Los textos que presentan datos sobre las características de las trabajadoras domésticas destacan, por lo general, su bajo nivel de educación, su condición de inmigrantes en las ciudades donde trabajan, su falta de acceso a prestaciones laborales, su alta participación en el mercado laboral mexicano y la discriminación de la que son víctimas. Este texto no busca ignorar este conjunto de hechos. Las condiciones laborales de este sector de la población deben ser documentadas para promover políticas públicas que aseguren el respeto a sus derechos humanos y laborales.

Pero pensando también en lograr un mejor entendimiento del mercado del trabajo doméstico, este artículo busca llamar la atención de los investigadores y hacedores de política hacia un dato que parece difícil de refutar. La gráfica 1 muestra el salario por hora promedio para trabajadoras domésticas y mujeres empleadas en otros sectores por nivel educativo, de acuerdo con la ENOE (tercer trimestre de 2011). La gráfica 2 muestra el salario promedio de mujeres con un nivel de instrucción menor a preparatoria por tipo de empleador. Es evidente que las trabajadoras domésticas reciben, en promedio, un salario mayor al que reciben personas con el mismo nivel educativo que se dedican a otras actividades. Sólo las trabajadoras en empresas públicas reciben un salario por hora mayor.

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Aquí se discuten algunas de las posibles explicaciones a este dato sin la intención de encontrar una única y definitiva.

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La primera explicación para este diferencial salarial es que, dado el nivel educativo, las mujeres más productivas son quienes se autoseleccionan para ser trabajadoras domésticas. Es importante destacar que esta explicación contrasta con la noción de que las trabajadoras domésticas generalmente carecen de habilidades. Al contrario, sugiere que las trabajadoras domésticas poseen habilidades que el mercado valora.

La segunda explicación tiene que ver con la teoría de los diferenciales salariales compensatorios. De acuerdo con esta teoría, cada trabajo es un conjunto de atributos, y el trabajador está dispuesto a recibir un menor salario por los atributos que le gustan y debe ser compensado con un mayor salario por aquellos que le disgustan. Si las trabajadoras domésticas valoran las prestaciones laborales a las que no tienen acceso (seguridad social, aguinaldo, vacaciones, etcétera), entonces su trabajo actual debería, de acuerdo con esta teoría, compensarlas con un mayor salario.

Pero si el diferencial salarial observado es suficientemente alto para compensar al cien por ciento la pérdida en bienestar de las trabajadoras domésticas por la falta de prestaciones, ¿por qué preocuparnos ante su carencia? Con la seguridad social obligatoria, el gobierno trata de garantizar que los trabajadores estén cubiertos contra ciertos riesgos, como la invalidez y la vejez. Por ello, si las trabajadoras domésticas subestiman la probabilidad de quedar incapacitadas o no logran ahorrar óptimamente para su retiro, podrían encontrarse en una situación precaria cuando se materialicen estos riesgos. La falta de prestaciones laborales para las trabajadoras domésticas en el presente puede implicar, en este caso, altísimos costos en su bienestar futuro.

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El último conjunto de posibles explicaciones que nos gustaría resaltar (aunque seguramente hay muchas más) son algunas de las características de este mercado que sugieren que se encuentra muy lejos de coincidir con los modelos más simples de mercados de trabajo. Estos modelos suponen información perfecta y ausencia de costos de transacción.

El hecho de que alguien que busca contratar a una trabajadora doméstica generalmente sólo contrata a quienes están “bien recomendadas” por amigos o familiares es evidencia suficiente de que en este mercado la información no es perfecta. Este hecho en particular resalta la posible importancia de las redes sociales para que una mujer pueda tener acceso a este mercado. Sólo quien tiene posibilidades de ser recomendada obtendrá un empleo como trabajadora doméstica o conseguirá un mejor salario en este sector. Las implicaciones de este hecho son complejas, pero vale la pena destacar algunas. Primero, las personas sin contactos familiares o sociales en las ciudades a las que generalmente inmigran buscando un empleo deben enfrentar increíbles dificultades para encontrar un trabajo bien remunerado. También existe la posibilidad de que la importancia de las redes sociales limite la movilidad ocupacional de quienes se dedican al trabajo doméstico. Cuando una red social es importante, sus miembros tienen incentivos a fortalecerla. Y para fortalecerla, a veces, deben evitar que las personas que más contribuyen a la misma (por años de experiencia o capacidad) decidan dejarla. Para quien se dedica al trabajo doméstico y lo hace bien, el costo social de dejar de hacerlo puede limitar sus posibilidades de movilidad laboral y social y, en el largo plazo, perjudicarla.

El diferencial salarial observado en los datos, si bien puede sorprender a primera vista, puede explicarse por las características específicas del mercado de trabajo doméstico. Y muchas de estas características sugieren la necesidad de que el Estado regule, atienda o, al menos, preste a este sector del mercado laboral mexicano la atención que merece.

Santiago Fernández.
Estudiante. Realiza una tesis sobre temas relacionados con el sector informal en México.Emilio Gutiérrez. Profesor-investigador del Centro de Investigación Económica del ITAM.

Laura Juárez. Profesora-investigadora del Centro de Investigación Económica del ITAM.