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Bueno, a fin de cuentas todo aquel que se burla tiene razón. Parece una contradicción que el acto de burlarse o hacer mofa esté relacionado con la razón. Las definiciones de razón pueden ser históricas, instrumentales, trascendentales y más, pero dejemos eso de lado y mantengamos la idea de que la razón es parecida o similar a la lógica. Y me parece muy lógico que aquel que se burla tenga razón. Es decir: es razonable que quien se burla sea razonable. ¿Por qué? Sólo a un loco puede importarle el porqué de las cosas. Las cosas son como son y si hablamos sobre ellas es para entretenernos y pasar el rato. Pasar el rato puede ser una experiencia amarga o placentera, y por ello es importante que el lenguaje nos lleve por buenos rumbos y obtengamos de la vida más placer que amargura. El lenguaje sumado a la buena voluntad son capaces de construir mundos más habitables. Lo sabemos, pero de ambos ingredientes anda escaso el mundo. Diógenes se burlaba de los poderosos y prefería estar tirado bajo el sol que recibir los favores del rey. Los dadaístas no confiaban en la palabrería de la conciencia ni en los círculos filosóficos, mucho menos en la trascendencia del arte: ellos simplemente se burlaban. Y si alguien argumentaba en su contra se burlaban todavía más, porque quien los enfrentaba no había comprendido nada de nada. Quien buscaba hacerlos caer en una contradicción fracasaba pues a los dadaístas los argumentos les despertaban la risa. Ellos se fundían con la realidad, con todo aquello que es el caso y con su propio respirar. El peso de la lógica no pesaba sobre sus espaldas: era liviano.

En su célebre manifiesto, Tristan Tzara da una definición de lo que es explicar: “Explicar: diversión de los vientres rojos con los molinos de los cráneos vacíos”. Y en su Manifiesto sobre el amor débil y el amor amargo nos dice que uno es igual a maleta y que octubre es igual a periscopio. Estas tonterías ¿son serias?, se preguntará cualquiera, como yo lo hice hace muchos años. Estas absolutas sandeces ¿poseen una profundidad que se me escapa? ¿Quieren decirnos algo que nuestros cráneos vacíos no logran aprehender? La verdad es que no lo sé y me importa muy poco. Nadie va a descifrar el mensaje porque el mensaje está diseminado, roto, absuelto, desaparecido. Lo que, acaso, llego a comprender de manera más seria es que ante la muerte uno se queda mudo. La risa de la muerte hace parecer que mis preocupaciones o problemas más importantes sean grotescos, nimios, pierdan valor, se tornen arena y tomen una dimensión ridícula. Ya me veo sentado a la mesa —con mis libros de Husserl, Williams y Rorty a un lado de mi antebrazo—, explicándole a la muerte la importancia de los conceptos, las estadísticas y los valores humanos. “Señora muerte, es posible que usted no se haya dado cuenta de lo siguiente: todo lo que puede ser es lenguaje”. O algo aún más inadecuado: “Señora muerte, permítame expresarle los fundamentos de nuestras leyes civiles y exponer en esta mesa las razones por las que no hemos podido progresar moralmente”. ¿Qué haría esta señora mientras escucha tan profundas y, por supuesto, urgentes y legítimas cavilaciones? Se burlaría, pelaría los dientes, sí, incluso es posible que aceptara de nuestra parte un café o consintiera a escucharnos un rato con el propósito de divertirse un momento y seguir su largo camino entre las cosas vivas, pero cualquiera que fuera su respuesta o su conversación llevaría impregnada en sí no la tragedia, sino la burla, la mofa, el escarnio. ¿O es que alguien todavía espera a Godot? Claro, la humanidad entera continúa aguardando la llegada de Godot. ¿No es un acto ridículo éste? ¿No despierta a la risa? Samuel Beckett escribió una gran obra de teatro, metafísica y bla bla bla, pero sobre todo se estaba burlando, no él, no Beckett a quien no conocí en persona y de quien no voy a deducir intenciones a la ligera, sino la obra, el texto mismo se burlaba de manera intrínseca de la tragedia. Vladimiro y Estragón, los personajes de Esperando a Godot, saben que no se puede hacer nada más, que lo han intentado todo, que la gente es tonta y que sólo les resta esperar a Godot.
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El que se burla tiene razón. Sí, acepto este hecho como fundamental y por ello me causa placer escuchar la risa socarrona, el “argumento” lúdico, el relativismo mordaz, la “tontería” metafísica. John Dewey estuvo influido por Nietzsche, y Richard Rorty por los relativistas; y ambos filósofos, Dewey y Rorty, escribieron con finalidades muy prácticas: intentar que la filosofía y la política no fueran sólo palabrería hueca y se viera reflejada en actos concretos, comunes y civilizatorios. Cuando uno acepta la burla como indiscutible y se da cuenta de que todo es palabrería hueca, entonces puede tomarse algunos asuntos en serio. De lo contrario estará esperando a Godot toda su vida, o dictando verdades, o siendo coherente y creyendo en lo que dice (esto último es de risa). Se puede construir mundo sin creer en su existencia. México es un paraíso donde practicar la risa en todos los aspectos, pues por más solemnidad y seriedad intelectual con que se revisten nuestros análisis de la realidad (lo que eso quiera decir) y su puesta en escena, las cosas no andan muy bien, nada bien.

 

Guillermo Fadanelli
Escritor. Entre sus libros: Mis mujeres muertas, Mariana Constrictor y Hotel DF.

 

3 comentarios en “La burla

  1. La burla puede ser sarcástica o divertida, depende a quién esté dirigida. La primera se dirige comúnmente a quien e consideramos ingenuos, tontos o bien a nuestros contrarios en política o en cualquier circunstancia de la vida, por eso la burla sarcástica no en tiene sustento objetivo, en ella domina la subjetividad pura. Me burlo del otro porque yo tengo la razón.
    La burla divertida puede estar motivada por el enojo o
    simplemente por el deseo de reírnos del otro aunque no sea nuestro contrario. Nos burlamos para pasar un rato agradable, pensando en que aceptamos que el

    otro puede hacer lo propio respecto de nosotros.
    Los dos tipos de burla aplican, fácilmente, para un
    buen grupo de la clase política mexicana. Disfrutamos
    hacerlo por venganza, y por la simpleza con la que
    actúa. Por venganza para corresponder a la burla de hemos sido objeto por parte de ellos.

  2. Por supuesto que la burla esta ligada a la razón. La burla ante el absurdo, la incoherencia y la locura impregnan los procesos de evolución de la conciencia. El ser en su su afán por declararse existente ha desarrollado mecanismos tan intrincados que han hecho de la vida algo imposible o por lo menos despreciable.