CALLES: EN PRIMERA PERSONA

POR IGNACIO ALMADA BAY

Mi periodo presidencial de cuatro años creó un régimen de cien, fundado en escuelas de irresponsabilidad: la burocracia, la empresa paraestatal, el sindicato oficial, el ejido, la aduana, la notaría, la prensa del gobierno, el monopolio, el magnate subsidiado con recursos públicos, ámbitos donde todos se tiran la bolita, donde nadie tiene obligaciones; régimen fundado en la economía política del favor, hasta integrar una pirámide de favores: los mexicanos somos dóciles en la medida en que creemos que el gobierno nos hace favores; régimen fundado en la fuerza vinculante de la corrupción y de la extorsión, fincado en leyes espesas que hacen a todos infractores, donde todos resultan chantajeabas, donde todos busquen quedar exentos: régimen fundado en un marco legal defectuoso, que obliga a buscar padrinos políticos, a tener palancas para que no te traigan en vueltas. Hay que gobernar basados en hacer excepciones, en el excepcionalismo político.

Nada hay más revolucionario que el monopolio. La competencia es traidora. Necesitamos conservar un país de aduaneros y notarios, de fayuqueros y papeleo, cimentado en la desconfianza y en la inseguridad. Hay que conservar una sociedad civil sin seguridad en la propiedad, que dependa del gobierno, que ni siquiera tenga el domicilio seguro.

Por eso es tan peligrosa la monetización de los intercambios. las cajas registradoras son subversivas porque desaparecen los favores personales, las propinas, las mochadas. La tecnología amenaza al régimen porque viene de fuera, porque cada vez es más barata y no hay aduana que la detenga. Y porque puso en vergüenza al General Jara cuando se hundió su barco de cemento, la única patente tecnológica registrada por la Revolución.

Necesitamos predicadores que remachen que la ganancia de una persona es la pérdida de otra, que condenen el deseo de mejorar la propia situación con la obtención de ingresos superiores a los gastos, que desconozcan que la moneda estable es el puente entre el presente y el futuro, que denuncien a las fuerzas del mercado como antagonistas de la justicia, que desprecien la comodidad y que elogien vivir peligrosamente.

El verdadero enemigo del régimen es que los mexicanos aprendan a trabajar, que hay vida fuera del presupuesto, que se den cuenta que pueden independizarse trabajando y ahorrando. El fin del régimen ocurrirá cuando los mexicanos descubran que lo que compran aquí es más barato y accesible fuera del país. Es importante que los mexicanos que aprendieron a trabajar al otro lado se regresen, hacen daño porque demuestran que es posible ahorrar, que las unidades monetarias son unidades de libertad. Con sus ahorros se vuelven independientes: se preparan más o abren negocitos. También es importante periódicamente desaparecer los ahorros y arruinar a la sociedad civil independiente del gobierno. El que no esté en simbiosis con el gobierno que fracase. En mi gabinete, Morones fue el verdadero Secretario de Educación: hizo que la sociedad civil aprendiera a buscar puestos en el gobierno para sobrevivir. Fue una empleomanía civilizadora.

Mandé fusilar a Anacleto González Flores porque me llamó “Cloaca Máxima”, pero mi venganza fue que las dos lumbreras de su célula cristera fueran cooptadas por el régimen: Agustín Yáñez en la Secretaría de Educación y Antonio Gómez Robledo en la de Relaciones, uno escribiendo novelas, otro versos en latín.

Mi fórmula se condensa en autoritarismo político sin prosperidad económica. Por eso este régimen durará más que el de Franco en España.          n