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CULTURA Y VIDA COTIDIANA

POR GUILLERMO SAMPERIO

cómo asesinar la dicha de aprender

En 2003 la editorial Océano publicó en México un libro excelente, el cual no ha tenido la resonancia que merecería. Se titula Cómo se aniquila la alegría de aprender y lo escribió un viejo periodista francés, François de Closets, quien se ha especializado en temas científicos, sociales y políticos. Aunque apareció en 1996, publicado por Editions du Seuil, con un título que los editores en español decidieron suavizar, pero que en su sentido original resulta mucho más contundente (Le bonheur d’apprendre et comment on l’assassine: La dicha de aprender y cómo asesinarla), el libro resulta sumamente aleccionador para entender la realidad del sistema educativo mexicano y el reciente debate sobre las reformas a la educación secundaria.

De Closets analiza con especial inteligencia y rigor la debacle del sistema educativo francés, la cual no ha sido muy diferente a la que está padeciendo el nuestro. Los franceses, que se vanaglorian de haberle otorgado siempre un lugar de privilegio a la lectura y a la enseñanza de la literatura en su idioma, se las están viendo negras desde hace un buen rato para hacer que los niños y jóvenes lean más literatura. De acuerdo con los datos de Closets, los «lectores» (es decir, aquellos que leen más de un libro al mes) representan un tercio de la población francesa, mientras que los «no lectores» (los definitivamente alérgicos a la galaxia Gutenberg) ascienden a un cuarto. Entre ambos extremos están los «lectores de ocasión», aquellos que leen por lo menos un libro por trimestre. Envidiable ¿no? Para México desde luego que sí, pero no para Francia, si se toma en cuenta a sus pares europeos, como Alemania, que tiene dos tercios de población «lectora», o Inglaterra, con más de la mitad.

Desde luego, los especialistas franceses atribuyen el descenso de lectores fundamentalmente a la televisión; sin embargo, hay un dato que conviene resaltar: de acuerdo con un estudio sobre las prácticas culturales de los franceses, citado por Closets, en quince años el porcentaje de lectores aumentó entre los adultos, pero disminuyó entre los jóvenes, siendo que, al mismo tiempo, el índice de escolaridad aumentó proporcionalmente. Conclusión: los jóvenes estudian más, pero leen menos.

Y eso nada más por mencionar el aspecto relacionado con la lectura. La realidad educativa francesa se encuentra igual o peor en aspectos tales como la enseñanza sobre temas científicos o la educación musical, por citar dos ejemplos. Sin embargo Closets es optimista. Afirma que, a pesar de las estupideces de los políticos, hay esperanza: «En resumidas cuentas, los programas son malos y la pedagogía es inadecuada, pero los maestros son buenos. Por eso funciona» el sistema educativo. La clave está en enfocar los esfuerzos en los buenos maestros, en aquellos que dejan huella positiva en los estudiantes, descartando a los grillos, los holgazanes y los mercenarios; es decir, aquellos que se meten de maestros porque no encuentran chamba en ningún otro lado, sin contar con la vocación y los conocimientos adecuados para educar.

En suma: la lectura del libro de marras resulta altamente recomendable no sólo para educadores y personas preocupadas por la cultura, sino especialmente para los funcionarios gubernamentales encargados de las políticas y los planes educativos que deciden los contenidos de los programas de estudio de los niveles de educación básica.

LA QUERELLA POR LA HISTORIA

A mediados de junio pasado se dio a conocer a través de la prensa la propuesta de Reforma Integral para la Educación Secundaria (RIES). De acuerdo con el documento difundido, el proyecto de la Secretaría de Educación Pública (SEP) era que, a partir de 2005, en las escuelas secundarias se enseñaran temas de historia universal y de México únicamente a partir del periodo que abarca del siglo XV al año 2000, y que se dejaran de impartir temas como la prehistoria, las civilizaciones de Mesopotamia, China, India, los griegos, los romanos y el pueblo judío, además de la Edad Media, y en el caso de la historia nacional, omitir las civilizaciones prehispánicas. Supuestamente, los temas eliminados en secundaria se estudiarían en primaria, con lo que en lugar de que se impartiera la materia de historia tres años durante tres horas semanales, se enseñaría sólo en segundo grado de secundaria con apenas ocho horas a la semana.

El argumento de la SEP para tratar de eliminar de tajo la enseñanza de periodos importantísimos de la historia mundial y nacional fue permitir el conocimiento de «los fundamentos de la sociedad actual, ya que fue en los siglos XV y XVI cuando se incorporó lo que hoy es México al mundo moderno, y se concluye con la formación y consolidación del mundo contemporáneo y los retos del siglo XXI». Eso sí: aunque se eliminarían varios siglos de la historia universal y de México, sí se incluiría el tema de las elecciones del año 2000, cuando Vicente Fox fue electo presidente de la República, con lo que se abordarían diez años más que el programa vigente. La meta de eliminar esta cantidad de contenidos, según la SEP, es facilitar la enseñanza de una «historia explicativa», que se aleje de la memorización.

No obstante, el tema de la historia era apenas la punta del iceberg. La RIES (qué imaginación tienen los funcionarios para elegir siglas de sus programas) incluye, entre otros aspectos, la reducción de materias de 34 a 24, la disminución de contenidos, a fin de «asegurar mayor profundidad» en su estudio y la concentración de algunas asignaturas en un solo grado.

Desde luego, la bomba no tardó en explotar. La RIES no había sido puesta a consideración de ninguno de los sectores involucrados, ni siquiera al Sindicato de Maestros. Fue realizada por «expertos», entre los que se mencionó al historiador Enrique Krauze, quien se deslindó de inmediato del adefesio.

Múltiples voces se levantaron, entre intelectuales, escritores, historiadores, maestros y políticos, para frenar este atentado a la memoria histórica de los mexicanos. Quien sintetizó de manera excepcional la trascendencia del ultraje fue Miguel León-Portilla en un artículo publicado en La Jornada el 22 de junio, titulado «Socavar nuestra identidad». Me permito citar los párrafos sustanciales, a fin de tenerlos presentes: «Los mexicanos hemos construido nuestra identidad a partir de un doble y muy rico legado cultural. Por una parte está el de los pueblos originarios, en especial los mesoamericanos. Abarca éste el arte y el saber de los olmecas, teotihuacanos, mayas, zapotecas, mixtecas, toltecas y mexicas. Desconocer este legado es desentendernos de las raíces milenarias que dan sustento al ser del país. Este legado histórico se estudia y admira en múltiples centros de investigación en países de Europa, América y aun en otros como Japón».

«Por otra parte, está la herencia de la civilización del Mediterráneo, que se forjó a partir de Egipto y Mesopotamia, y se enriqueció grandemente en Grecia y Roma hasta implantarse en España. Este legado nos relaciona con otros muchos pueblos, primeramente con los de América Latina y la península Ibérica, y asimismo con los de toda Europa y otros. En tanto que la rica herencia mesoamericana nos mueve a apreciar a los millones de indígenas contemporáneos y a escuchar sus demandas, la procedente de la civilización mediterránea favorece nuestro diálogo con gente de numerosos países. Del encuentro de esos dos grandes focos civilizatorios —Mesoamérica y mundo Mediterráneo—, que fue violento, pero a la postre resultó fecundo, se ha forjado el ser de México. Hoy finalmente reconocemos que formamos un país pluricultural y multilingüe, y sabemos que en ese legado plural están nuestras raíces más hondas».

«Siendo ésta una verdad innegable, ¿se intenta ahora privar a los adolescentes que cursan la educación secundaria de la posibilidad de ahondar en lo que son sus raíces históricas? Se dice que se busca ‘acabar con la memorización’ y simplificar las materias que se imparten. ¿Se logrará esto mutilando la conciencia de lo que somos? ¿Se piensa que es superfluo profundizar en el conocimiento de nuestra historia a lo largo del ciclo secundario? Hoy que, como nunca antes, existen procesos de rampante globalización cultural provenientes del país más poderoso del planeta, ¿se pretende acaso extirpar la conciencia de nuestras raíces?».

«La identidad de un pueblo se construye con esfuerzo y en ello la conciencia histórica juega un papel fundamental. Tal conciencia sólo puede alcanzarse ahondando en el propio legado de cultura. Y esto exige volver la atención a él una y otra vez a partir del ciclo primario y luego en el secundario de la educación. En este ciclo la conciencia de los adolescentes es mucho más receptiva y se despierta ya en ella un sentido crítico que lleva a valorar más adecuadamente los aconteceres históricos».

«Simplificar no puede ser sinónimo de desentenderse de lo que es raíz de identidad. Y alejarse de la memorización no puede equivaler a convertir a niños, jóvenes y pueblo en general en amnésicos y viajeros sin equipaje conceptual».

«Siendo cierto que los mexicanos vivimos con grandes problemas, derivados sobre todo de la corrupción y la estupidez de algunos de los que nos gobiernan, poseemos, en cambio, una enorme riqueza cultural. Esta proviene de nuestras raíces, que alimentan el ser histórico. ¿Y, ahora, se pretende mutilarnos? Es tiempo de alzar la voz y oponernos a este intento no sólo irracional, sino frontalmente contrario a lo que somos y queremos ser».

LAS BECAS DE LA DISCORDIA

También en junio se dio un hecho inédito en la vida cultural de nuestro país. El día 25 el diario Reforma informó que el poeta Manuel Andrade denunció ante la Secretaría de la Función Pública (SFP) presuntos «favoritismos» en la decisión del jurado del área de Letras del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), al otorgar una beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte al narrador y crítico de cine Luis Tovar. De acuerdo con el rotativo, Andrade basó su acusación en que Tovar ocupa el cargo de secretario de redacción del suplemento La Jornada Semanal, que dirige el poeta Hugo Gutiérrez Vega, miembro del jurado de selección, junto con los escritores Vicente Quirarte y Mario Bellatín.

Mario Espinosa, secretario ejecutivo del Fonca, confirmó a Reforma que la queja se encuentra en proceso y se está revisando, y que el Fonca actuará institucionalmente y procederá en consecuencia dependiendo de lo que decida la SPF. En caso de que prosperara la queja, se le podría solicitar al Fonca que retire el apoyo económico a Tovar, consistente en una beca mensual de 20 mil pesos durante tres años.

Autor del libro de cuentos Amor que crece torcido (UAM Azcapotzalco, 2000) y crítico cinematográfico del suplemento de La Jornada, Tovar fue seleccionado como becario de Letras en la rama de creación artística del SNCA, junto a 14 escritores como Eliseo Alberto, José Vicente Anaya, Jorge Esquinca, Ignacio Padilla, David Toscana y Jorge Volpi, entre otros.

Por su parte, Andrade compitió para ser becario del Fonca en el área de Letras y no fue seleccionado. Fundamentalmente poeta, el quejoso estudió letras hispánicas en la UNAM y se ha desempeñado como corrector, redactor y editor. Algunos de sus libros son Celebraciones (FCE, 1986), Crónica de mayo (1990), Vitrales (UNAM, colección El Ala del Tigre, 1993) y Elogios (Ediciones Sin Nombre, 1998).

Desde luego, pocos miembros de la comunidad intelectual se han atrevido a opinar al respecto, pues se trata de una cuestión peliaguda, en la que, como diría la abuela, queda uno como el cuetero: si truena, mal; si no truena, peor. Hasta el momento, una voz sensata y creativa ha sido la del poeta y ensayista Armando González Torres, quien en un artículo publicado en Confabularlo, suplemento cultural de El Universal, propuso una medicina urgente para el enfermito sistema de adjudicación de becas: transparencia.

Algunos puntos de su atendible modesta proposición: solicitar el cumplimiento de requisitos objetivos más detallados para avalar la trayectoria del aspirante; incluir en las convocatorias candados que eviten el conflicto de intereses entre jueces y aspirantes; difusión en internet tanto de la lista completa de aspirantes, sus curricula y sus proyectos en concurso como de las actas de dictaminación y de los reportes de avances anuales de los becarios, y establecimiento de un banco de datos actualizado sobre los logros del sistema nacional de becas. Desde luego, González Torres reconoce que, a pesar de todo, sería difícil garantizar la unanimidad y el acuerdo, dadas las inercias de influyentes sectores del medio artístico y de la burocracia cultural, pero por algo se empezaría.

EL REYES A PACHECO

Entre tantos dimes y diretes siempre hay algo que celebrar y ya en pleno mes de julio se anunció que José Emilio Pacheco se hizo merecedor del Premio Internacional Alfonso Reyes 2003, «en reconocimiento a su trayectoria en las humanidades y la literatura iberoamericanas». El galardón, dotado con 700 mil pesos, será entregado en Monterrey en el próximo mes de octubre, con la presencia del comité directivo de la Capilla Alfonsina.

Esta es una muesca más en la pluma de uno de nuestros grandes polígrafos, digno sucesor de la insaciabilidad intelectual del regiomontano. Hace apenas unas semanas Pacheco obtuvo los premios Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda y el José Donoso de Letras, además del Premio Octavio Paz de hace un par de años. El escritor recibió el anuncio del premio casi en el estribo del avión que lo trasladaría a Chile, donde participó en los homenajes por el centenario del natalicio de Pablo Neruda. Dijo que recibir un premio creado en honor a Alfonso Reyes «es tan abrumador como recibir uno que se llame Octavio Paz o Pablo Neruda». Con la humildad y sencillez del caso, el autor de El principio del placer señaló que no escribe para obtener reconocimientos, sino, como cuando empezó, «por el puro y simple gusto de hacerlo». Enhorabuena. n