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purgatorio

Tomás Eloy Martínez, Purgatorio, Alfaguara, México, 2009, 291 pp.
Indagación narrativa sobre cómo vivieron de forma íntima la dictadura “más perversa de Argentina” algunas de sus víctimas: prisioneros, familiares de los desaparecidos, exiliados, sobrevivientes; incluso algunos de sus beneficiarios: familias poderosas aliadas a los militares, empresarios oportunistas, comandantes enriquecidos a expensas del Estado, la burguesía simuladora y de pretensión aristocrática.

Reflexión novelesca sobre la culpa moral del pueblo argentino (con ecos del libro de Karl Jaspers sobre la culpa y la responsabilidad de Alemania) y su inacción ante los hechos terribles y siniestros, su incondicional adormecimiento, su justificado temor. ¿Sabíamos de los horrores de la dictadura? ¿Pudimos haber hecho algo? ¿Preferimos voltear hacia otro lado? ¿Por qué no hicimos más? ¿Fuimos beneficiados?

Recuento de años de manipulación de la dictadura de La Anguila (como apodaban al golpista) para ocultar campos de concentración, prisioneros atormentados y arrojados al río o las fosas comunes; el robo de recién nacidos, violaciones, combates a muerte con enemigos que no existían.

Inventario de las mentiras y los motivos del patriotismo desatado en la gente para disimular su miseria, la inflación, la sensación de ruina inminente: de la fiebre por los ovnis, promovida en la prensa sumisa y sometida, al auge de las novelas del corazón y las telenovelas; del futbol y el Mundial de 78 a la Guerra de las Malvinas, la farsa de la victoria y el sacrificio inútil de tantos jóvenes. Incluso el intento por contratar a Orson Wells para dirigir una película reivindicatoria con motivo del Campeonato Mundial de Futbol, al estilo de los documentales de Leni Riefenstahl para Hitler.

Reconstrucción del horizonte cultural de Argentina a principios de los años setenta: su música y sus grupos de rock, sus cafetines y bares, su moda y sus personajes públicos. En esa Argentina, Emilia Dupuy —hija problemática de un adinerado empresario, periodista y consejero político del régimen, asesor ideológico de los horrores, mentiras y crímenes de la dictadura— conoce a Simón Cardoso, un disidente ideológico de ascendencia gris. Cartógrafos ambos, se casan en abril de 1976 para trazar el mapa de su vida juntos. Tras las desavenencias ideológicas con la familia Dupuy, Emilia y Simón son detenidos en Tucumán por los militares.

Ella sale ilesa al ser protegida por el padre. Simón desaparece. Su muerte es confirmada por varios testimonios. Ha desaparecido en un momento en el cual en Argentina desaparece mucha gente: indigentes y jubilados, trabajadores y escritores, madres embarazadas y recién nacidos, casas completas y hasta un lago. Muchos sustraídos por extraterrestres, se insiste entonces. La realidad no existe si se le desaparece, si se manipula a la prensa, a los medios, a los enviados extranjeros.

Emilia nunca pierde la esperanza y busca a Simón por medio continente, de Río de Janeiro a Caracas, de México a Nueva Jersey, siempre con una dolorosa sospecha: su propio padre mandó matar a Simón. Pero aceptarla la convertiría en la hija de un asesino y, por ello, en cómplice, en culpable.

Treinta años después, al entrar a un café en Highland Park, pequeña comunidad de Nueva Jersey donde trabaja trazando mapas, una sesentona Emilia Dupuy reencuentra a Simón Cardoso intacto, joven, con los mismos 32 años de la última vez juntos. Así da inicio esta novela, y a lo largo de sus cinco capítulos titulados con frases extraídas de “Purgatorio” (cántico segundo de La divina comedia de Dante), el autor, los personajes e incluso el lector mismo intentarán hallarle sentido a esta presencia fantasmal, paradoja del tiempo, metáfora de la desaparición, exploración del vacío y la ausencia.

Tomás Eloy Martínez cifra en esos treinta años su propia ausencia de Argentina, su exploración del exilio propio, su ambición de haber estado en Buenos Aires, de haber recorrido sus calles con sus hijos y su familia o al lado de sus amigos Cortázar y Puig, también exiliados. El escritor salda cuentas en lo hondo de su corazón para interrogarse sobre la fantasmal no-existencia del desaparecido y la evanescente no-vida del exiliado, mientras, documenta en clave literaria, íntima, una de las etapas genocidas más terribles de su país. Novela sobre el dolor y la expiación, pero sobre todo novela de la ausencia, esforzada intelección de la sinrazón y el delirio, si esto es posible. “Lo único que nos queda ante esta irremediable derrota que llamamos vida es intentar comprenderla. Ésta es la razón de ser del arte de la novela”, escribió Milan Kundera.

Alejandro de la Garza. Periodista cultural. Publica ensayo, crítica literaria y crónica en diversas revistas y suplementos.