Implacable y sin nada que
la contenga, durante los dos
últimos meses la hidra del crimen
organizado ha segado la vida de
más de 130 personas. Algunos
de los muertos han aparecido
en lotes baldíos, otros en parajes
desolados. Unos tenían atadas
las muñecas de las manos y los
tobillos, otros estaban envueltos
en sábanas o cobijas. Quienes
corrieron con menos suerte
fueron asesinados en público,
con un tiro puesto a quemarropa
para evitar errores. El caso más
sonado fue el de Arturo “El Pollo”
Guzmán Loera (hermano del
“Chapo” Guzmán), a quien le
arrebataron la vida a principios
de enero mientras estaba bajo la
jurisdicción del Estado mexicano,
dentro del penal de alta seguridad
denominado “La Palma”.
La ruta del veneno que
esta hidra va dejando serpentea
sobre el borde de la frontera
norte, desde Baja California hasta
Tamaulipas, luego se derrama
hacia el sur tocando carreteras,
puertos y poblados de los estados
de Veracruz, Tabasco, Oaxaca
y Chiapas. Hasta ahora nada la
detiene y ni siquiera quienes la
provocan poseen la capacidad
para reprimirla. Se trata de una
escalada violentísima desatada
entre cárteles para ver cuál de
ellos se queda como propietario
de la narco-ruta que, atravesando
el territorio nacional, conecta
al mercado colombiano de
estupefacientes con la frontera
norte de nuestro país.