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Carta del Sr. Paul Surtees: Al igual que Sir David Tang, yo también me enfermé por comer trozos de yak en Mongolia y Tibet (“Agony Uncle”, House & Home, 5 de mayo). Pero ¿cómo negarse, educadamente? Antes de partir luego de una estancia en Kuwait, el amable ejecutivo de cuenta de mi banco local me preguntó: “¿Alguna vez ha comido el camello?”. Como la respuesta fue negativa, tuvo la enorme gentileza de invitarme a su mansión a una cena de despedida. Para mi sorpresa, apareció todo un camello, montado en un enorme montículo de arroz. Seis hombres se necesitaron para cargar la bandeja, la cual depositaron sobre una alfombra enfrente de nosotros. Luego nuestro anfitrión desprendió con la mano los labios del camello, un bocado exquisito según los parámetros locales, pero se parecía demasiado a un trozo de llanta de bicicleta hervida para que me resultara muy apetitoso. Con gran generosidad me lo ofreció. Yo dije que tal honor me sobrepasaba ¡y lo pasé al siguiente anfitrión! Los montones de comida intacta que sobraron se distribuyeron entre los pobres tan pronto dimos por concluido nuestro mejor esfuerzo por consumir (al menos en parte) este raro banquete. Paul Surtees, Hong Kong.

Fuente: The Financial Times,12-13 de mayo de 2012.