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{{ {EL ORFANATO} /
JUAN ANTONIO BAYONA}}

A los nombres de Alejandro Amenábar,
Jaume Balagueró, Nacho Cerdà y Juan
Carlos Fresnadillo, miembros de la
nueva generación ibérica que busca
inyectar aire fresco al cine de terror,
se suma el de Juan Antonio Bayona,
que apadrinado por Guillermo del Toro
debuta en este género con la que
se ha erigido en la segunda película
más taquillera en la historia de la
industria española. Retomando uno
de los grandes tópicos de la tradición
gótica —el espacio hechizado—,
la cinta se centra en la figura de
Laura (Belén Rueda), una mujer que
vuelve al hospicio donde se crió con
la idea de transformarlo en asilo para
niños discapacitados, para ofrecer
un estudio de los miedos y dilemas
de la maternidad que a ratos roza
el melodrama. Más efectiva que {El
convento} (Laugier, 2004), con la que
tiene varios puntos en común, aunque
menos lograda que {Los abandonados}
(Cerdà, 2006), notable actualización
del tema del doble, {El orfanato}
mezcla hábilmente todos los recursos
del horror y el relato de fantasmas
y los hace confluir en una vieja
mansión ubicada en la costa norte
de España, cuyos ominosos paisajes
ayudan a crear la atmósfera de
ensueño sobrenatural necesaria para
que Simón (Roger Príncep), el hijo
adoptivo de Laura contagiado con el virus del sida, pueda comunicarse
con las presencias infantiles que irán
cobrando corporeidad y dimensión
trágica. Gracias al entrecruzamiento
de orfandades, el filme de Bayona
remonta sus flaquezas para elaborar
una reflexión sobre el desamparo casi
metafísico.

{{ {NO HAY LUGAR PARA DÉBILES} /
ETHAN Y JOEL COEN}}

Como todos los grandes narradores,
Cormac McCarthy suele acudir a
ciertas convenciones genéricas —sea
el {thriller} de orillas existencialistas o
el fresco histórico— para trastocarlas
y explorar algo que queda más allá:
en su caso, la barbarie y la maldad
en estado puro, representadas entre
otros por Lester Ballard, el violador
que asola las páginas de {Hijo de Dios,}
y el juez Holden, el demonio pedófilo
que en {Meridiano de sangre} recorre
la frontera entre México y Estados
Unidos a bordo de una montura
apocalíptica. Verdaderas fuerzas de la
naturaleza más que entes amorales,
los asesinos de McCarthy difunden su
estirpe de destrucción gracias a Anton
Chigurh, el dispositivo criminal al que
Javier Bardem presta su rostro en la
excelente adaptación de {No Country
for Old Men}, novela en la que el autor
vuelve al escenario fronterizo que
lo imanta. Luego de dos películas
prescindibles ({El amor cuesta caro}, de
2003, y {El quinteto de la muerte}, de 2004), los hermanos Coen emplean
toda su fibra para trasladar a la
pantalla los avatares de Llewelyn
Moss (Josh Brolin), un veterano de
Vietnam que se topa con dos millones
de dólares al cabo de una masacre
entre narcotraficantes ocurrida en
un páramo de Texas. Con enorme
fidelidad al original, los cineastas
urden una violenta fábula sobre el
destino y las ilusiones perdidas que
trasciende el relato persecutorio para
entrar en los terrenos de la tragedia
clásica. Aunque la crítica coincide en
ponderar el trabajo de Bardem como
Chigurh, el psicópata con arranques
filosóficos que arrasa con lo que le
sale al paso con el ímpetu de un
tornado, hay que ser justos con los
Coen: estamos ante una de esas raras
unidades fílmicas en las que no falta
ni sobra ningún elemento.

{{ {PROMESAS PELIGROSAS} /
DAVID CRONENBERG}}

A caballo entre el orbe físico e
incluso fisiológico y la esfera
psíquica, entre la anormalidad y la
anomalía, el canadiense Cronenberg
ha diseñado un cine de autor que
se adentra en uno de los vericuetos humanos más retorcidos: “Me atrae
—confiesa— la cuestión de la
identidad: cómo la bosquejamos, lo
difícil que es cimentarla y mantenerla.
Cada mañana, al despertar, debemos
reconstruirnos: recordar quiénes
somos, dónde nos hallamos, cuál es
nuestro idioma, a qué nos dedicamos”.
Aunque quizá no tan evidente
como en otras de sus cintas ({Dead
Ringers}, 1988; {M. Butterfly}, 1993;
{Spider}, 2002; {Una historia violenta},
2005), dicha cuestión es una de las
corrientes subterráneas que nutre la
trama de {Promesas peligrosas}, otro
punto a favor de este director que
con el tiempo ha sabido fortalecer
un estilo personalísimo. Ubicado en
el Londres contemporáneo, el filme
sigue los pasos de Nikolai (Viggo
Mortensen en una actuación de
antología), chofer y guardaespaldas al
servicio de una familia perteneciente
a la {Vory v zakone} (“Hermandad de
ladrones”), el grupo de la mafia rusa
que se desarrolló en los campos
de prisioneros creados por Stalin.
Impecable e implacable, el guión de
Steven Knight provoca que el camino
de Nikolai se cruce con el de Anna
(Naomi Watts), una partera en poder
de un diario incriminatorio escrito
por una joven prostituta que muere
al dar a luz. El choque de destinos
detona una inmersión en los usos y
costumbres de la mafia que cuenta
con escenas de una enorme brutalidad
física (la portentosa pelea en un
sauna) y psicológica (la iniciación de
Nikolai como miembro de la familia).
Luego de {Una historia violenta}, el
dueto Cronenberg-Mortensen vuelve a
demostrar su elegante ferocidad.

{{ {ANTES DE QUE EL DIABLO SEPA
QUE HAS MUERTO} / SIDNEY LUMET}}

Responsable de una obra desigual
en la que sin embargo brillan varias
luces como {Serpico} (1973), {Tarde
de perros} (1975), {El príncipe de la
ciudad} (1981), {El veredicto} (1982) y
{Corrupción total} (1990), entre muchas
otras, el octogenario Lumet regresa
a la carga con toda su experiencia a cuestas para asestar un golpe
demoledor del que uno no se
recupera fácilmente. Tras la fachada
del asalto a la joyería familiar en
Westchester (Nueva York) planeado
por los hermanos Hanson, Andy
(un insuperable Philip Seymour
Hoffman) y Hank (Ethan Hawke),
acecha una tragedia de bordes
griegos en la que campea la
consanguinidad transformada
en baño de sangre a través del
matricidio y el filicidio, el rencor y
la traición, la mezquindad y el odio
acumulado. Pareja emblemática de
{losers}, Andy y Hank giran en torno
de Gina (Marisa Tomei), esposa
del primero y amante del segundo,
el eje femenino que los conduce
inconscientemente al callejón sin
salida donde ambos se estrellarán.
Armado como un rompecabezas
{noir} que remite a la deconstrucción
de otro atraco efectuada en
{Casta de malditos} (Stanley
Kubrick, 1956), el guión del
debutante Kelly Masterson avanza
y retrocede en el tiempo para
ofrecer la perspectiva fracturada
de los tres protagonistas: Andy,
cuya drogadicción en ascenso
lo dispara a un frenesí asesino;
Hank, endeudado con la pensión
alimenticia de su hija, y Charles
(Albert Finney), el padre
convertido en animal rabioso por
la muerte de su mujer, ocurrida
durante el asalto frustrado. Con
un músculo cinematográfico que
ha podido tonificar con los años,
Lumet entrega así la visión brutal
y desesperanzada de una familia
hecha añicos: un verdadero nido de
víboras donde sólo sobrevive la que
secrete más veneno.

{{ {EXPIACIÓN, DESEO Y PECADO} /
JOE WRIGHT}}

Más allá de que la revista {Time} la haya
incluido en la lista de las cien mejores
novelas en lengua inglesa publicadas
desde 1923, {Expiación} (2001) confirma
a Ian McEwan como uno de los mayores
escritores de la actualidad. Desde {Primer
amor, últimos ritos}, su debut de 1975,
el británico ha dado muestras de un
talento cruel y punzante para ahondar
en los recovecos de la naturaleza
humana que le ha valido el mote de {Ian
Macabro}; un talento que en {Expiación}
se aúna al afán por revisitar algunas
zonas de la tradición narrativa de
los siglos XIX y XX para fusionarlas y
engendrar una obra maestra, una puesta
en escena de los poderes y las trampas
de la imaginación literaria que parte
de una reformulación del punto de
vista preconizado por Henry James. El
director Joe Wright, que había probado
su capacidad para las adaptaciones
librescas con {Orgullo y prejuicio} de Jane
Austen —figura tutelar en la novela
de McEwan—, triunfa al trasponer a la
pantalla el triángulo conformado por
Robbie Turner (James McAvoy), Cecilia
Tallis (Keira Knightley) y Briony Tallis,
que a los 13 años sella el destino de los
otros dos vértices al seguir su instinto
de autora incipiente. El salto casi
cuántico de la campiña inglesa en el
verano de 1935, una suerte de arcadia
bajo la que late la pulsión erótica, al
puerto de Dunkerque en 1940 durante
la Operación Dínamo, que implicó
la evacuación de miles de soldados
británicos ante el avance alemán, es
uno de los grandes logros tanto del libro
como de la película. Igualmente grande
es la conclusión, que cuestiona la ética
del escritor: “¿Cómo puede alcanzar la
expiación el novelista si su absoluto
poder de decisión sobre el destino de los
otros lo convierte también en Dios?”. {{n}}