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El nombre candidatus deriva de la toga blanca (toga candida) que vestían, a fin de ser fácilmente identificados cuando realizaban su campaña electoral, aquellos cuya candidatura, petitio, había sido aceptada. No deja de ser curioso que los términos con los que el latín designaba el ajetreo de los candidatos para pedir votos, es decir, sus actividades en periodo de campaña, fueran ambitus y ambitio, vocablos que al final de la república ya adquirieron un significado peyorativo del que dan cuenta, en el último de los casos, las lenguas románicas.

Fuente: Alejandra de Riquer, prólogo al Breviario de campaña electoral de Quinto Tulio Cicerón (Ediciones Sirmio-Quaderns Crema, Barcelona, 1993).