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El nuevo gobierno de México arrancó a tambor batiente. Como prueba de su espíritu reformista, hizo ya una enmienda constitucional en materia educativa y firmó un pacto de 95 compromisos con todas las fuerzas políticas, compromisos suficientes para transformar el país de arriba abajo: el ya célebre Pacto por México.

Cuando los políticos mexicanos quieren probar que sus propuestas van en serio, reforman la Constitución. Es una superstición legislativa. Lo demuestra María Amparo Casar en su rigurosa y risueña revisión de las reformas constitucionales de las últimas décadas. Cambiar la Carta Magna para asegurarse de que las cosas sucedan es puro “fetichismo constitucional”.

Más pragmática, pero no menos típica de la cultura de los políticos profesionales mexicanos, es la creencia en los pactos, el acuerdo de todos, el consenso. Es un hábito ajeno, si no contrario, al más simple y funcional principio democrático de la mayoría. Carlos Elizondo Mayer-Serra y Javier Tello Díaz nos ofrecen dos miradas sobre el Pacto por México, su espíritu, sus alcances, sus límites institucionales y financieros.

fetichismo

   
Precisos como son en la exploración de sus temas, los textos de Casar, Elizondo y Tello van más allá, son también retratos de la cultura política profesional que nos rige.


El fetichismo constitucional
María Amparo Casar

¿Puede aterrizarse el Pacto por México?
Carlos Elizondo Mayer-Serra

¿El imperio contraataca o El retorno del Jedi?
Javier Tello