Edición del Centro de Reflexión Teológica, A.C. Augusto Rodin No. 355, México 19, D.F.

Confesaremos aquí, con el jacobinismo propio de una educación jesuita, nuestra meditada aunque involuntaria desatención a los vaivenes y las actualizaciones ideológicas del clero mexicano y latinoamericano. La misma palabra “clero” suena extraña para clasificar la actividad editorial e intelectual y la militancia de estos grupos que han encontrado en el marxismo y en la teología de la liberación -pero sobre todo en la cruda realidad social del continente- una alternativa de acción crítica y de revisión de sus posiciones tradicionales. Christus ha sido desde su fundación (1935) una revista pensada para dar un servicio a la jerarquía eclesiástica mexicana: obispos y sacerdotes; a la vuelta de los años ha terminado siendo el órgano oficial de las Diócesis de Ciudad Juárez, Ciudad Obregón, Ciudad Valles, Cuernavaca, Huejutal, Papantla, Tabasco y el Vicariato Apostólico de la Tarahumara. Está lejos entonces, hoy como en la época de su fundación, de alentar en su seno un impulso anticonstitucional o de pretender dispararse fuera de los marcos de disidencia tolerados por la jerarquía a la que presta sus servicios. ¿Quién en su sano juicio jesuita podría exigirles o esperar otra cosa? Pero las voces y los temas de Christus están lejos también de retener los ecos que la historia de México ha conocido en los intereses y las resistencias de su clero tradicional. Tratemos de imaginar, si no, al obispo poblano y decimonónico, Don Antonio Pelagio de Labastida y Dávalos (o, para el caso, al buen y reciente cardenal Garibi Rivera), metiendo en sus Cartas Pastorales o sus boletines diocesanos temas como los que Christus puso en sus páginas durante el año de 1977: “La homilía como acto de dominación” y “La predicación, ¿ideología de la dominación? (enero), “La muerte de Jesús y la liberación” (marzo), “Concentración urgana: crisis del capitalismo” (mayo), “La relación cristianismo-marxiso, una cuestión de práxis” (septiembre), “El problema de los cacicazgos” (enero), “Fe, justicia y pueblo” (agosto, octubre), etc.

El último número de Christus (febero, 1978) incluye un amplio informe comentado sobre “La declaración de la Comisión Teológica Internacional sobre la Teología de la Liberación” cuyo propósito “es hacer escuchar ampliamente el clamor del hermano pobre y doliente, el lamento que suscitan el hambre, las enfermedades, la explotación injusta practicada en espíritu de lucro, el destierro forzado, la opresión. (…) Para el cristiano iluminado por el evangelio estos ‘signos de los tiempos’ constituyen uno de los más apremiantes desafíos. Lo incitan a desplegar, en nombre de la fe, todos los esfuerzos posibles para liberar a sus hermano de su situación inhumana”.

Christus es una revista bien balanceada. Lleva en el centro un “Cuaderno” que ofrece en cada número un ensayo largo, o varios artículos de análisis, sobre un tema básico: “América Latina y el imperialismo” en el mes de enero de este año. “Evangelización e iglesia en América Latina: en el número correspondiente a febrero tiene una sección de resumen de noticias de prensa cuya eficacia y equilibrio en la valoración es envidiable; una sección de Documentos y entre dos o tres artículos de regular extensión que van comentando en forma preferente los asuntos de la iglesia progresista mexicana y latinoamericana, e introduciendo análisis sobre problemas sociales, económicos y políticos de México. Por último, una sección de crítica bilbiográfica y una síntesis comentada de los pasajes del evangelio que serán leídos en las iglesias durante el mes siguiente.

Al empezar 1978, Christus cambió de domicilio y editor; abandonó el patrocinio de Buena Prensa A. C., que la había cobijado desde su fundación, para integrarse al Centro de Reflexión Teológica, A. C. Con ocasión del cambio, los responsables enviaron a sus lectores un mensaje editorial que puede servir, mejor que ningún otro texto, como autorretrato actualizado:

“El Christus de antes, el fundado en 1935, ya no es el mismo. 43 años de existencia, 43 años de convulsiones, y no simples evoluciones, de nuestra paria. Transformaciones sociales, políticas, eclesiales. ¿Cómo podría ser el mismo Christus en medio de un mundo diferente? Cambiar y sobrevivir, o mejor, morir. Cambiamos junto con él. Y ahora Christus es lo que ustedes conocen. No una revista informativa, cultural, ‘religosa’. Es un espacio de opinión, de impuslo, de creatividad, de crítica. Es también cristiana. Apasionadamente cristiana. Es teológica. A pesar de que para muchos ha perdido uno de estos dos caracteres. Por esta opción, ser palabra cristiana, se ha visto envuelta en el rejuego que acompaña a los cristianos de hoy, a los cristianos insatisfechos, a quienes piensan en México, en su dolor, en su inercia, en su esperanza. Porque Christus no es una revista para cristianos. Es una revista para quienes quieren iluminar su compromiso por una tierra nueva, sean cristianos o no”.

H. A. C.