A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE
El 29 de octubre 2007 dejó de latir el corazón de la poeta Isabel Quiñónez. Cinco semanas
después, sus hermanas invitaron a un homenaje póstumo antes de depositar sus cenizas en
una funeraria de la colonia San Rafael. Insólito es el adjetivo con que puede ser calificado ese
acto. Lo usual, en este tipo de conmemoraciones, es resaltar aciertos personales y subrayar las
virtudes de una obra. Aquí la obra pasó desapercibida y lo resaltado fue una serie de datos y
recuerdos para “entender por qué era como era”, en palabras de Marina, su hermana mayor.

¿Cómo era esta mujer nacida el 17 de julio de 1949 en San Pedro Sula, Honduras? Sólo ella
lo supo. La fuente creativa de los verdaderos poetas es un completo misterio para los otros.
Los testimonios de quienes la conocimos son fragmentos, angulitos, momentos de una vida,
manifestaciones intermitentes de un todo inaccesible.

En un disco compacto, presentado el pasado 9 de diciembre, las hermanas colocaron fotos
de infancia, registros de escuelas, amistades, parejas, la interpretación de su llegada a México
y algo inusitado: relatos sobre la hostil y compleja relación de Isabel con su madre.

La semilla de la poesía tal vez se depositó en esa niña cuando los padres rompieron
abruptamente su convivencia. Él, empresario y dueño de una librería, permaneció en Honduras.
Ella, mujer de sociedad, salió con sus dos niñas a México y se hospedó con unos paisanos. Los
días fueron difíciles. Isabel de cuatro, cinco, seis años extrañaba la amplitud y calidez de su
primer hogar, le hacía falta su papá y padecía los desasosiegos maternos. Siete años después
de su llegada al Distrito Federal, la mamá se casa de nuevo. Cuando Isabel tiene 10 años, nace
Norma, su nueva hermana. En esa época, la futura poeta lee todo el tiempo. La madre se enfada.
La quiere jugando como las demás niñas. Los años corren y los reclamos maternos aumentan:
“¿Por qué te pones eso?… Estás muy gorda… ¿Por qué eres así?… Sé más normal…”. A los 21
años, su mamá le exige una prueba de embarazo e Isabel se va de la casa. Encuentra a Carlos, a
quien años después le dedicará {Alguien maúlla} (FCE, 1985). Es probable que las adversidades
continuaran alimentando su espíritu poético. Carlos muere a los 45 años de edad cuando ella,
de 35, se siente plena junto a él. Varios poemas de {Esa forma de irnos alejando} (Universidad
Veracruzana, 1989) se gestaron a partir de él y de su muerte. El libro está dedicado a Roberto,
el padre de Paloma, la única hija de Isabel.

Antes de estos dos poemarios, en La Máquina de Escribir se publicó {Extracción de la piedra
de la locura} (1979) y {¿Será esto el mar?} (UNAM, colección Punto de Partida, 1984), eran los
años de los talleres con Juan Bañuelos y Carlos Illescas. Encarrilada en la maternidad, lucha
para mantener su cuerpo en armonía. El potasio baja, los medicamentos suben, el amor se
escapa. En 1996, Breve Fondo Editorial dio a conocer {Así en la tierra.} Luego vendrían periodos
negros, una hipocalemia hace estragos, la escritura se vuelve ocasional hasta que se recupera
para emerger de nuevo, con fuerza y madurez. Dejó un libro terminado.

Más allá de sus poemas y de algunas investigaciones históricas, redactó textos como la serie
titulada {La musa ha terminado}, escrita durante 1990 y publicada en la revista de libros del
periódico {El Nacional}. Ahí se aprecia la forma en que estudiaba a los autores que le interesaban,
ahí se ve cómo intenta desentrañar, por ejemplo, a William Cowper, poeta romántico del siglo
XVIII inglés. También dedica otras partes de esta serie a Cavafis, analizando lo que Auden y
Yourcenar escribieron sobre él. Todo ello, tantas lecturas a las que se pueden añadir Ezra Pound,
Yeats, Odysseas Elytis, Paz, T.S. Eliot, Gorostiza, Matsuo Basho… le ayudaron a construir
técnicas para transmutar su dolor, para anclarse en la vida, para crear. Su poesía está a la vista.
Que cada quien emita su propio juicio.

Isabel trabajó tres décadas en el Departamento de Estudios Históricos del INAH. Estudiaba
la maestría en historia cuando el 3 de octubre de 2007 le detectan cáncer en el páncreas. Al final
de ese mes se fue. No murió, porque si hay seres que no pueden morir son los poetas. {{n}}