Núms. 0-27. México. Publicación del Taller de Literatura del CEFOL, Tepic 71, Colonia Roma, D.F. 1975-1977.

Surgida del Taller de Literatura del Centro de Estudios del Folklore Latinoamericano, esta hoja literaria, dirigida por Ricardo Yáñez, apareció quincenalmente entre diciembre de 1975 y enero de 1977, es decir participó del “auge” de publicaciones periódicas de jóvenes poetas en México.

Si bien todas estas publicaciones han sido de por sí laterales a la industria editorial -lo cual se prueba por su solo tiraje, independientemente de cualquier registro o costo de edición-, existen diferencias pronunciadas entre ellas. La fundamental es que unas cuentan con apoyo externo y tienen formato, extensión y distribución de revista, otra son “autosuficientes” -es decir, carecen de recursos- y tienen forma de cuadernillo u hojas de precaria distribución.

El ciervo herido fue una hoja marginal que no cedió a los afanes de autoexpresión y autopromoción; a diferencia de casi todas las otras publicaciones de jóvenes, el promedio de colaboraciones supera por mucho de autopublicaciones. Esto no significa que su preocupación primordial fuera “dar oportunidad” a escritores jóvenes; desde los primeros números fue notoria su tendencia a no publicar cuaquier autor por la simple razón de su juventud o su cercanía amistosa.

Los poemas y textos de los editores (Isabel Quiñónez, Enrique Balpa, Eduardo Langagne y el mismo Ricardo Yáñez) aparecen junto a colaboraciones de Carlos Prospero, Elena Milán, Ricardo Castillo, José Joaquín Blanco, José Emilio Pacheco, Jorge Alejandro Boccanera, Agustín Hernández, Mario Santiago, Roberto Bolaño, José Manuel Rivera, Adolfo Castanón, Alejandro Aura, David Huerta y otros.

Por ello, antes de pensar en El Ciervo Herido como una publicación de jóvenes, se le debe considerar una publicación de poesía.

Algunos números de gran calidad -como el 12, que incluye fragmentos de “Canta el noctámbulo” de Juan Manuel Rivera y un soneto de Ricardo Yánez- son entorpecidos por otros desiguales -como el 4, donde se publican algunos poemínimos insufribles que el autor hizo bien en no firmar-. Los contrastes entre uno y otros dan sin embargo un promedio favorable a la literatura. Números dedicados a la difusión de obras poco frecuentadas, como los números 25 y 26 (poesía lacandona y poesía joven argentina respectivamente), dieron consistencia a la empresa divulgadora, la más fuerte que llevó a cabo El ciervo herido, y que adquirió relieve con la creación de una editorial y la publciación de dos libros: El pobrecito señor X de Ricardo Castillo (el cual no sólo introdujo al autor jalisciense en México sino que fue uno de los libros de poesía más significativos editados en 1976), y La ciudad tan personal de José Joaquín Blanco. Estos libros cayeron en la marginalidad de la propia hoja literaria, marginalidad que significó entre otras cosas el que gran parte del trabajo y sus resultados hayan pasado inadvertidos. 

El ciervo herido se preocupó más por ser una publicación de múltiples colaboradores que la tribuna secreta de un grupo de amigos; prefirió la diversidad de voces a la repetición de la voz propia; ofreció un espacio abierto en lugar de un cuarto cerrado. Y es natural que a sus hojas las siga llevando y trayendo el viento.

Jaime Moreno Villarreal