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E-books • Actualitté, La Feuille • Secretos del mar • El problema con Amazon
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EN VÍSPERAS DEL MUNDIAL DE futbol, le Monde y la editorial J’ai lu publicaron, diariamente durante dos semanas, un thriller interactivo. Muti cuenta los trabajos de Saul Dukobe, teniente zulu de la Brigada de Intervención Rápida, y de su compañera Myriam, para atrapar al asesino de la joven promesa del seleccionado anfitrión, castrado en una de las townships (ciudades perdidas) de Cape Town. Caryl Férey, el autor, es conocido en Francia por la manera en que ha sabido trasladar el ambiente de la novela negra a latitud sur-sur: Haka y Utu se desarrollan entre los maoríes de Nueva Zelanda, Zulu, entre tsotsis (gángsters) y mafias nigerianas; esta última le mereció en 2009 el premio de literatura policial del Nouvel Observateur y acaba de editarla Maeva en español. Muti abría cada entrega con una panorámica de la desolación sudafricana a ritmo de percusiones subyugantes, contó con una banda de sonido excepcional, ligas con el principal periódico sudafricano del día y una estación de radio local, explicaciones de los elementos de color ajenos al universo del lector, así como cada una las pruebas que iban sumando el expediente de la investigación. Pero para un lector pre-juegos de video, los escuálidos textos de la historia no sólo se perdían en el conjunto de informaciones secundarias, sino ponían a sudar la probadísima paciencia de un cliente cautivo de nuestros pésimos servicios de internet con problemas técnicos que acabaron por neutralizar cualquier suspense.

ASÍ, ESTA CELEBRACIÓN DEL
folletín a poco más de un siglo de su edad de oro, se dio de narices con la realidad roma de los avances informáticos que aún no distan lo suficiente de la monserga protésica de la 3D, que tanto daño le hace a la tercera entrega de Toy Story (snif!). En francés, entre los sitios electrónicos que destacan por su labor de sabueso tras la pista del designio numérico que se cierne sobre el libro, destacan Actualitté y La Feuille. <actualitte.com> es un servicio diario de información bibliográfica pendiente de la actualidad global, de las novedades tecnológicas, de las nuevas propuestas pedagógicas, con entrevistas, dossiers y vínculos más que interesantes; en suma, un magazine electrónico amable y cercano con el lector tradicional (había escrito: cabal), que acaba de lanzar en pdf una revista gratuita que, oh paradoja, ansía sentirse ya en papel. La Feuille es el blog que Hubert Guillaud mantiene en le Monde para abordar las derivas informáticas de todo lo relativo al mundo del libro. Se trata de algo mucho más próximo a Wired y entre sus curiosidades recientes ha ofrecido una revisión de las plataformas, soportes, contenidos y empleos del libro electrónico, así como una serie sobre el libro en las novelas de ciencia ficción, que arrancó con Isaac Asimov (Preludio a la Fundación, La factoría de ideas), siguió con Frank Herbert (Dune, Debolsillo) y Neal Stephenson (La era del diamante, Zeta), para detenerse hasta el momento en Vernor Vinge (Al final del arco iris, Eds. B).

LOS LECTORES ESTÁN
acostumbrados a las magníficas anticipaciones que la ficción le escamotea a la realidad —en los detalles abunda esta última que no para en sus intentos de desprestigio—; baste pensar en Julio Verne. Pero lo que no se atiene a la costumbre es que el artificio de un grupo de escritores logre cambiar el curso de la historia, y esto es lo que cuenta Ben Macintyre en Operation Mincemeat: the True Spy Story that Changed the Course of World War Two (Crown). Después que el Afrikakorps se rinde en Túnez el año de 1943, los Aliados están listos para comenzar su intervención en Europa; Sicilia es el objetivo que todo el ejército alemán, comenzando por Hitler, están seguros que deben defender a cualquier costo, la cuestión entonces es cómo hacerles creer a los nazis que la invasión de Sicilia es sólo una fachada para la ofensiva sobre Grecia y Cerdeña. El hilo lo sigue estupendamente Charles Glass en la London Review of Books: la novela de Basil Thompson de donde provino la idea (Milliner’s Hat Mystery) de utilizar un cadáver con papeles falsos, el olfato de Ian Fleming (sí, el padre de 007) que identifica su utilidad, la propuesta decisiva de Charles Cholmondeley para intentar la recreación de la muerte en el mar de un aviador británico que poco antes estuvo a punto de acabar con la ofensiva aliada en el norte de África, y el papel de Ewen Montagu en el armado de la chapuza como si de un mecanismo de precisión se tratara: un elenco de personajes de comedia aficionados a los misterios policiacos y a la pesca de la trucha a la altura las viejas películas en blanco y negro de Alec Guinness y los estudios Ealing.
Mincemeat fue un éxito y junto con la alianza que Estados Unidos pactó con la Mafia, redujo casi a la tercera parte la duración de la ofensiva militar, salvando miles de vidas a un costo aproximado de 200 libras esterlinas. Sin embargo, la campaña aliada en Italia terminó siendo un desastre.

EN EL ESPACIO QUE AMAZON le dedica a Operation Mincemeat, junto con los datos vinculados a la venta del libro, Macintyre desarrolla una anécdota que abunda en el detalle con que la inteligencia británica inventó The Man Who Never Was (título de la versión cinematográfica de esta historia, 1956) y proporciona en una breve entrevista algo más sobre el origen, la factura y los nuevos datos que aporta su libro, no por nada la librería virtual está considerada ya como el proveedor número uno de información bibliográfica para el lector, la cual no sólo cubre las tareas comunes de cualquier librero “ideal”, sino las funciones que las publicaciones culturales cumplían en exclusividad hasta no hace demasiado tiempo. Lo que junto con la guerra de precios que la compañía de Jeff Bezos sostiene con los libreros medianos y pequeños (reducidos a la mitad en Estados Unidos), las repercusiones que sus descuentos tienen sobre las editoriales, más el establecimiento de precios irrisorios para sus e-books (en la otra batalla que Amazon/Kindle sostienen con el iPad de Apple) ha sido discutido por Colin Robinson en “The Trouble with Amazon” (The Nation, julio 14) —la cereza del helado la puso una semana más tarde Raphaële Karayan en l’Expansion, al esclarecer el pretendido avance imparable en la venta de libros electrónicos voceado por la librería virtual, no otra cosa que un hábil manejo de cifras.

OTRO DATO PARA LOS escalofríos que la tecnología produce corre por cuenta de Google, que en su avasallante tarea de digitalizar los fondos de las principales bibliotecas del mundo (12 millones de libros en más de 400 idiomas hasta el momento), lanzó hace tres meses la iniciativa de las Digital Humanities, una convocatoria a los proyectos de técnicas de búsqueda cuantitativa para responder a las cuestiones que requieren el examen de miles o millones de libros, en otras palabras los recursos de GoogleBooks, y a fines de julio anunciaron las propuestas ganadoras con temas tan espeluznantes como identificación y extracción automática de pasajes estructuradamente lingüísticos, índice de sitios histórico-geográficos, o metadata en libros de la primera modernidad. Los detalles pueden encontrarse en La Feuille del 22 de julio.

POR SU PARTE, BEN PARR HA
dado a conocer en Mashable el número total de libros impresos en el mundo de acuerdo con los resultados de las pesquisas algorítmicas de <insidegooglebooks>. La cifra parece no estar a la altura de las expectativas, pero vale la pena detenerse en cómo llegaron a ella: primero definieron qué es un libro (la definición merece por sí sola un premio de las Digital Humanities), luego echaron mano de los catálogos internacionales (la Biblioteca del Congreso estadunidense, la agencia internacional del ISBN, WorldCat…) que se revelaron limitados no sólo en el tiempo (de los sesenta para acá) sino en el espacio (sirven más que nada en Occidente) y sobre todo descuidados hasta lo inaudito en el material que registran, pues lo mismo incluyen microfilms, audios, mapas, playeras y hasta un termómetro para ver si el guajolote tiene la temperatura adecuada para la mesa de Acción de Gracias (se encuentra en la Biblioteca del Congreso). Hasta el 7 de agosto el número final rondaba los 13 millones de libros —una de las fruslerías características de internet es su imparable producción de datos absurdos, y para no dejar ya se calculó que si uno leyera un libro al día, necesitaría 356 mil años para acabar de leer todos estos libros.

ENTRETANTO, EL PRESIDENTE ejecutivo de Random House, Markus Dohle, ha hablado con Markus Brauck e Isabell Hülsen para el semanario alemán Der Spiegel. La entrevista deja en claro que para el presidente de la editorial más grande del mundo, el libro impreso en papel aún tiene vida por delante, el mercado estadunidense debe enfrentarse con paciencia y mano izquierda hasta dominar los peligros de una jungla mercantil ajena a las costumbres europeas del precio fijo, los libros electrónicos tienen futuro pero no cancelan el know-how de las editoriales constituidas, éstas no deben separar el negocio tradicional de la capacitación tecnológica, y la piratería no hará con la industria editorial lo que ha arrasado en la industria de la música —según el ex responsable de la logística de Bertelsmann, “la industria del libro es un ambiente muy creativo, pero no obstante, al fin y al cabo, se trata de hacer dinero con los libros”.

Por la recolección de Pistas:
Alberto Román

Alberto Román.
Editor de Cal y arena.