PRIMER INFORME:

CERO CATÁSTROFES

Puede hacerse con rapidez un balance de los primeros siete meses del gobierno de Vicente Fox, diciendo que no se ha producido ninguna catástrofe. El ciclo de la catástrofe sexenal se ha interrumpido justamente en el momento del mayor cambio político.

La alternancia en el poder llegó a México sin las turbulencias a que nos tenía acostumbrada la continuidad. Ha sido una transición tersa y un cambio de gobierno sin agitación. México no ha tenido desastres políticos o económicos.

La recesión por la que cruza el país es hija directa de la desaceleración estadunidense y se curará (o no) con ella. En medio de la recesión, los indicadores macroeconómicos del país son sólidos: baja inflación, bajas tasas de interés, moneda fuerte, altas reservas.

Los nubarrones de crisis políticas se han disipado en horizontes de negociación larga, a veces errática, pero de aterrizajes suaves.

Los errores del nuevo gobierno han sido de prioridad política y equivocación de interlocutores. Luego de un arranque prometedor en sus relaciones con el Congreso, que le aprobó por unanimidad el presupuesto, el presidente se olvidó de él y se fue a buscar un diálogo privilegiado con los alzados de Chiapas.

Ganó el desafío mediático en toda la línea, diluyó la credibilidad del EZLN y aumentó la suya. Pero perdió la relación con el Congreso y el momento para impulsar ahí las reformas de fondo sin las cuales su gobierno y el desempeño futuro del país serán mediocres, para usar la expresión del propio presidente.

Las dos reformas diferidas por este error de estrategia son: 1) La reforma fiscal, que puede empezar a corregir el bajo financiamiento crónico de los gobiernos de México. Esa reforma es condición para obtener el reconocimiento internacional como país en el que puede invertirse sin riesgo, lo cual haría crecer el flujo de capitales hacia México. 2) La reforma energética, en particular la apertura del gas y la industria eléctrica a la inversión privada, sin la cual el país entrará inexorablemente en una crisis de abasto.

México está frente a un horizonte de extraordinarias oportunidades de crecimiento. Para aprovechar esas oportunidades debe romper cuellos de botella en infraestructura (servicios, energía, transportes, modernización, tecnológica) y capital humano (educación y salud).

Sin una infraestructura moderna no puede expandirse en forma sostenida la economía. Sin capital humano de calidad no pueden aprovecharse las oportunidades de empleo que crea el crecimiento.

En ambas direcciones se requiere dar un salto en los niveles de financiamiento para el desarrollo. (Ver recuadro). Necesitamos un gobierno capaz de hacer y provocar grandes inversiones en educación, salud e infraestructura. Y un régimen legal que no sólo no prohíba sino que atraiga grandes volúmenes de inversión a todo lo que el gobierno no puede ni debe financiar.

La llave de esas dos puertas hacia el futuro la tiene el Congreso, que debe legislar constructiva y ambiciosamente en ambas direcciones. Fox perdió un tiempo de oro al posponer sus negociaciones con el Congreso para subirse en la fiesta del diálogo con el EZLN. Otro tanto perdió caminando en la dirección equivocada de suponer que su popularidad con el público sería suficiente para presionar al Congreso a legislar en el sentido que él lo pedía.

Ahora va corrigiendo la estrategia y lo vemos buscar la cercanía de su partido, el diálogo con los gobernadores, la relación concentrada con el Congreso. Pero está como al principio. Lleva empatado un juego que podría ir ganando. n