PORFIRIO DÍAZ AL NATURAL

POR CARLOS TELLO DÍAZ

Luis Miguel Aguilar me comentó que Nexos quiere publicar en el mes de la Patria breves retratos de los héroes y los villanos de la historia de México, con el objeto de desacralizar a los primeros y desatanizar a los segundos, entre los cuales está, me dijo, el general Porfirio Díaz.

¿Es en verdad un villano? Yo creo que ya no lo es, le respondí.

Porfirio Díaz es uno de los personajes más biografiados en la historia del país. Luis González, en su presentación de la biografía de Carleton Beals, una de las mejores, evoca los libros que a lo largo de cien años, han tenido como tema central al general Díaz.

La lista es larga. Durante su gobierno. Díaz inspiró alrededor de cincuenta y seis biografías, todas ellas laudatorias, escritas a veces por extranjeros (algunos famosos, como Hubert Bancroft), aunque la mayoría por mexicanos (entre los que destacan, junto con los poetas que lo alabaron hasta la cursilería, personajes como Ireneo Paz y Bernardo Reyes). Don Porfirio era, en todas esas obras, lo que también era en el discurso oficial: el Héroe de la Guerra, el Príncipe de la Paz y del Progreso.

Porfirio Díaz, cuando cayó al fondo, cayó desde muy alto. En tiempos de los generales de la Revolución fue el objeto de alrededor de veintiocho libros, además de muchísimos más frescos —unos buenos, otros malos— que lo colocaban todos, de acuerdo con el discurso oficial, muy cerquita del infierno. Entre los autores que lo condenaron había algunos extranjeros (como John K. Turner. que después escribió por encargo un libro contra Pancho Villa), aunque los más, de nuevo, eran mexicanos (pienso ahora en Luis Cabrera, Francisco Bulnes y José López Portillo y Rojas). A pesar de que tuvo también a sus partidarios, entre ellos Alfonso Reyes, que lo defendió con elegancia en Pasado inmediato, Porfirio Díaz dejó de ser en esos años el Príncipe de la Paz para pasar a ser nada más, el Dictador.

Cuando los licenciados llegaron al poder en 1946, bajo las siglas del PRI, cambió de nuevo la relación del régimen con don Porfirio. A partir de entonces, y hasta principios de los ochenta, vieron la luz alrededor de dieciséis biografías sobre su persona. Todas ellas tenían un común denominador: estaban escritas por historiadores profesionales, a partir de documentos, y tenían un carácter generalmente imparcial. Entre los autores que trabajaron en estos años es necesario destacar a dos: José Valadés y Daniel Cosío Villegas.

¿Qué pasó después? A partir de los ochenta, me parece, cambió de nuevo la opinión pública y el discurso oficial con respecto de Porfirio Díaz. Una señal del cambio fue la publicación en 1987, de la biografía de Díaz que escribió el historiador Enrique Krauze. Ella no disimula lo que debemos condenar en el Porfiriato —la desigualdad, la represión— pero tampoco esconde aquello que debemos elogiar: el progreso material, la política exterior, la integración nacional. Lo que me parece necesario destacar aquí es que la biografía recibió el aval del gobierno de México: fue publicada por el Fondo de Cultura Económica bajo el patrocinio de la Secretaría de Recursos Hidráulicos. Así también, durante los noventa, hubo de nuevo un intento del gobierno para descaricaturizar la historia nacional de los libros de texto, plasmado en el trabajo que encabezaron los historiadores Héctor Aguilar Camín y Enrique Florescano.

Creo que no ha cambiado mucho desde entonces nuestra relación con el Porfiriato y creo que Díaz, que no es un héroe, ya tampoco es un villano. n