En México tenemos fuertes tensiones
entre los distintos grupos étnicopolíticos. Pero lo que ahora se ha
impuesto como moda es la tensión
intragrupos. Es decir, que los
pleitos y los tirones al interior de
los partidos políticos mexicanos
han sido la nota más sobresaliente
de la vida política reciente del
país. Lo que llama la atención de
este asunto es que los tres partidos
están enfrentando problemas muy
similares. Todos tienen ya, a estas
alturas, un candidato perfiladísimo
hacia las elecciones de 2006.
También, en los tres partidos, los
grupos políticos menos cercanos
a tales candidatos se han resuelto
a buscar la dirigencia de sus
respectivas formaciones políticas.
Esto es lo que ocurre en el
PRI con el llamado grupo de
la Unidad Democrática, mejor
conocido como el TUCOM. Lo
mismo pasa con quienes en el
PAN han decidido apostarle a
Carlos Medina Plascencia para
que sustituya a Luis Felipe Bravo
Mena. Coincidentemente, la
misma situación está sucediendo
en el PRD donde Jesús Ortega
está llamando a todas las fuerzas,
incluidas las que Cuauhtémoc
Cárdenas pueda aportarle, para
enfrentar a López Obrador.
Podría suponerse que
este curioso fenómeno que
podríamos denominar como “lacandidatura-para-ti, el-partido-ylas diputaciones-para-mí” es una muestra más de la mezquindad
que tanto sobra entre la clase
política mexicana. Inclusive podría abundarse en esa dirección y
advertir que es la falta de oficio
y operación política lo que está
llevando a calentar el ambiente
en las casas de los tres partidos.
Sin embargo, es muy probable
que la explicación de lo que está
sucediendo se encuentre en otra
parte. En los principios básicos de toda democracia.
Según los teóricos de la
democracia partidaria, las
organizaciones de militantes son
indispensables en un régimen de
competencia democrática ya que
funcionan esencialmente como
órganos de control y de vigilancia tanto de sus candidatos como de
los gobernantes que arribaron a
cargos de elección popular gracias a las siglas de sus formaciones.
Es siguiendo esta reflexión que
podríamos advertir el fenómeno
de “la-candidatura-para-ti-elpartido-para-mí” como un síntoma saludable del mecanismo de pesos y contrapesos que está surgiendo
en el seno de los partidos. Una
muestra del camino que están
siguiendo el PAN, el PRI y el
PRD para convertirse en partidos
sinceramente modernos de y para el siglo XXI.
Claro está que, para que
tal cosa ocurra, los liderazgos
que se están construyendo
deberán entender que no es
aplastando a sus adversarios sino
convocándoles a construir
una alianza genuina como
mejor podrán ganar las elecciones constitucionales. ¿Qué tan cerca
estarán nuestros liderazgos de
saber conducir a sus formaciones
hacia las prácticas democráticas
del mañana? Eso lo sabremos
muy pronto. n