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infierno

Dirección: Luis Estrada
Guión: Luis Estrada y Jaime Sampietro
Reparto: Damián Alcázar, Ernesto Gómez Cruz, María Rojo, Joaquín Cosío, Daniel Giménez Cacho.
Duración: 150 minutos.

Hasta hace muy poco el poder Ejecutivo insistía que la guerra contra el crimen organizado transcurría en el vacío, fuera de cualquier contexto de descomposición social. No sólo eso. En cada oportunidad el secretario del Trabajo hablaba, y sigue hablando, de un México lleno de oportunidades, un México que crea miles de empleos al mes. Desafortunadamente, a esta maravillosa ficción no es a la que regresa Benjamín García, el protagonista de la última película de Luis Estrada, El Infierno.

Después de 20 años de vivir en el gabacho, al Beny lo deportan y al llegar a su pueblo se entera que a su único hermano lo mataron como a un perro por estar metido en el narco. Ahora San Miguel Arcángel es un lugar abandonado que deja cada día su cosecha de ejecutados. El Beny intenta averiguar cómo mataron a su hermano.
Descubre que tiene una cuñada que trabaja en un prostíbulo, de quien se enamora de inmediato. Al mismo tiempo, se da cuenta que la única forma de salir adelante es entrando a los negocios ilegales. Su amigo de la infancia, el Cochiloco, trabaja para el cártel que domina el pueblo y le ayuda a entrar al servicio de don José Reyes. Al Beny le cuesta hacer su chamba. Cada vez que tiene que asesinar a alguien le tiemblan las manos o se desmaya. Sin embargo, el dinero que gana como pareja del Cochiloco le permite comprar una camioneta, poner una capilla-narco para su hermano y mantener a la cuñada feliz, siempre con el sueño de hacer una lana e irse al otro lado.

A través de este planteamiento se desarrolla una sátira política que logra presentarnos la fauna humana que surge cuando el único motor de movilidad social es la ilegalidad. Se trata de un largo fresco nacional que pone al día y en movimiento a los murales de Diego Rivera: cobradores estrafalarios, sicarios indígenas, policías corruptos, curas que bendicen pistolas, políticos cómplices y jóvenes armados que sueñan con ser unos “chingones” son retratados en todo su color y brutalidad. Si bien cada uno de los actores que forma este amplio reparto le da un sabor especial a su personaje, la actuación de Joaquín Cosío es monumental. Gracias a él, el Cochiloco, con su pelotón de hijos, se vuelve un sujeto entrañable. Las actuaciones en general brillan porque están apoyadas en diálogos sencillos y lapidarios que rezuman sentido común y filosofía popular. “Confiar es bueno”, le dice el Tejano al Cochiloco al verlo probar la mercancía que le acaba de entregar, “pero no confiar es mejor.”

Así El Infierno muestra las grandes posibilidades de la sátira en un país como México pero también las limitaciones de este género. Mientras el retrato de autoridades políticas, policíacas y religiosas es justo y divertido, no pasa lo mismo con la evocación de noticias que hemos visto en la prensa como la del Pozolero. Ante esta realidad sórdida, la sátira pierde filo y se acerca a la mera reproducción banal. Hay algo que también parece fallar en el aliento épico. La película se extiende a través de vendettas para enmarcar la trama en los festejos del bicentenario (“nada que celebrar”, dice el cartel de la película) pero lo hace a costa de la rapidez y la frescura del principio.

A pesar de estas decisiones El Infierno es una cinta inteligente que insiste, contra la negación del gobierno, en la falta de oportunidades que ha conducido a México a la barbarie. Con ella Luis Estrada vuelve a demostrar su capacidad para hacer un cine divertido, popular, que no renuncia a la crítica ni al posicionamiento ideológico. La película también puede verse como el final de una trilogía que da cuenta del pasado y el presente de México: del priismo de la Ley de Herodes, a la ficción neoliberal de Un Mundo Maravilloso, a la brutal realidad de El Infierno.

Diego Sheinbaum. Escritor y guionista.