Christian Duverger tiene, entre los historiadores profesionales en México, lo que llamaríamos “mala prensa”, reforzada por el carácter litigioso de su libro más reciente: Crónica de la eternidad. ¿Quién escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España? Le critican no haber leído todo lo escrito, caer en largas digresiones y narrar como si estuviera escribiendo una novela. Dejo a los eruditos debatir las tesis y los números y me detengo en una idea que vista sin tanta pasión me resultó brillante.

La historia de la conquista de México es también la historia de un fenómeno de nexos, redes, afinidades y comunicaciones impensables antes de la aparición del libro impreso. Un solo ejemplo: el notable éxito editorial de las Cartas de relación que Cortés envía a Carlos V directamente en mano de los dos soldados nombrados procuradores del Ayuntamiento de la Villa Rica de la Veracruz, cargados de regalos y peticiones. Una primera carta está perdida pero la segunda fue impresa en Sevilla, y reimpresa en Zaragoza en 1522, publicada en Amberes y en Nuremberg, traducida al latín, al italiano y al flamenco en 1525. Resultado: cuatro mil ejemplares. Cifra insólita para la época. Como dato al margen, no olvidemos que en 1525, en París, Jean Charpentier inaugura en su vinatería una librería donde se permite la lectura de libros en voz baja y en tertulia, mientras se siga consumiendo.

prohibido

La tercera y cuarta Cartas de relación, escritas para ser leídas como episodios continuados de tan singular epopeya, no gozaron de la misma suerte. Hernán Cortés fue declarado autor prohibido y se ordenó la quema de sus libros. Duverger llama la atención sobre ese fenómeno narrativo casi premediático. El impacto en el imaginario fue contundente. Todos los libros escritos sobre ese episodio en el siglo XVI y en los años subsecuentes tienen un “aire de familia”, y domina desde entonces la secuencia de los hechos aunque estén narrados con el estilo ampuloso de Gómara o a la manera desenfadada de Bernal

La idea de Duverger es que Cortés, autor prohibido desde 1525, sabe muy bien que su vida y hazañas podrán ser contadas de otra manera o incluso borradas de la historia por órdenes del rey. Y para que eso no suceda, escribe de nuevo, entre 1543 y 1546, una versión de los hechos, esta vez contados desde el nosotros colectivo de la tropa. En ocasiones anteriores Cortés usó la forma comunicativa que utilizan los jefes militares frente a sus ejércitos: invertir el Nos de la majestad por el nosotros de los soldados, como cuando envió a Carlos V una carta donde sus soldados lo nombraban capitán y pedían al rey ratificar ese nombramiento.

Un ejemplo que sitúa bien el cambio de época en la comunicación política a la que nos referimos se ilustra con el caso de Paulo Jovio, inventor del concepto de museo en su villa a orillas del lago Como. Ahí se propuso reunir en galería la pinacoteca de los hombres ilustres y falto de recursos inventa un esquema de suscripciones, o como hoy diríamos, apela al mercado y convoca a quienes aspiren a codearse con los ilustres de la antigüedad a enviar una pintura y pagar la parte correspondiente de la publicación de un libro de lujo.

El año de la crisis parece ser 1542. En esto Hugh Thomas en su libro Conquest. Moctezuma, Cortes and the fall of old México también coincide. 1542 es la fecha de publicación de las Leyes Nuevas, y con ellas del derrumbe de las aspiraciones señoriales de los conquistadores-encomenderos que Cortés interpreta como un despojo a su persona. Ése es también el año del retorno de Cortés a España para encontrarse que el emperador Carlos V tiene la mirada volcada hacia su guerra sin final posible frente a Francisco I, sus conflictos con el papa Clemente y solo piensa en preparar a Felipe para la regencia y negociar su matrimonio con la infanta de Portugal antes de abdicar. No tiene ningún interés en las tierras americanas ni en sus riquezas míticas ni en la hazaña de Cortés. Cortés deja de tener interlocutor. De ahí en adelante la comunicación y el comercio quedarán en manos de los oficiales administradores de la Casa de Contratación de Sevilla. El carácter de Cortés —astucia mejor que fuerza— no tenía cabida en esas nuevas circunstancias.

Es en ese marco que Duverger se pregunta por qué Bernal no tiene una biografía, la historia que se cuenta de él es la de dos manuscritos. Sobre su vida no dejó huellas en documentos administrativos, ni escribió otros textos o cartas. Más todavía, por qué sus compañeros de armas y aventuras nunca lo mencionan. Y sin embargo Bernal sabe todo sobre Cortés: sus intenciones, lo que pensó, lo que hizo y las razones que da para justificar sus fallos. Esas preguntas constituyen el centro del libro de Duverger y por eso han desatado tanto revuelo.

Alejandra Moreno Toscano
. Historiadora.