Un perro único

Resentido luego de un pleito con Voltaire en 1760, el filósofo Jean Jacques Rousseau sólo podía sentirse totalmente cómodo con una criatura: el perro que le habían regalado cuando el animal “era muy joven, poco después de mi llegada al Hermitage, y al que he puesto el nombre de Duque; título que  merecía, sin duda, mucho más que la mayoría de quienes lo llevaban”. Rousseau se lo cambió por el de Turco, para evitar ofender a su amigo Montmorency-Luxembourg, que era duque.

En 1761 Turco sufrió un accidente y hubo que sacrificarlo. Rousseau se mostró inconsolable: “Aunque el pobre Turco no era más que un perro, poseía sensibilidad, altruismo y buen carácter. ¡Ay!  Como Ud. dice, ¡cuántos presuntos amigos no valen lo que él!”. Varios corresponsales de Rosseau le expresaron su comprensión y le hablaron de buscar un sustituto. El mariscal le dijo que la única posibilidad que había visto hasta entonces era “demasiado bonita” para el gusto de Rousseau, quien, totalmente desconsolado, le pidió que desistiera: “Lo que debo tener no es otro perro sino otro Turco, y mi Turco es único. Las pérdidas de este tipo son insustituibles. He jurado que, de aquí en adelante, mis actuales afectos, sean cuales fueren, serán los últimos”.

Fuente:  David Edmonds y John Eidinow, El perro de Rousseau (trad. José Gil Aristu), Ediciones Península, Barcelona, 2007. (Rousseau tuvo otro perro que en 1766 lo acompañó a su exilio en Inglaterra invitados por el filósofo David Hume. La imagen del barco que iba de Calais a Dover: “Entre los pasajeros había dos hombres, un diplomático británico [Hume] y un refugiado suizo [Rousseau], que se habían conocido en París unas tres semanas antes. El refugiado iba acompañado por su amado perro Sultán, pequeño, de pelaje marrón y cola ensortijada. El diplomático se hallaba en su camarote, torturado por el mareo. El refugiado permaneció toda la noche en cubierta; los marineros, congelados, se maravillaron de su resistencia. De haber naufragado, el barco se habría llevado al fondo del Canal de la Mancha a dos de los pensadores más influyentes del siglo XVIII”.)