EL COSTO DE MÉXICO

POR RICHARD COCKETT

No sorprende que mientras en China la inversión extranjera directa aumenta con rapidez, en Mexico permanece estable. México debe cambiar para competir y en particular para hacer crecer su economía interna, que por lo menos será un colchón frente a las impredecibles fluctuaciones del comercio mundial.

Las élites dirigentes de México deben tener ya síntomas de “fatiga de conferencia”. Si no los tienen, hay que admirar cómo resisten. Durante el mes de octubre hubo en el país casi cada semana un ciclo de conferencias de alto registro. Hubiera sido bueno acudir a todas para cambiar de tema y refrescar la mente, pero el hecho es que, bajo diferentes títulos, sólo había en esos ciclos un tema recurrente: ¿a dónde va la economía mexicana?

Casi en la misma semana hubo la conferencia “Globalización y crecimiento económico” en la Candad de México, tres días de discusiones de economistas latinoamericanos en Puebla y una junta cumbre de negocios en Veracruz. Los oradores fueron de lo más diverso: desde- jóvenes académicos hasta ganadores del Premio Nobel de economía, desde políticos locales de primer nivel hasta el ex presidente de listados Unidos, William Clinton. Pero el mensaje básico fue el mismo, con mil diferentes disfraces, palabras y proyecciones: si México no emprende pronto las reformas estructurales que ha postergado, lo que hoy es sólo una preocupación por el futuro económico del  país se volverá una cosa mucho peor.

Para insistir en el punto vinieron a la conferencia de la Ciudad de México ex ministros y ex presidentes de países tan dispares como Irlanda, España, Chile y China, que instruyeron a sus oyentes sobre los beneficios alcanzados con la adopción de esas reformas difiles. Es posible que hasta hayan convencido a algunos de los senadores antirreformistas que patrocinaron la reunión, junto con el Banco de México.

El ponente chino fue escuchado con particular atención porque China, sin duda, se ha vuelto el coco de los industriales y de los trabajadores de México. Es una historia conocida que preocupa a los mexicanos, pero el alud de conferencias fue sobre todo porque echó luz sobre el problema central de México, que es su creciente falta de competitividad internacional, y no sólo frente a China. En los más distintos indicadores, México parece perder el piso ante casi cualquier competidor.

Los aranceles, por ejemplo. Desde 1994, el Tratado de Libre Comercio con Norteamérica le daba a México una ventaja decisiva de acceso al más grande mercado mundial. En 1990, el arancel promedio para productos manufacturados mexicanos que quisieran exportarse a Estados Unidos era de 5%. A partir de 1994, esos bienes entran prácticamente sin impuesto. Desde la firma del TLCAN, sin embargo, Estados Unidos ha ido reduciendo la protección sobre importaciones de otros países, y la ventaja mexicana inicial se ha desvanecido.

Ernesto López Córdova, economista mexicano del Banco Interamericano, calcula que las diferencias arancelarias entre México y China llegaron a su pico en 1997 y desde entonces han ido bajando en favor de China. Lo mismo tiende a suceder con el acceso comercial otorgado por Estados Unidos a los países centroamericanos y del Caribe. La situación empeorara, desde el punto de vista mexicano, con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de Centro américa que debe firmarse al fin de este año. El  tratado tendría graves consecuencias para los productores de textiles mexicanos, que son la citarla parte de toda la industria maquiladora y cuyas expoliaciones son fundamentalmente a listados Unidos.

El bajo costo de la mano de obra era el argumento principal de las compañías extranjeras para invertir en México. Pero México pierde rápidamente competitividad en este punto, y por caminos inesperados. Se sabe que China supera a México y a cualquier país en el costo de la mano de obra —la mano de obra china cuesta la cuarta parte que en México—. Pero estudios recientes de compañías multinacionales como General Electric muestran que hay en China miles de trabajadores con grados universitarios que son también, comparativamente, más baratos que en otras partes del mundo.

Dicho de otro modo, partiendo de muy abajo, en un tiempo relativamente corto China ha saltado por encima de México en términos de valor añadido en la industria. Las cifras de López Córdova son elocuentes. En 1090, el 80% de las exportaciones industriales de China a Estados Unidos correspondían al tercio de industrias de más bajo salario, pero para el año 2000 el porcentaje había caído al 60%. “Por el contrario”, dice López Córdova, “la distribución de las exportaciones mexicanas no ha experimentado ningún cambio sustancial”.

México no ha invertido suficiente en la educación necesaria para competir en una gama más amplia de actividades económicas y no ha podido tampoco, en consecuencia, reducir muchos de sus costos tradicionalmente altos de los que se quejan desde siempre los industriales. La firma A. T Kearney comparó hace poco los costos relativos del transporte de carga entre México y otros países. Por un tramo de 400 a 500 kilómetros, por ejemplo, el costo en México es 56% mayor que en Corea, 50% mas caro que en Brasil y 20″n más caro que en Estados Unidos. En China el transporte’ cuesta más, pero China envía sus exportaciones directamente de las cuatro zonas industriales exclusivas que están en la costa.

Algo semejante pasa con las telecomunicaciones, otra zona en la que México no ha hecho nada para reducir los costos debido al cuasi monopolio del que goza Telmex. Basta echar un vistazo al último informe de Internacional Telecommunieations Union.

Para teléfonos comerciales, en el año 2000 (eI último con cifras completas), el costo de instalación en México era de 370 dólares, con una renta mensual de 21 dólares. En Brasil, el gasto de  instalación era de 27 dólares y la renta mensual de 12, en China 226 y 3 dólares, en Singapur 17 y 17, en España 117 y 8.5 dólares. En eI resto de Centroamérica, algunos países tienen costos de instalación mayores, pero no tan altos como en México. Y todos los países de esa zona tienen rentas mensuales más bajas, algunas mucho más bajas. En internet, en el año 2001 México tenía también una de las tarifas más altas del mundo; tres veces más alta que en China y una tercera parte más cara que en Estados Unidos. No pueden separarse estos precios del hecho de que México sea también uno de los países desarrollados con más bajo crecimiento en usuarios de internet.

Hay otros aspectos clave, como las facilidades fiscales que China otorga a compañías extranjeras y México no. Puesto todo junto, no sorprende que mientras en China la inversión extranjera directa aumenta con rapidez, en México permanece estable México debe cambiar para competir y en particular para hacer crecer su economía interna, que por lo menos será un colchón frente a las impredecibles fluctuaciones del comercio mundial, pero para lograrlo, los políticos tendrán no solo que oír, sino que- absorber a fondo lo que tantos conferencistas le dicen, n