En la entrega de los Oscar de 1994, Fernando Trueba, el director de Belle Époque, la mejor película en lengua extranjera de ese año, aceptó su premio diciendo: “Me gustaría creer en Dios para agradecérselo, pero sólo creo en [el director de cine] Billy Wilder. De modo que gracias, Billy Wilder”. “Me estaba preparando un martini y lo oí por televisión”, dijo Billy. “Se me cayó la botella de ginebra de las manos”. Cuando al día siguiente sonó el teléfono de Trueba, la voz que estaba al otro lado de la línea dijo simplemente: “Soy Dios”. Billy Wilder le bromeó a Los Angeles Times que habría preferido que Trueba “no hubiera dicho aquello. La gente empezaba a santiguarse cuando me veía”.

Fuente: Ed Sikov, Billy Wilder. Vida y época de un cineasta (trad. Vicente Campos), Tusquets Editores, Barcelona, 2000.