El demonio de la sinrazón en un México positivista * Guillermo Espinosa Estrada

Algo tienen los magnicidas que resultan idóneos para la ficción. Desde Casio y Bruto, pasando por Gavrilo Princip, hasta Lee Harvey Oswald, estos personajes siguen inspirando obras literarias debido a la fascinación que nos producen: su drama personal supera los límites de la ficción —y tal vez sólo en base a hechos históricos alguien como León Toral podría ser verosímil en literatura—, además de que es irresistible, tanto para lectores y escritores, sumergirnos en la complejidad de un ego mesiánico que tiende a sacrificarse, casi siempre, por un ideal tan dudoso como su propio acto magnicida. Finalmente, con este tipo de historias, la obra parece estar ya ahí, en la realidad, puesta para que nosotros la tomemos y le demos forma literaria.

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Publicado en: 2008 Febrero