Las matemáticas, dijo un profesor de nombre James Byrnie Shaw en 1918, son una especie de antigua sequoia del conocimiento, enraizada en los trabajos y el aprendizaje de los muertos: “Su follaje está en la atmósfera de la abstracción; su florescencia es el estallido de la imaginación viva. Desde su cumbre vertiginosa el genio emprende el vuelo, y en su verdor opulento sus devotos encuentran una fiesta perpetua”.

Fuente: Harper’s, septiembre 2013.