En la década de los cincuenta Rodolfo Paz Vizcaíno tuvo un sueño: fundar, en medio de la nada, una ciudad que se convirtiera en el polo turístico que el país necesitaba. Este es el relato de ese sueño, la historia de un personaje que lo tuvo todo y regresó a la nada

“Lo recuerdo vestido con un traje gris oscuro… y con los dientes de oro”.1 El Amarillo conoció al periodista que lo describió con estas palabras en la cárcel, donde vivía lleno de ilusiones, y le dijo: “Usted es el hombre que mi obra necesita. ¿Sabe cuál es mi obra? La más extraordinaria, la más grande, la única que haya emprendido un hombre solo… ¡Quiero crear una ciudad! Una ciudad maravillosa, donde no haya lugar para la tristeza, ni para las preocupaciones, una ciudad de ensueño, la más hermosa del globo”.2

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En el invierno de 1960, Rodolfo Paz Vizcaíno aguardaba en la celda 83 de la crujía L de la Cárcel Preventiva del Distrito Federal. Era la víspera de la Navidad. Estaba deprimido. Lamentaba que los baños estuvieran “exageradamente sucios” y los uniformes de los presidiarios “viejos y rotos”.3 Paz Vizcaíno acababa de ser detenido por expedir cheques sin fondos en Guadalajara. Era todavía dueño de una de las más hermosas propiedades de la costa de Jalisco. Pero no la quería vender, ni siquiera para poder salir de la cárcel, pues estaba todavía cegado por la visión que lo golpeó dos décadas atrás, la de levantar la ciudad más bella del mundo en la bahía de Tenacatita. La gente lo llamaba El Amarillo por el personaje que inspiró en la novela de Agustín Yáñez, La tierra pródiga. Un personaje que el propio Paz Vizcaíno reivindicaba como suyo en la cárcel, al hacer esta declaración al juez: “Adjunto el libro o novela La tierra pródiga para que usted señor juez vea parte de mi vida”.4 Es así como la realidad imita a la ficción.

Rodolfo Paz Vizcaíno era originario del sur de Jalisco. Nació en el municipio de Tonaya, uno de los más pobres del estado, donde su hermano Juan producía un tequila llamado Súper Tonaya. “Era de origen campesino”, afirma José Rogelio Álvarez, quien encabezó la colonización de la costa de Jalisco durante el gobierno de Yáñez. “Yo lo conocí en 1953 y tendría unos 40 años. Debió haber nacido por ahí de 1910 o 1915. Seguramente llega a la costa con el apoyo de García Barragán. No es anterior a García Barragán”.5 El Amarillo apenas empezaba su vida de colonizador. Había sido ganadero desde joven, pero había hecho su dinero con el comercio de bienes entre la costa y el altiplano. Vivía entre Sayula y Purificación, al sur de Jalisco. “Bajaba con mercancías de rápido consumo (alcohol, gasolina, cerveza, refacciones, comestibles, manta, percal, mezclilla) en un camión destartalado, y subía cargamentos de maíz, frijol, arroz, tabaco, caña, coco, plátano, cidras, limones”, dice La tierra pródiga.6

El día que contrajo matrimonio con María de los Ángeles Pelayo, oriunda de Purificación, vendió sus tierras para comenzar la aventura de Tenacatita. Así lo habría de relatar él mismo:

“Estaba ya redondeando dichos negocios cuando tomando cerveza a las doce de la noche en la tierra de mi señora esposa, Purificación, Jalisco, compré las primeras tierras sin conocerlas los que me vendieron, porque las habían recibido de herencia, ni yo tampoco… Así es de esta manera como fue el principio del nacimiento de este puerto turístico Los Ángeles de Tenacatita. Al día siguiente, varios de los demás herederos me propusieron sus tierras… Me trasladé con gente armada y un doctor y fue tanta la impresión de aquella soledad, bosques vírgenes y encuentros de hombres en los cerros armados, que mis hombres armados y el que la hacía de doctor se me devolvieron, quedándome únicamente con un solo armado y con el hombre que me servía de guía… Al regreso adquirí el resto de las tierras… Empecé a desmontar tierras, cosa que fue en el mes de febrero del año 1943. El señor gobernador de Jalisco, ciudadano general Marcelino García Barragán, me mandó llamar y me preguntó cuál era mi programa y le contesté: Estoy colonizando la costa. Me contestó: Cuente con todo mi apoyo. A los tres meses hizo una comitiva bastante fuerte de banqueros e industriales con todo el propósito de desarrollar una obra fuertísima en la costa, secundando mi labor, o sea los principios de lo que ahora le nombran la Marcha hacia el Mar”.7

Paz Vizcaíno comenzó el desmonte en Tenacatita tres meses después de que ganó la elección para gobernador de Jalisco el general García Barragán, a quien le regaló por esas fechas El Tecuán, una propiedad de 941 hectáreas y cuatro kilómetros de playas, con una laguna interior de 80 hectáreas, entre Tenacatita y Cuixmala. Aún tienen esa propiedad los descendientes del general. Era la mejor manera de garantizar el apoyo del gobernador a sus ambiciones en Tenacatita. Después echó a andar un negocio agrícola tierra adentro, en Apazulco, junto a sus hermanos Andrés y Juan. Sus enganchadores contrataban como braceros a campesinos de los Altos, que llevaban en tren a Manzanillo y de ahí en barco a Tenacatita. La propiedad producía coco, papaya y mango, y comenzó a prosperar, hasta que sus dueños perdieron el apoyo del gobernador, cuando en 1945 el general García Barragán entró en conflictos con el presidente Ávila Camacho, primero por sostener a un líder de la CTM contrario a Fidel Velázquez, y luego por apoyar la candidatura del general Miguel Henríquez Guzmán, comandante de la XV Zona Militar, cuando el presidente apoyaba la de su secretario de Gobernación, el licenciado Miguel Alemán. “Los ataques alemanistas contra el gobernador”, dice un historiador, “fueron promovidos por Jesús González Gallo, secretario del presidente, y llegaron a tal punto que en el Congreso de la Unión llegó a plantearse la posibilidad de desconocer los poderes de Jalisco.

Pero la pública renuncia de Henríquez a sus aspiraciones hizo que la tensión aminorara… Con el respaldo de Ávila Camacho y del propio Alemán, González Gallo no tuvo problemas mayores para ser postulado por el PRI al gobierno de Jalisco… García Barragán, en cambio, acabó desaforado por la legislatura del estado al negarse a publicar el decreto que ampliaba el periodo gubernamental de cuatro a seis años”.8

Los primeros caciques de la costa de Jalisco habían surgido en la región con la llegada de los primeros habitantes, a mediados de los cuarenta, durante el gobierno de Marcelino García Barragán. Pero consolidaron su poder más tarde, apoyados por su sucesor, Jesús González Gallo. El licenciado González Gallo, que no sintió nunca interés por la costa de Jalisco, a diferencia de García Barragán, heredó sin embargo una situación explosiva: miles de personas (campesinos, ganaderos, algunos mineros) vivían en una parte del estado donde, por su carácter inaccesible (montañas, selvas, ríos), el gobierno no tenía ni podía tener autoridad alguna. Frente a esa situación, González Gallo optó por lo más fácil: apoyó la cultura caciquil, dio autoridad e impunidad a hombres que, a cambio del control militar y político, garantizaban la paz en la región.

A principios de los cincuenta había varios caciques en la costa de Jalisco. Estaban los Rangel en el Valle de la Resolana. O los Guzmán y Guzmán en el norte de la costa, allá por Mascota, con influencia en la frontera con Nayarit. Había también no caciques sino patriarcas, gente más positiva, como don Ángel Flores, quien acabó gastando su fortuna en escuelas para los niños pobres de Puerto Vallarta. El más famoso de todos los caciques, sin embargo, era Rodolfo Paz Vizcaíno.

Una de las personas que lo trataron por esas fechas era Guillermo Gargollo Rivas, sobrino de Antonieta Rivas Mercado, la musa de los Contemporáneos, que tenía intereses agrícolas en la hacienda de Cuixmala, al norte de Tenacatita. En uno de sus viajes a la costa, supo que Paz Vizcaíno le había robado la maquinaria que tenía en Cuixmala, para mandar hacer, él mismo, un camino de acceso a sus playas de Tenacatita. Guillermo lo fue a ver hasta su territorio. “Tenía un hotel ahí en la playa de Tenacatita”, comenta, “un hotelito de cinco, seis cabañas, donde llevaba artistas, políticos y hombres de negocios”.9 ¿Cómo lo recuerda? “Andaba siempre con la pistola amartillada. Según la leyenda, que él mismo fabricó, era un hombre muy bravo, que había matado a mucha gente. Luego me di cuenta que no era cierto, pero de todos modos le teníamos miedo”.10 Guillermo no tuvo el ánimo de exigirle la devolución de sus bulldozers, pero evocó los obstáculos para colonizar la costa e hizo un elogio del progreso para luego sugerir que podía conservar las máquinas a cambio de asumir el crédito que había adquirido —él, Gargollo— con el Banco Nacional de Crédito Agrícola. El Amarillo dijo que sí. Y las autoridades del banco aceptaron después el hecho consumado.

Pero las cosas no funcionaron. En 1952 el Banco Nacional de Crédito Agrícola le suspendió todos los créditos a Paz Vizcaíno. Fue entonces que El Amarillo encontró a su nuevo socio, Miguel Ochoa, “hombre de empresa, de mucha capacidad para aquilatar la potencialidad económica de esta bahía… con toda la ambición de quedarse con las propiedades”, según habría de recordar él mismo.11 Juntos echaron a andar un proyecto que habría de terminar en un desastre.

A mediados de los cincuenta era ya por primera vez posible, en principio, llegar en auto de Guadalajara a Cihuatlán, para de ahí seguir en brecha hasta Tenacatita. “En 1953 sólo 52 de los 327 kilómetros de esta ruta estaban pavimentados, 187 en terracería y 86 en condiciones tan precarias que a menudo solía interrumpirse el tránsito, aun en épocas de estiaje”, dice un informe.12 A partir de ese eje troncal, Guadalajara-Cihuatlán, había caminos que penetraban en la costa, entre ellos uno hasta Tenacatita. Paz Vizcaíno quiso demostrar a todos, en particular a los inversionistas, que era posible llegar por tierra hasta su propiedad, y compró un Cadillac de 125 mil pesos para salir de Guadalajara hasta Tenacatita. No pudo llegar. Lo despedazó en el camino y lo tiró a una barranca, y luego decidió que la única manera de llegar hasta su propiedad era por aire. Con ese fin decidió construir un aeródromo, asociado con Miguel Ochoa, dueño de una empresa constructora que trabajaba para el gobierno de Jalisco. Yáñez lo había contratado, a él justamente, para abrir la brecha de Guadalajara a Cihuatlán. “Era un viejo ranchero maravilloso”, recuerda uno de sus colaboradores.13

El 23 de mayo de 1953 Miguel Ochoa hizo una inversión de 992 mil pesos, una suma enorme, para construir el aeródromo de Tenacatita. Estaba en la playa del faro, junto a la laguna, cerca del mar, en un sitio llamado El Rebalsito. “Era bastante importante”, dice un ingeniero.14 Aunque no lo suficiente. “Lo más que bajaron fueron DC-3”, señala una persona más escéptica.15 Era el tipo de avión que volaba por la costa en esos tiempos, y que habría de volar en los años por venir, hasta el día de hoy (el DC-3 del presidente Franklin D. Roosevelt, por ejemplo, vuela todavía entre Puerto Vallarta y San Sebastián del Oeste). “Cuando llevaba yo una pequeña parte del aeropuerto”, dijo El Amarillo, “y que ya pude garantizar el aterrizaje de un DC-3, avión para 21 pasajeros, hice el primer viaje llevando al ciudadano gobernador señor licenciado Agustín Yáñez”.16 Entonces sucedieron en pocos días una cantidad de cosas.

Al regresar del viaje a Tenacatita, El Amarillo fue a la ciudad de México para ver al general Dámaso Cárdenas, hermano del general Lázaro Cárdenas. Don Dámaso, entonces gobernador de Michoacán, estaba hechizado por El Amarillo. Lo que sucedió lo habría de narrar el propio Paz Vizcaíno: “él personalmente me hizo el favor de llevarle un memorándum al ciudadano presidente de la República, señor don Adolfo Ruiz Cortines, poniendo a disposición del Honorable Gobierno Federal el aeropuerto, y a los dos días me hizo el favor de presentarme con el secretario de la SCOP señor arquitecto Carlos Lazo”.17 La seducción que produjo en el secretario ese hombre de la costa fue inmediata. “A las 72 horas estábamos en Los Ángeles de Tenacatita. El señor arquitecto Carlos Lazo dijo: No creía que existiera en el mundo un conjunto así de belleza, la jungla que aquí existe que quieres tú Rodolfo sea Parque Nacional únicamente la he visto en el Amazonas, en 18 meses termino la carretera pavimentada de Guadalajara hasta aquí”.18

Pero la carretera no se hizo. Yáñez no le tenía confianza al Amarillo, un personaje que describió con estas palabras en La tierra pródiga: “parlanchín, risueño… domador, encantador de hombres”, y también así: “alocado, dientes de oro, sangre ligera, con fama de feroz”.19 Además, Yáñez quería que el desarrollo de Tenacatita estuviera a cargo de la Comisión de Planeación de la Costa de Jalisco, no de Paz Vizcaíno. En el verano de 1954 hizo incluso un planteamiento explícito en este sentido al gobierno de la República, por conducto de José Rogelio Álvarez, quien a nombre de la CPCJ escribió a Gilberto Loyo, secretario de la Economía Nacional. “Los señores Paz Vizcaíno, propietarios del extenso predio denominado Tenacatita”, le explicó, “deben al Banco Nacional de Crédito Agrícola $3,600,000.00, que con los intereses acumulados dan una cifra no inferior a $4,000,000.00. No tienen, actualmente, explotación agrícola ninguna que pueda garantizar el pago de ese crédito”.20 Para ellos, insistió, era imposible pagar al banco. “A éste no puede tampoco interesarle, porque no es su función”, señaló Álvarez, “adquirir en pago terrenos de Tenacatita, que tendrán que ser comunicados, urbanizados y fraccionados antes de poder constituir una inversión productiva. En estas condiciones, puede el señor presidente de la República autorizar que el Banco Nacional de Crédito Agrícola subrogue sus créditos a la Comisión de Planeación de la Costa de Jalisco… La CPCJ, convertida en acreedor de los señores Paz Vizcaíno, haría un avalúo razonable de los terrenos de Tenacatita… y se adjudicaría en pago una fracción de ellos”.21 Pero la operación no prosperó. El Amarillo, de hecho, no perdería jamás la posesión de Tenacatita, asociado en los años por venir con una multitud de personajes que serían, uno tras otro, sus cómplices y sus víctimas.

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En 1962 Rodolfo Paz Vizcaíno seguía en prisión: estaba en la celda 59 de la misma crujía L de la cárcel Preventiva del Distrito Federal. Pero todavía no había perdido la esperanza de realizar sus sueños. “No hay valla que me detenga en mi causa”, escribió. “Mi meta es un solo frente: fundar mi ciudad, a ello me dedico. Gran puerto turístico e industrial Los Ángeles de Tenacatita, Jalisco, México, en la virgen, hermosa y maravillosa bahía de Tenacatita”.22 Esa playa, dijo, “es el hallazgo máximo del hombre” y “será orgullo para México a través del transcurso de los siglos”.23 El Amarillo salió después de redactar esas líneas de la Cárcel Preventiva, quizá por la razón a la que él mismo aludiría: “pues el Señor Presidente puede conceder el indulto a hombres que han hecho servicios a la Nación”.24 En todos esos años no había dejado nunca de escribir al presidente Adolfo López Mateos: “Perdone tanta molestia, pero sé que me dará la razón de que es la bahía que necesita nuestro país”.25

Al salir de la cárcel, El Amarillo todavía era dueño de una propiedad de alrededor de 700 hectáreas en Tenacatita. Había sobrevivido a todos sus socios: a Miguel Ochoa, quien hizo el aeródromo de El Rebalsito; a Dámaso Cárdenas, quien lo puso en contacto con el presidente Ruiz Cortines; a Salvador Madrigal, quien quiso comprar sus terrenos, pero terminó en una cárcel de Guadalajara. Todos habían acabado mal, como acabarían mal también sus dos últimos socios: el empresario Ismael Ochoa, un hombre rico, dueño de varios ingenios azucareros, y el abogado Miguel Campos Somellera, empresario de Guadalajara, entusiasmado por la costa desde su participación en la compra de Careyes. Pero la historia se repitió: El Amarillo, que conservaba intacta su capacidad de seducción, los engañó a los dos, que invirtieron su dinero sin poder tomar posesión del territorio. Ellos entonces le pidieron ayuda al ingeniero Luis de Rivera, sobrino de la esposa de Antenor Patiño, con quien trabajaba en el desarrollo de Las Hadas. “Tenía fama El Amarillo este de matón”, recuerda Luis, “y ellos le tenían miedo. Entonces me pidieron que los ayudara y yo preparé una división panzer de tres caterpillars y entré a Tenacatita. Avanzamos por la brecha, vimos la cabaña de un velador, pero nunca encontramos a Paz Vizcaíno. Y tomamos posesión del terreno”.26

Después de la entrada de los caterpillars, El Amarillo desapareció de Tenacatita. Sus socios no lo volvieron a ver, pero tampoco pudieron recuperar las 700 hectáreas que le habían comprado. Pues los terrenos fueron ocupados por un grupo de ejidatarios y, más tarde, por un sindicato de azucareros, apoyados por el presidente Luis Echeverría. Ahí, en una península de la bahía, el sindicato construyó, hacia mediados de los setenta, un hotel llamado Los Ángeles Locos. Su nombre evocaba el sueño de El Amarillo: Los Ángeles de Tenacatita, así como también el nombre de su esposa: María de los Ángeles. “Lo de los locos se lo pusieron después por lo locos que eran él y su hermano Juan”, recuerda una persona que los conoció a los dos. “Pues su esposa era una señora encantadora, tranquila, de Villa de Purificación”.27 El sindicato, cabe decir, aún hoy tiene la posesión del terreno, aunque no la propiedad, que es de los empresarios sobrevivientes de Jalisco, Ochoa y Campos Somellera, dueños de las 700 hectáreas originales, incluidas las 60 donde está construido el hotel de Tenacatita.

El Amarillo no volvió a aparecer más en la historia de la costa de Jalisco. Murió de viejo en Guadalajara. “Al final de su vida se dejó las barbas largas y llegaba con una bandera a los actos oficiales”, recuerda alguien que lo conoció muy bien. “Perdió todo. Era un iluminado”.28

Carlos Tello Díaz. Periodista. Es autor de La magia de Careyes.

1 Ramírez de Aguilar, “El hombre que quiso hacer una ciudad”, Excélsior, 3-4 de agosto de 1962.
2 Citado por Ramírez de Aguilar, “El hombre que quiso hacer una ciudad”, Excélsior, 3-4 de agosto de 1962.
3 Ampliación de la declaración ministerial de Rodolfo Paz Vizcaíno, México, 23 de diciembre de 1960 (Archivo General de la Nación, Galería 3, Caja 214, ALM 151.3/1896).
4 Ídem.
5 Entrevista con José Rogelio Álvarez, México, 9 de junio de 2006.
6 Agustín Yáñez, La tierra pródiga, FCE, México, 1960, p. 74.
7 Ampliación de la declaración ministerial de Rodolfo Paz Vizcaíno, op. cit.
8 José María Muriá, Breve historia de Jalisco, Colegio de México-FCE, México, 2005, p.175.
9 Entrevista con Guillermo Gargollo, México, 30 de mayo de 2006.
10 Ídem.
11 Ampliación de la declaración ministerial de Rodolfo Paz Vizcaíno, op. cit.
12 José Rogelio Álvarez, “Antecedentes de la Comisión de Planeación de la Costa de Jalisco”, en Teodoro González de León (coordinador), Barra de Navidad: estudio de un área, OFFSET Diana, México, 1958, p. 25.
13 Entrevista con José Rogelio Álvarez, op. cit.
14 Entrevista con Guillermo Gargollo, op. cit.
15 Entrevista con José Rogelio Álvarez, op. cit.
16 Ampliación de la declaración ministerial de Rodolfo Paz Vizcaíno, op. cit.
17 Ídem.
18 Ídem.
19 Agustín Yáñez, op. cit., pp. 34-35 y 46.
20 Carta de José Rogelio Álvarez a Gilberto Loyo, Guadalajara, 19 de julio de 1954 (Archivo de José Rogelio Álvarez).
21 Ídem.
22 Carta de Rodolfo Paz Vizcaíno a Fernando Anaya, México, 29 de septiembre de 1962 (Archivo General de la Nación, Galería 3, Caja 214, ALM 151.3/1896).
23 Ídem.
24 Ampliación de la declaración ministerial de Rodolfo Paz Vizcaíno, op. cit.
25 Carta de Rodolfo Paz Vizcaíno a Adolfo López Mateos, México, 31 de enero de 1961 (Archivo General de la Nación, Galería 3, Caja 214, ALM 151.3/1896). La carta está firmada por “Rodolfo”. Más abajo aparece su nombre escrito así: “Rodolfo Paz y Vizcaíno”.
26 Entrevista con Luis de Rivera, París, 14 de mayo de 2008.
27 Entrevista con José Rogelio Álvarez, op. cit.
28 Ídem.