Woody Allen,
Cuentos sin plumas,    
Tusquets Editores,
México, 2009, 455 pp.

Se reúnen aquí tres de los cuatro libros de relatos del autor neoyorquino: Cómo acabar de una vez por todas con la cultura (1966), Sin plumas (1972) y Perfiles (1975), donde con prosa mordaz elabora la crítica de la industria cultural y deconstruye los temas manidos de la cultura de masas. Con humor allenesco podemos entonces “acabar de una vez por todas” con la narrativa sobre los nazis, la narrativa del narcotráfico, la posmoderna narrativa fragmentaria sin trama, sin estilo, sin personajes y sin ortografía; las novelas sobre el bicentenario, la biografía histórica, los bestsellers de conspiraciones medievales y aún más. (Alejandro de la Garza)

W.H. Auden,
Trabajos de amor dispersos
.
Conferencias sobre Shakespeare,
Editorial Crítica,
Barcelona, 2008, 495 pp.

En septiembre de 1946 The New York Times informó de un curso de lectura de Shakespeare impartido por el poeta y crítico W.H. Auden en la Nueva Escuela de Investigación Social de Manhattan. El curso rebasó los 500 asistentes y duró dos semestres. Arthur Kirsch, entonces discípulo y secretario del poeta, recuperó estas conferencias sobre 28 obras del dramaturgo isabelino y una más sobre sus sonetos, textos donde esplenden el pensamiento y el universo intelectual del propio Auden. La trabajosa reconstrucción y recopilación, así como la cuidada edición de este libro son, por cierto, esos trabajos de amor. (A. de la G.)

Alejandro Toledo (comp.),
Dos escritores secretos,
Fondo Editorial Tierra Adentro,
México, 2006, 287 pp.

¿Cronopios, marginales, inclasificables, irregulares, subterráneos, raros? ¿Cómo definir a esos dos escritores tan disímiles y a la vez tan semejantes que fueron Francisco Tario y Efrén Hernández? Convocados por el ensayista Alejandro Toledo, 13 escritores nacidos entre 1970 y 1983 apuran una respuesta. Si la poesía de Efrén Hernández semeja “una torre que se eleva a lo lejos”, su pensamiento aforístico se ajusta al temperamento del divagador. Francisco Tario, que en su juventud defendió la portería del Club Asturias, el autor de Aquí abajo, La noche y Equinoccio, aparece aquí como el gran ermitaño de las letras mexicanas, siempre nadando a contracorriente del realismo. Además de las interpretaciones frescas de dos imprescindibles del siglo XX, este libro permite reconocer tres o cuatro voces ensayísticas a las que debemos seguirles la pista. (Roberto Pliego)

J. M. Coetzee,
Tierras de poniente (traducción de Javier Calvo),
Mondadori,
México, 2009, 174 pp.

Un escritor redacta un informe acerca de la guerra psicológica en Vietnam para el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Por otro lado, un antiguo colono de Sudáfrica narra su encuentro con la tribu local de los hotentotes. Estos dos momentos dispares —en el espacio y en el tiempo— forman, a pesar de las apariencias, una unidad. Tierras de poniente (1974) es la primera novela de Coetzee y ya anuncia algunos de los temas centrales en su vasta y elogiada obra: la culpa, la violencia, los orígenes, el racismo. El hombre que describe Coetzee se siente a menudo superior, bien porque no se conmueve ante el sufrimiento ajeno o porque se dice la encarnación de un “comportamiento civilizado”, sin escrúpulos ni dudas, amante de la obediencia y el orden. “En la naturaleza salvaje —dice uno de los personajes— pierdo todo sentido de los límites”. (R.P.)

Julio César Toledo,
Suplencias para el nombre del padre,
Gobierno de Chiapas,
México, 2009, 78 pp.

Si bien la moda poética contemporánea ha exiliado sentimientos como el afecto filial, muchas obras se resisten a despojarse de este rasgo. Suplencias para el nombre del padre aborda una poesía confesional con tacto y mesura. El libro consta de tres secciones, la primera consagrada a la figura del padre. Se trata de una poesía de la experiencia que no teme tocar las emociones, pero que, en general, lo hace con delicadeza y destreza poética. Si el tema de las relaciones con el padre tiene una larga e ilustre genealogía en la poesía mexicana, este libro utiliza el tópico patriarcal de manera distinta y con un buen acervo de recursos e imaginación poética, a fin de conmover sin recurrir al sentimentalismo. (Armando González Torres)


Julio Eutiquio Sarabia,
Tesitura,
Ediciones Monte Carmelo,
2008, 104 pp.

Al leer Tesitura se pensaría en una poesía orientada por sus propios ecos y códigos internos, que enfoca la intensidad no en el dicho del bardo, sino en el propio proceso poético. Esta poesía requiere del uso de dos facultades antagónicas: máxima atención y abandono. Atención a un planteamiento poético difícil y estimulante, y abandono a un flujo fonético (muy Siglo de Oro y muy contemporáneo) sabiamente administrado. Aunque hay una contención personal, en estos versos exigentes y esplendentes, habitan subrepticias y a ratos sublimadas por el humor, emociones como el dolor, la nostalgia y el amor. Las correspondencias vitales son siempre subordinadas a la construcción artística y sutilmente expresadas. Ello, paradójicamente, vuelve más intenso el acento personal, más íntima y certera la alusión, más conmovedora la anécdota sugerida. (A.G.T.)