El enigmático sistema bancario mexicano

Fausto Hernández Trillo y Alejandro Villagómez, El enigmático sistema bancario mexicano, Centro de Estudios Espinosa Yglesias, México, 2013.

Es bien sabido que el sector bancario resulta fundamental en el crecimiento económico de las naciones; no obstante, la evolución de dicho sector depende de variables múltiples y complejas. De ahí la importancia de contar con una mayor cantidad y calidad de diagnósticos en la materia. El libro de Fausto Hernández y Alejandro Villagómez constituye un trabajo de investigación serio y con visión panorámica sobre la situación actual y las oportunidades de crecimiento del sistema bancario mexicano.

Como toda obra de índole general, contiene algunos aspectos reveladores y otros controvertibles; sin embargo, busca guardar equilibrio analítico y aportar información consistente. Por eso, dado su sólido soporte y su carácter accesible, el libro sin duda será útil tanto para los administradores, los especialistas y las autoridades de la banca en México como para cualquier lector que busque una perspectiva general en este tema.

En principio, con base en la teoría y la evidencia empírica, Hernández y Villagómez analizan los efectos de la intermediación financiera sobre las economías y destacan los beneficios de un sistema bancario profundo y eficiente, entre ellos la diversificación y agregación de riesgos, la eficiencia en la generación y procesamiento de información financiera y la disponibilidad de recursos para la inversión. Examinan, además, varios estudios internacionales que confirman la existencia de una relación positiva entre variables como la intermediación financiera y el crecimiento económico, y entre el PIB por habitante y el nivel de crédito al sector privado.

Posteriormente, los autores realizan un diagnóstico de la situación de la banca en México y constatan un rezago respecto a otros países con grados de desarrollo similar. Los autores confirman que el sistema financiero mexicano es menos profundo que el de otras naciones y que aún no proporciona un acceso adecuado a grandes capas de la población, por lo que su reto es ser más profundo e incluyente.

Sobre este rezago relativo son pertinentes dos acotaciones. Por un lado, los niveles elevados de crédito no necesariamente van de la mano con un sistema financiero estable, sano o virtuoso, como lo ha hecho evidente, de forma dramática, la gran crisis financiera global, cuyos centros de gravitación han sido países desarrollados que, hasta hace poco, eran considerados ejemplos a seguir. De modo que si bien es deseable que se genere una mayor oferta de crédito y se incluya a más segmentos de la población en los beneficios de un sistema financiero formal, esta evolución debe ser viable y sostenible.

Por otro lado, el rezago relativo de México proviene, en parte, de las secuelas de una normatividad inadecuada y un entorno de inestabilidad. Así, la débil regulación del sistema bancario, junto con algunas deficiencias de política económica, exacerbó, hacia finales de 1994, la fragilidad de la banca y condujo a una debacle. Fue necesaria la intervención del Estado en la capitalización de las instituciones, la gradual eliminación de las restricciones a la inversión extranjera y el fortalecimiento de la regulación y la supervisión bancarias. Acaso este indispensable saneamiento del sistema bancario retrasó la profundización e inclusión, aunque también ha generado bases más sanas para un desarrollo en el futuro.

Por supuesto, como sugieren los autores, las perspectivas de desarrollo del sector en México se verán muy limitadas si no se revierte el atraso en los factores institucionales y operativos que impulsan al desarrollo de cualquier sistema bancario.

Entre los factores institucionales los autores dan énfasis a la protección de los derechos de propiedad y la información para discernir entre posibles sujetos de financiamiento. En particular, señalan que la protección de los derechos de propiedad es una de las principales deficiencias en nuestro país e identifican como esenciales los registros de propiedad, el adecuado andamiaje legal, la existencia de un aparato que determine la transgresión de derechos, y una estructura ejecutora que haga valer con oportunidad las sentencias judiciales. Por ello, sostienen que la eficiencia del sistema de impartición de justicia es “la reforma estructural madre”.

Por otra parte, entre los determinantes operativos para el desarrollo del sistema financiero, los autores destacan la competencia. No obstante, reconocen las dificultades para llegar a una evaluación definitiva de este factor. Así, por mencionar un ejemplo, señalan que el nivel de competencia no depende exclusivamente del número de participantes, acudiendo al caso nórdico, donde a pesar de que dos instituciones concentran 95% de los activos bancarios, a juzgar por sus ínfimos márgenes de ganancias, éstas parecen competir fuertemente. De ahí que, después de realizar un análisis de concentración en la industria y diferentes segmentos financieros de México, los autores no ofrezcan un veredicto concluyente sobre el grado de competencia con base exclusivamente en el aspecto de concentración, aunque sí recomiendan examinar barreras de entrada y promover la competencia en todos los mercados relevantes en los que incursiona la banca.

Un segundo determinante, clasificado como operativo por los autores, se relaciona con el efecto desfavorable de la inflación sobre el desarrollo financiero. La erosión del poder adquisitivo que implica el crecimiento desmesurado de los precios desincentiva el ahorro, acorta los horizontes de decisión de las empresas y los particulares, e incrementa considerablemente los riesgos para el otorgamiento del crédito. Por fortuna,  el avance de los últimos años en el control de la inflación en México ha reducido sustancialmente este riesgo.

Por último, cabe comentar un aspecto crucial planteado por los autores, referente a la relevancia del origen del capital de las instituciones bancarias en su eficiencia y derrama social. Es interesante advertir que de la evidencia mixta presentada en el libro no parece derivarse una conclusión definitiva al respecto. Este resultado es completamente esperable, ya que las instituciones bancarias, al igual que otros negocios privados, responden al interés de sus accionistas. Si tienen los incentivos correctos, los administradores buscan maximizar la rentabilidad de la empresa y, por ende, si existe competencia y buena regulación y supervisión, el origen del capital debería de ser irrelevante. 

Tras el recorrido por la historia reciente de la banca en México y los aspectos que determinan su evolución, se infiere que la actual fortaleza del sistema bancario representa un logro significativo, pero insuficiente para que las instituciones cumplan cabalmente con su misión y que es indispensable que se avance en los fundamentos del desarrollo financiero sostenible, es decir, mejores marcos legales e institucionales.

Los autores tienen el mérito de ofrecer una visión de largo alcance y de manejar con prudencia un amplio acervo de información. Así, sólo cuando el sustento es irrebatible, ofrecen propuestas de política económica; sin embargo, son muy cautelosos al reconocer que un único estudio no puede ser concluyente, por lo que evitan prescribir remedios simplistas a los problemas.

Por lo demás, un tema como el sistema bancario es tan polémico como complejo. Por eso, su discusión requiere una voluntad de difusión y apertura. Al respecto, sin dejar de ser rigurosos, los autores utilizan una exposición didáctica y un lenguaje sencillo. El equilibrio entre consistencia y fluidez, entre seriedad y accesibilidad que muestra la obra, debe mucho, sin duda, a la larga experiencia de los autores, tanto en la docencia como en el periodismo de divulgación. Esto es relevante, pues les permite salir de la aridez del círculo de los especialistas y brindar herramientas para que un mayor número de lectores se introduzca en la discusión de un tema de tanta importancia para México. Con ello se contribuye a proveer elementos de juicio para un debate más fundado no sólo entre un círculo de enterados, sino entre el conjunto de la sociedad. n

 

Manuel Sánchez González. Economista. Subgobernador del Banco de México. Es autor del libro Economía mexicana para desencantados.