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El leno no es más que un comerciante de esclavas, casi siempre extranjero. Regenta un prostibulum, una casa de tráfico de mujeres, y desempeña el oficio de alcahuete, el lenocinium. Es un sujeto despreciado, sin posibilidad alguna de acceder a funciones públicas, y no puede esperar ni la ayuda ni la protección de las leyes. Cualquier trato con un leno es considerado indigno de un ciudadano romano, ya que el leno carece de derechos cívicos; se le tiene por “infame”. La prueba nos la da el pretor romano Q. Metello, quien ha “consagrado su degradación”. En efecto, cuando el leno Vecillo reclamó  su derecho a la posesión de unos bienes que le había legado un ciudadano, Metello se lo denegó argumentando que un ser tan impuro no merecía el apoyo de las leyes.

Para conseguir más dinero y regalos, el leno anima a las prostitutas con el señuelo de su emancipación:

Vosotras, las mujeres —dice un leno en el Pseudolus de Plauto—, escuchad mis órdenes. Vosotras que lleváis una vida muelle en el lujo, la suavidad y la voluptuosidad con hombres importantes, quiero saber ahora quién de vosotras trabaja para comprar su libertad, quién para su vientre, quién para sus bienes, y quién para su tranquilidad. Hoy voy a decidir a quién emancipar y a quién vender… Que vuestros amantes me llenen hoy de regalos. Porque, si no me traen provisiones para todo un año, mañana seréis mujeres públicas. Sabéis que hoy es mi cumpleaños. ¿Dónde están los que os aman como a la niña de sus ojos? ¿Los que os llaman “mi vida, mis delicias, mi dulce beso, mi tetita, mi muñequita de miel?”. Que se presente ante mi puerta un tropel de portadores de regalos. ¿Por qué tengo que daros vestidos, joyas? ¿Por qué tengo que satisfacer vuestras necesidades? ¿Qué saco yo de vuestro trabajo aparte de complicaciones, pandilla de inútiles? ¡Lo único que queréis es el vino para mojaros la panza mientras que yo me quedo en ayunas!

El discurso no admite equívocos; si las prostitutas no se comportan con docilidad, serán abandonadas en una pergula, un lugar infame de perdición donde se juntan las prostitutas demasiado feas o demasiado viejas.

Fuente: Violaine Vanoyeke, La prostitución en Grecia y Roma (trad. Guadalupe Rubio de Urquía), Editorial EDAF, Madrid, 1991.