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Un recorrido por la mayor ciudad mexicana del Este de Estados Unidos

Chicago

¿Dónde están los mexicanos?
Es cierto que los mexicanos se reproducen más que los gringos, pero el enorme crecimiento de su número en Chicago se debe en gran parte a la inmigración. El último censo lo confirma: 42% de ellos nacieron en México. Hoy hay por lo menos dos millones en el estado de Illinois y casi todos viven en la zona metropolitana de Chicago.

Después de Los Ángeles, Chicago tiene la mayor concentración de mexamericanos en Norteamérica.

Entonces, ¿por qué no se les ve en las calles?

En mi reciente visita a Chicago paseo por el Loop, la zona principal de la ciudad, y no están ahí. Camino sobre la Avenida Michigan, que los chicagüenses, con su típica grandilocuencia, llaman Milla magnífica por la elegancia de sus museos, comercios y restaurantes, y tampoco están ahí. Me sorprende y halaga encontrarme en una de las plazas de la Milla magnífica una estatua tamaño natural de Benito Juárez, pero lo dicho, por ningún lado me topo con un mexicano de carne y hueso.

Si hay tantos, ¿dónde están?

Después de estudiar un poco la ciudad, me doy cuenta que en Chicago existe una segregación definidísima de los grupos étnicos. En una zona viven los anglosajones, en otra los negros, en otra los chinos y así, cada quien con los suyos.

Sé, desde tiempo atrás, que hay un museo de arte mexicano. Se llama National Museum of Mexican Art (NMMA). El año pasado, durante “el festejo del grito en Nueva York”, conocí a Carlos Tortolero, fundador y director del museo, que por cierto es coautor del libro Mexican Chicago, y a Jorge Valdivia, director de artes escénicas de NMMA y antes director de Radio Arte. Así que viajo a Pilsen, donde se encuentra el museo mexicano, para preguntar sobre los mexicanos que no veo.

Una Coronita en Pilsen
Pilsen: el área originalmente fue refugio para inmigrantes de Europa Oriental, principalmente checos, pero también para polacos, croatas, lituanos, y se llama así en honor de la ciudad homónima de Bohemia. Paradojas que teje el tiempo, en Pilsen y en la colonia contigua, apodada La villita (Little Village o Little Mexico), es donde viven los mexicanos de Chicago. En Pilsen uno se siente en México. O no, exagero, se siente uno en una reinterpretación bucólica y al mismo tiempo muy “gringa” de lo que es México.

Las fachadas de los edificios son típicamente estadunidenses, funcionales, pero están decoradas con murales donde emblemas muy mexicanos hieren el ojo con sus colores brillantes. El calendario azteca, los héroes de la Independencia, la Virgen de Guadalupe, el águila sobre el nopal devorando a la serpiente. Y entre mural y mural aparecen el restaurante Mi Tierra, la panadería El Refugio, las Carnitas Uruapan, el Mercado Monterrey.

El aferramiento a las raíces culturales parece necio. Por un lado, los mexicanos llegaron a Chicago para quedarse y durante generaciones han luchado por integrarse, por incluirse sin diferencia en el melting pot americano. Por otro lado, insisten en disfrazar su exilio con imágenes de su patria abandonada.

Me detengo en una fonda a tomarme una cerveza Corona y recapacitar. La verdad es un poco más compleja. En Estados Unidos el ideal del melting pot ha sido sustituido por el del “multiculturalismo”, lo que significa en la práctica que ni los gringos quieren que los mexicanos se asimilen totalmente ni los mexicanos ven la necesidad de hacerlo. Por desgracia, eso acarrea un doble rasero: los gringos sí discriminan a los mexicanos, sí se complacen en estereotiparlos, pero al mismo tiempo celebran su folclor. Están de moda la comida mexicana, los anuncios con letreros en otro idioma, las fachadas fosforescentes. A los gringos les parece que lo mexicano tiene “sabor”.

Los mexicanos viven menos contentos. Como en gringolandia no son plenamente incluidos, su nostalgia por la patria perdida es profunda, de ahí la mexicanización idealista de las fachadas de su barrio.

Otra particularidad de Chicago: a todos los morenos les dicen mexicanos. No se refieren a ellos como latinos ni tampoco como hispanos. Lo que verdaderamente sorprende es que los chicagüenses nacidos aquí pero de origen mexicano se pongan el saco sin quejarse. De cierto, se autodefinen como “mexicanos”, sin diferenciar entre los que aterrizaron apenas y los que son bisnietos de mexicanos. Ni “chicanos” ni “mexamericanos”: aquí todos por igual son mexicanos.

El Museo Nacional (sic) de Arte Mexicano (sic)
La fachada de NMMA decorada con grecas rojas está inspirada en las pirámides aztecas. Por dentro sus paredes están pintadas en colores vibrantes: naranja, amarillo, verde y azul, recuerdan lo colorido de nuestros pueblos. Cuenta con tres mil 800 objetos: una extensa colección de esculturas prehispánicas, artesanía de Puebla, Oaxaca, Michoacán, fotografías, óleos y dibujos de Siqueiros, Rivera, Gerzso, Rafael Coronel, videos y mucho más. En este museo Francisco Toledo y María Izquierdo hicieron sus primeras exhibiciones individuales en Estados Unidos y es aquí donde Tamayo hizo su última exposición individual.

La exposición permanente titulada Mexicanidad presenta cronológicamente mediante objetos de arte y artesanía la historia mexicana y mexamericana desde la época prehispánica hasta el presente. Abre con un retablo enorme de la Virgen de Guadalupe, símbolo indiscutible de “los mexicanos” en Estados Unidos. De lo mexamericano sobresale un homenaje al líder chicano César Chávez, también símbolo insoslayable, y un homenaje a los feminicidios de Ciudad Juárez. Éste consiste de una bolsa de mercado de hilos plásticos tejidos, típica de México, y sobre ella un retrato de una mujer joven con sus datos personales: lugar de origen, fecha de nacimiento, empleo, fecha de defunción.

El NMMA goza de un saludable prestigio. De sus exposiciones itinerantes sobresalen La presencia africana en México, de relevancia particularmente en Estados Unidos, donde el antagonismo entre negros y mexicanos es un hecho, y Una declaración de inmigración, en la que el año pasado 70 artistas inmigrantes de distintos orígenes presentaron obras sobre la experiencia de ser extranjero en el propio país.

Cuando Una declaración debutó en Chicago, las puertas de la galería estuvieron resguardadas por “agentes de aduanas”, que pedían a los espectadores sus papeles. A la par de la exposición se invitaron a los representantes de todas las minorías de Chicago a dar ponencias y elaborar un programa de solidaridad entre los grupos representados.

Pero el museo es mucho más que sus exhibiciones. Organiza festivales y programas educativos que se presentan en su propio recinto y en otras instituciones culturales. Cuenta también con la estación Radio Arte y el programa juvenil Yollocalli.

Destaca El festival de Sor Juana: un tributo a la mujer mexicana, organizado por Valdivia y celebrado anualmente en Chicago y en varias ciudades sureñas. Es ni más ni menos el festival hispano más grande de Estados Unidos. Consiste en funciones de música, teatro, danza, poesía, paneles, conferencias, homenajes y exposiciones de arte. Ha incluido la participación de grupos de teatro, danza y música de varios estados de Estados Unidos y México. En él han participado algunas de las poetas, dramaturgas, escritoras, directoras de cine, cantantes, actrices, pintoras, fotógrafas, líderes sociales, de la industria y política mexicanas y mexamericanas de más renombre.

Radio Arte presenta una programación bilingüe de vanguardia de y para hispanos sobre política (dando obviamente énfasis a la inmigración), arte, gastronomía, deportes y sobre todo música. Fue la primera radiodifusora en Estados Unidos en dar voz a la homosexualidad hispana y la primera en transmitir rock en español. Su webcast se escucha en 30 países.

La misión de Yollocalli es formar artistas hispanos. Su último proyecto consistió en la creación comunal de un mural en Pilsen de más de nueve metros y dos pisos de alto dedicado a los inmigrantes. En él, los slogans en inglés: “Somos una nación de inmigrantes”; “No al maltrato, a la deportación, a la separación de familias, a la detención”; “No al muro”; “Ningún ser humano es ilegal”, y el slogan en español: “Legalización ahora”.

Cada año, mil 700 escuelas realizan visitas guiadas y 164 mil personas visitan el NMMA. La mitad de ellas no es de origen mexicano.

Octavio Paz, Rigoberta Menchú, César Chávez, Elena Poniatowska, Lola Beltrán, Julieta Venegas y otros pilares de la alta y baja culturas se han presentado en el museo. Y sin duda algunos políticos avezados, mexicanos y estadunidenses, reconocen el peso que tiene esta institución: Salinas de Gortari, Fox y Cárdenas han celebrado recepciones oficiales en su recinto.

La misión del museo, según Tortolero, es fomentar todas las expresiones culturales para enriquecer la identidad de los mexicanos. Es decir, los mexicanos de Chicago. También, mostrarles a los gringos qué es México, más allá de las Coronas, el tequila y el folclor. No debía escribirlo, porque aún es un secreto: el NMMA busca un local en el D.F. para instalar un museo cuyo intento será que los mexicanos de México conozcan la cultura de los mexicanos en el extranjero. Qué bueno. En México deben enterarse de lo que los mexicanos en Estados Unidos ya sabemos: la identidad mexicana ha desbordado la geografía y se cuece igual en Chicago que en Puebla o el D.F.

El Año de México en Chicago
Algo hay que agregar, aunque resulte evidente: Chicago no es Arizona. En especial se nota ahora. Mientras que en Arizona la policía puede detener a un moreno por su pinta mexicana, acá en Chicago se celebra el Año de México para conmemorar nuestro bicentenario y centenario.

Durante el transcurso del año el gobierno de la ciudad y una diversidad de instituciones, entre ellas por supuesto el NMMA, presentan 70 eventos que van desde los ensombrerados ciñendo guitarras y cantando a toda voz hasta conciertos de música y danza clásica, funciones de cine y teatro, conferencias sobre el legado cultural mexicano fuera y dentro del territorio nacional y exposiciones de escultura, pintura, fotografía, objetos arqueológicos y artesanía.

Cada uno de estos eventos festeja los frutos del intercambio entre México y Norteamérica.

De esta enorme variedad sobresalen la presencia de Carlos Miguel Prieto dirigiendo a Yo-Yo Ma y a la Sinfónica de Chicago en un programa que incluye música de Revueltas, Shostakovich y Yanov-Yanovsky; la exposición Arte en papel, resultado de la colaboración de la artista norteamericana Kiff Slemmons con los artesanos del Taller Arte Papel Oaxaca fundado por Francisco Toledo; un tributo a México del Ballet Joffrey; y la exhibición de cinco obras monumentales de la extraordinaria escultora mexicana Yvonne Domenge en Millenium Park, un espacio escultórico de prestigio mundial.

¿Por qué la diferente actitud a lo mexicano de Illinois y Arizona?

La explicación no es de índole económica: el porcentaje de desempleados es más grande en Illinois que en Arizona. La explicación reside en que es más fácil culpar a un mexicano en Arizona que en Illinois. Illinois ha crecido gracias a los flujos migratorios de distintos lugares y abraza la diversidad. Arizona, desértica, ranchera, menos cosmopolita, la expulsa.

En fin, Arizona sale perdiendo.

Fey Berman. Crítica de danza, cine y música en Nueva York.