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Poco después del estreno de la película Los tres cochinitos (1933), los líderes de varias organizaciones judías se reunieron con su creador Walt Disney para expresarle su preocupación sobre una escena en la que el Lobo Feroz se disfraza de un vendedor ambulante hebreo para engañar a uno de los cochinitos y conseguir que le abra la puerta.
Aunque Disney estuvo de acuerdo en quitar la escena ofensiva —el vendedor con sotana, barba y lentes se volvió un simple vendedor de cepillos en las siguientes proyecciones de la película—, Disney les insistió a sus amigos que no había intentado más que una broma para Carl Laemmle, su competidor y némesis desde la productora Universal, por sus muchos intentos fracasados de echar abajo la casa del estudio Disney.

Fuente: Marc Eliot, Walt Disney. Hollywood´s Dark Princ, HarperCollins, NY, 1994.