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DE EL ACTOR SE PREPARA

Los pescadores no se ponen de acuerdo en cuándo ni cómo llegó el pez hiena al lago. Sólo advirtieron al principio una gradual disminución en la captura de las especies que los sustentan. Porque el pez hiena, aunque pequeño, come con voracidad otros peces, justamente aquellos que los pescadores extraen del lago. Claro que capturaban en sus redes peces hiena, pocos porque es un animal muy avezado, pero el pez hiena no se puede comer porque su sabor es repugnante en extremo; y algunos aseguran que no sólo es vomitivo, sino venenoso.

El aspecto del pez hiena es tan poco agraciado que si lo encuentras por primera vez crees que el animal ha sido desfigurado a golpes; pero no, así es él de modo natural. Hay una mueca de risa en su hocico, por eso le dicen pez hiena. No tiene ese brillante color plateado de otros peces, sino es pardo, color de lodo. Y eso parece, bodoque de lodo con ojos.

Se ha probado todo para exterminarlo: veneno selectivo—no funcionó—, veneno indiscriminado —mató a los gentiles cardúmenes alimenticios y el hiena sobrevivió—, descargas eléctricas —no operantes—. Entonces se llegó al remedio heroico de desecar por un año parte del lago. Pero el hiena sobrevivió enquistado en el fondo lodos y, cuando volvieron a llenarlo, revivió (pp. 20-21).

Hugo Hiriart: El actor se prepara, Tusquets Editores,Mexico, 2004, 155 pp.