DEBATE EN NEXOS

¿CUÁLES DOS ESPADAS?

POR JEAN MEYER

“Iglesia y Estado: Las dos espadas ” (Nexos 282. junio de 2001). de Roberto Mancarte, ha generado un estimulante intercambio de ideas, En nuestro número anterior. Rodrigo Guerra López debatió con él. Ofrecemos ahora una polémica entre Jean Meyer y el mismo Roberto Blancarte sobre la naturaleza de la iglesia católica en México.

Cuidado con los lugares comunes, querido Roberto Blancarte, y editores de Nexos. Creo que a estas alturas los defensores acérrimos que son de la laicidad (y conste que los acompaño en ese combate) se equivocan cuando toman como blanco: “Iglesia y Estado: las dos espadas”, y al titular el artículo de tal modo. Roberto y los editores de Nexos creen que sigue la lucha entre el Sacerdocio y el Imperio, la “querella de las investiduras” o del Patronato; evoca la nada Santa Inquisición, después de la Conquista y antes de las guerras de Independencia, de la Reforma, de la intervención francesa y del Imperio; poco le faltó para ligar la iglesia católica al Porfiriato, a Huerta, a los hacendados y a los petroleros.

No quiero revisar ese catálogo histórico sino decir que Roberto y los editores de Nexos hablan de otra iglesia y de otro Estado, en el fondo parecen creer que la iglesia católica (o quizá todas las Iglesias cristianas y todas las religiones) es la fuente de las desgracias de México. Debo confesar que me sorprende ese brote cultural que bien podría ser una comezón derivada del conflicto masivo que ha caracterizado a la cultura europea en los últimos tres siglos, mejor dicho, a la cultura europea latina (de la cual nuestra América es partícipe) sobre el papel de la religión.

Roberto, deberías poner en duda tus modelos, especialmente el de la secularización tal como lo manejas en tu ensayo; deberías tomar una buena dosis de laicidad para analizar más fríamente a la iglesia católica en México, en América Latina, en el mundo; para no inculparla en asuntos de los cuales no es culpable.

Hace poco leía, de la pluma de un sociólogo norteamericano, una frase que te va a sorprender: “El lugar de los dioses en los asuntos de los mortales es el más inefable y más antiguo objeto de la curiosidad humana. El estudio propio de la humanidad es el hombre. Dios y la relación entre los tres”. Los tres; tres es más rico que dos, el dos de tus dos espadas. El asunto no es sencillo y la contradicción o la unión de los contrarios es la regla. Además, el cristianismo, tanto en el espacio de hoy como en la profundidad del ayer, ha sido y es un tal camaleón y ha tomado encarnaciones tan variadas que es muy difícil empezar a entender su naturaleza presente (es tu trabajo, mi buen sociólogo) o su historia (es el mío y me confieso derrotado). Su cambio permanente contradice tu impresión de que se resiste al cambio, de que es por lo tanto fundamentalísta, anclada en el siglo XIX, incapaz de olvidar nada, incapaz de aprender algo.

No sé dónde tu muy citado Jorge Larrain encontró que esos católicos consideran a la identidad (la de nuestro subcontinente, la de México) como una “esencia fija, inmutable en el tiempo” (tu página 50); me temo que te vuelves fixista y reduccionista cuando afirmas: “la incapacidad del episcopado católico mexicano para entender al mundo moderno (…) Su visión es reducida y decimonónica”. ¿Crees tú realmente que exista un ente monolítico llamado “episcopado”? Conozco a pocos obispos, a unos diez, y te aseguro que cada uno es un mundo y que varios te asombrarían por su “modernidad” (whatever that means).

Cuidado en no volverte decimonónico. amigo Roberto, al soñar con una religión reducida al fuero interno individual. Todas las grandes religiones hoy en día contraatacan dicho modelo; la sociología, todas las ciencias sociales te manifiestan que no existe tal dicotomía público/privado. Tú sabes, mejor que yo, que la religión como toda actividad es muy real y se vuelve “sociológica”, inscrita en la sociedad; el actor colectivo y multitudinario llamado iglesia nos interesa por eso mismo. Por el solo hecho de que da lugar a una actividad específica, la religión entra en relación y en competencia con las otras esferas de actividad, social, política, económica, etcétera. Esa competencia puede ser armoniosa o conflictiva, estéril o fructífera, eso es otro problema, pero no puedes mantener el sueño de ciertos hombres del siglo XIX y del XX de encerrar a “la iglesia” (¿qué es eso?) en sus templos y a los sacerdotes (el obispo es un sacerdote) en sus sacristías.

A lo mejor no te gusta la ambigüedad básica de todas las iglesias: son a la vez comunidad de creyentes e instituciones con relaciones con otras instituciones (el Estado, entre otras) y otras comunidades. Para limitarnos a ese cuerpo de profesionales de la religión, a ese episcopado que te molesta tanto, lo único que intento decirte es que es muy diverso, cambiante y que, según los lugares, según los momentos, tan puede ser factor de concordia, como de discordia. Ni modo, esa ambigüedad, esa tensión es tan vieja como el cristianismo, pero creo que olvidas que, al mismo tiempo, el cristianismo y sus Iglesias, si bien influyen sobre las sociedades que habitan, a la vez se encuentran transformadas por ellas. Por lo tanto tengo una visión mucho más optimista que la tuya cuando repaso los cinco siglos de la historia del cristianismo en lo que fue la Nueva España y luego México. Del futuro no soy profeta; el presente, intento vivirlo con la conciencia de que el cristianismo plural del México de hoy no tiene nada que ver con el del culto imperial, muy poco que ver con la religión nacional y mucho que ver con el de la comunidad voluntaria.

Sé que no tomarás a mal mi interpelación. Nexos me invitó a hacerlo para abrir el diálogo, o la conversación, que es más rica porque seremos más de dos (espadas). Vale.   n