A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

DE EL TAÑIDO DE UNA FLAUTA:

[El narrador viendo la película El tañido de una flauta] sin poder decir: «¡Yo era ése; la mujer en la vida real no era una japonesa, en la realidad se llamaba Paz Naranjo, fue en un tiempo conocida como la mujer Bauhaus, la donna-Bauhaus!, di, di dime Morales, ¿cómo poder decirle eso a Norma o al Chino? Aquel otro, el poeta, fue un periodista muy mi cuate. Nada de lo que estamos viendo es cierto y sí lo es. No es verdad que la historia ocurriera en Macao; sucedió en Nueva York, aunque cuando hice mi película la ambienté en Brownsville, sí, en la frontera». Hubiera sido absurdo tratar de explicarles algo, había que permanecer sentado, empavorecido, casi muerto de asfixia, como en el seno de una espesa pesadilla de la que, sin embargo, no desea uno evadirse, y ver aparecer ante los ojos, estupefacto, lo imposible, (p. 85.)

De Juegos florales.

A veces podía sentir una irritación sin límites, pero, sobre todo, debía confesárselo, lo que predominaba en él era el miedo. Lo había esclavizado [Billie Upward al narrador] por medio del terror. Temía que un día expusiera ante los demás la amplitud y la profundidad de su ignorancia, que revelara por ejemplo su incapacidad para definir lo específico de un cuadro de Sassetta o su desconocimiento en materia de vinos, que declarase que su cultura, casi meramente literaria, no lo facultaba para frecuentar el medio en que ella se movía por infinidad de méritos […]. (p. 198.)

I…]

— ¿Dulce? ¿Billie?

Es posible, se dice, mientras casi se le atraganta el helado. Es posible que él hubiera ignorado zonas importantes de su personalidad. Hubo en ella muchas capas que ignora. Acepta que nunca pretendió conocerla. Por el contrario, ¿no ha confesado una y otra mil veces las dudas que el personaje le impuso cuando trató de escribir esa especie de crónica a la que con tanta frecuencia se refiere? Sí, de ella podía decirse todo lo que se quisiera, pero … ¿dulce? … ¡No! ¡Esto sí le resultaba demasiado! (p. 209 )

Sergio Pitol:El tañido de una flauta/Juegos flores. Obras reunidas/Fondo de Cultura Economica,Mexico,2003, 316 pp.