HISTORIAS DE LA CREACIÓN

POR JAVIER GARCÍA-GALIANO

 No de los géneros más  gratos para el lector y  para el escritor es. creo, el de la noveleta. Menos por su extensión que por el estilo que parece imponer, en ella se suelen desarrollar historias simples, cuyas complicaciones se resuelven con sencillez, y cuyo relato adquiere la forma natural de la familiaridad. Uno de los escritores que han practicado ese género hasta con vertirlo en una manera de seña particular es César Aira.

Algunas de las muchas historias que ha escrito recurriendo a ese género tratan acerca de la creación misma, de las circunstancias que pueden conducir a ella, de las obsesiones que la conforman, de los temores que hace surgir, del acto físico que conlleva. En esas narraciones hay algo de juego literario desde los personajes, como en Un episodio en la vida del pintor viajero, en la cual los derroteros y la debilidad de la vista del pintor Johan Moritz Rugendas son el origen de la recreación de un paisaje, de un ambiente y de una obsesión.

También en Varamo, Aira se refiere a un personaje, entre la ficción y la realidad, para conjeturar acerca de la procedencia de un poema: El Canto del Niño Virgen. No sin ironía, se reduce a esos versos posibles para descubrir a su autor, pues en ellos está contenida la jornada que terminó cifrada en ese escrito, que, a su vez, puede imaginarse a partir de la novela que lo indaga. “Nuestra invasión de la conciencia de Varamo”, aclara el narrador en la página 63, “no es mágica, ni siquiera imaginativa o hipotética. Es una reconstrucción histórica. Lo que sucede es que la hemos presentado al revés, poniendo al principio los resultados últimos de nuestra investigación. Todos los rasgos circunstanciales con que hemos venido coloreando y verosimilizando el relato de la jornada del personaje están deducidos (la palabra no es lo bastante fuerte) del poema que escribió al final, y que es la única documentación que quedó”.

Aunque en él puede adivinarse una alegoría, prescindiendo, salvo en ciertas páginas, de explicaciones teóricas y terminajos fútiles, Aira rastrea el principio de “la celebrada obra maestra de la moderna poesía centroamericana” para encontrarse con un hombre  común al que le ha sucedido un pequeño imponderable, el cual le permite recrear parte de un día de su vida, en el que puede reducirse toda su existencia.

Desde James Joyce se sabe que si se conoce un día de la vida de una persona se puede conocer a esa persona, y que en la historia de un hombre cualquiera suele converger la de una ciudad. Partiendo de unos versos escritos  fortuitamente, Aira deduce una tarde y una noche en la vida de Varamo, en las que va coincidiendo su destino a manera de conjeturas, recuerdos, desencantos, propósitos y casualidades. Pero ese destino está hecho, asimismo, de las conjeturas, los recuerdos, los desencantos, los propósitos y las casualidades de otros, de forma que en la narración de aquella jornada van apareciendo personajes no siempre íntimos, un vecindario, un café, una plaza y una ciudad intuida: Colón.

Uno de los gustos de Aira radica en el paisaje y en los modos en los que se percibe. Como en Un episodio en la vida del pintor viajero se rememora el entorno sudamericano, en Varamo va surgiendo Panamá y su antigua capital por medio de actos mínimos, que llevan al personaje del título a percatarse finalmente de la realidad que habita a partir de pequeños hechos inesperados, que lo obligan a volverse perceptivo, lo cual le permite emprender la redacción de un poema, que puede convertirse en una solución a los problemas que lo aquejan.