizado. Pero a esta tierra, en lugar de rebautizarla parcera o bukimente, comenzamos a llamarlo Teorronistán, porque el Territorio Santos Modelo fue la sede de la selección de Uzbekistán durante el mundial sub 17, y no por Afganistán, como creen muchas personas. Aunque el paisaje desértico, la guerrilla narcourbana y las palmeras drogadas de sangre refuerzan la sensación de encontrarnos en algún punto del Medio Oriente. […] De tanto mentarlo, un día mi hija me preguntó: ‘Papi, qué es Teorronistán’. No pude responderle. No supe explicarle lo que nos sucedió unas horas después. Salimos al súper. Eran las cinco de la tarde. Y nos topamos de frente con un retén militar en Juárez y Colón. En pleno centro. Mi hija se asustó. Se quedó inmóvil en cuanto vio a los guachos. No es ninguna novata, es una veterana escuchadora de ráfagas, a sus casi seis años. […] Tuve que obligarla a cruzar por un costado del retén para que entendiera que no sucedería nada. Dile adiós a los soldados, le dije, como hacíamos cuando pasaba un camión y agitaba la mano saludando al chofer. Para que se relajara. Pero no se animó. La militarización es improcedente. Estuve tentado a decirle a mi hija: Esto es Teorronistán. Fue entonces que entendí una de las razones por las que me decidí a escribir sobre Torreón. Para explicarle a mi hija todo lo que no podía entender. Para que si un día me desaparecieran o me encontraran muerto supiera por qué. Para que conociera los motivos por los cuales sus padres actuábamos como lo hacíamos. Y nos poníamos histéricos al sacarla a la calle”: fragmento de “This is Teorronistán”, una de las demoledoras y desoladoras crónicas que escribió Carlos Velázquez en el libro El karma de vivir al norte, Sexto Piso, 2013.

Torre. El 31 de marzo de 1899 se inauguró en París la torre Eiffel. “Émile Zola, Guy de Maupassant, Paul Verlaine y Alexandre Dumas, entre otros, habían firmado un manifiesto en el que protestaban con todo vigor e indignación, en nombre del gusto, del arte y de la historia de Francia, contra esta torre monstruosa e inútil”. (Agenda Literaria 2014, Alba.)

 

Delia Juárez G
Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir y coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas y Anuncios clasificados.