Desde nuestra posición privilegiada (frente al pasado) sabemos qué científico acertó y cuál se equivocó vergonzosamente. Qué inocuo, por ejemplo, nos parece hoy alguien como Pettenhoffer. Pettenhoffer era un doctor que combatió con ferocidad los descubrimientos sobre los poderes patógenos de la bacteria. Cuando Koch descubrió el bacilo del cólera, Pettenhoffer se tragó en público un tubo de ensayo completo de esos desagradables microbios para demostrar que los bacteriólogos, al mando de Koch, eran peligrosos mitómanos. Esta anécdota obtiene un brillo particular por el hecho de que no le pasó nada a Pettenhoffer. Conservó la salud y despectivamente alardeó de su triunfo hasta el fin de sus días. El porqué no se infectó sigue siendo un misterio para la medicina. Pero no para la psicología. De tiempo en tiempo aparecen gentes que tienen una resistencia fuerte y particular a los hechos obvios. Ah, qué placentero y honorable no ser un Pettenhoffer.

Fuente: Wislawa Szymborska, Nonrequired Reading (trad. del polaco por Clare Cavanagh), Harcourt, NY, 2002.