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atentado

Dirección: Jorge Fons.
Guión: Fernando Javier León Rodríguez y Jorge Fons, basados en una novela de Álvaro Uribe.
Reparto: Daniel Giménez Cacho,
Irene Azuela, José María Yazpik,
Julio Bracho.
Duración: 120 minutos.

Corre el año de 1897 y, en pleno desfile del 16 de septiembre, cuando el presidente Porfirio Díaz baja de su carroza para pasar revista a su ejército, es atacado por un borracho en el corredor que lleva al Kiosco Morisco de la Alameda Central de la ciudad de México. La escena se repite tres veces ante los ojos del espectador. En la primera, el borracho, de nombre Arnulfo Arroyo —Fito para los amigos—, clava un puñal en el centro del pecho del dictador, ante el azoro y el pasmo congelado de la multitud. En la segunda, Arroyo no encuentra el cuchillo que cree llevar al interior de su saco, coge una piedra y le desfigura el rostro al mandatario, de súbito abatido en el suelo, entre los cánticos y vítores de venganza realizada del pueblo que observa el evento. Finalmente, en la vencida y real tercera, Fito se abalanza con la mano hecha un puño y asesta un golpe torpe a la cara inmutable de Díaz, quien se despoja del hombre que atenta contra su vida como si fuera una alimaña redomada. Don Porfirio —quien además de la Independencia de México celebra de igual modo su cumpleaños número 67— advierte a los guardias que apresan a su atacante y los conmina a que ninguna mano, salvo la de la ley, toque a ese hombre.

Hecho histórico preservado en un par de retratos cenitales realizados por un turista norteamericano,1 el atentado fallido contra Porfirio Díaz detona tanto el Expediente del atentado (2007), novela de nuestro mexicano Álvaro Uribe, como el eficiente traslado de la obra literaria al cine por el reaparecido director Jorge Fons (Tuxpan, 1939), cuya entrega anterior, El callejón de los milagros —otra adaptación, en este caso de una narración del egipcio y Premio Nobel Naguib Mahfouz—, data de 1995. Sumados al expediente que sobre el atentado abre el escritor Federico Gamboa —en la novela se le disfraza, casi anónimo, bajo sus iniciales: FG; en la película se le nombra y reconoce como al autor de Santa, encarnado por un Daniel Giménez Cacho siempre dueño de la situación—, fotografías y notas periodísticas sirven de piezas a un rompecabezas narrativo en el cual la verdad y la apariencia conviven coquetas. ¿Es Arnulfo Arroyo —al que las manos de la ley nunca tocarán, pese a la orden de Díaz— un asesino solitario o parte de un complot? No le arruinaremos la ida al cine a nadie si decimos que, como siempre sucede en México, nunca sabremos la verdad, pero esto no es lo que en realidad importa aquí. O tal vez sí.

Reducido su título a El atentado —hecho que puede confundir a los letrados acostumbrados a escucharlo junto al nombre de Jorge Ibargüengoitia, autor de una obra de teatro del mismo nombre (data de 1963) y cuya anécdota es el asesinato en La Bombilla del presidente revolucionario Álvaro Obregón—, el filme de Fons recuerda, en espectacularidad, a la muy entretenida versión cinematográfica que Roberto Sneider hiciera de Arráncame la vida (2008), la muy exitosa novela de Ángeles Mastretta: se trata de una de esas superproducciones que saben tirar la casa por la ventana sin cebar la fiesta (ambas son las más caras que se han manufacturado en México). Sin embargo, a diferencia de Sneider, Fons no se contenta con la mera oferta de entretenimiento, punto que se tocará más adelante.

Beneficiado en parte por el presupuesto destinado a las obras artísticas elegidas para festejar y dialogar con el Centenario-Bicentenario del par de gestas formativas de México, El atentado de Fons pareciera el lado luminoso del Chicogrande (2010) de Felipe Cazals:2 allí donde la última es minimalista, oscura y más simbólico-alegórica que histórica —calificativos que no pueden ser sino positivos—, la primera es casi barroca, deslumbrante y un evidente símil de la manifestación actual tanto del poder político como del poder de los medios —en este caso impresos— sobre el devenir cotidiano nacional. En todo caso, ambas películas son la mejor mancuerna de obras producidas recientemente en México y ofrecidas en una cartelera exangüe (amén de sobrepoblada por las habituales repeticiones que Hollywood ha sabido hacer de sí misma).

Son varios los aciertos que hacen de El atentado una obra lograda y que, si se promociona bien, podría no sólo recuperar su inversión sino devengar utilidades; he aquí tres, acaso los más sobresalientes: en primero, el guión escrito por Fernando Javier León Rodríguez, todo un portento de la traslación literario-fílmica —es notable la añadidura de una serie de escenas de teatro de carpa que salpimentan la trama y el argumento originales, muy parecidas como recurso a las partidas de dominó que se juegan entre los episodios de El callejón de los milagros—; en segundo, el reparto y la dirección actoral —por fin vemos a José María Yazpik y a José María de Tavira en sendos papeles cuyo desempeño no sólo es creíble sino excepcional; muy agraciados también son el tratamiento de Díaz en la piel de Arturo Beristáin, la Cordelia de Irene Azuela y el Eduardo de Julio Bracho—, y, en tercero, la recreación de una época y un ánimo que, como ya se dijo, es muy parecido al de los días que corren.
La manera en la que Fons malabarea los elementos anteriores habla de un director mexicano que, entertainer y auteur a la vez, ha sabido descifrar las demandas tanto de un mercado como de un público (al menos es lo que uno podría esperar), además de que es un creador original y cuya sensibilidad lo hace desmarcarse del resto (sobre todo de aquellos que han sido endiosados por la crítica internacional y no han hecho más que sumarse a las voraces demanda y oferta hollywoodenses o del circuito internacional de “cine de arte”). Palabras más, palabras menos, baste con decir que El atentado es una lección consumada de buen cine.

David Miklos
. Escritor. Autor de La hermana falsa y La piel muerta, entre otros libros.

1 Aquí es pertinente revisar “Ojos bien abiertos. Imágenes de la historia”, texto de Carlos Martínez Assad aparecido en la edición de junio de 2009 de nexos.

2 Ver mi propia reseña del filme en la edición de mayo de 2010 de nexos.