LOS CUENTOS DE HADAS Y LA HISTORIA PATRIA

Toda historia es historia contemporánea. El presente reescribe constantemente el pasado. Las obsesiones de hoy tiñen de intenciones y significados nuevos los hechos de ayer. En México ha terminado una época pública y con ella una lectura de la historia. El fin de la hegemonía del PRI es el fin de la hegemonía de los valores históricos del México posrevolucionario.

Los héroes históricos de la estabilidad y la unidad nacional ceden el paso a los héroes de la diversidad y el cambio democrático. Los valores de la fundación del Estado nacional mexicano del siglo XX, un Estado incluyente y autoritario a la vez, parecen insuficientes y hasta inadecuados para la pedagogía pública del Estado plural y democrático con el que México inicia el siglo XXI Hay en el país una disputa sorda y radical, aunque civilizada y sin encono, por el nuevo significado de la historia. A la exploración de algunos rasgos de esa disputa hemos dedicado el centro de nuestra revista.

El proceso de revisión histórica colectiva que está en marcha tiene también la tarea pendiente de equilibrar los cuentos de nuestra historia patria. La historia oficial de México es particularmente fantasiosa y desequilibrada. Toda historia patria es un cuento de hadas, pero los cuentos de hadas de la de México incluyen flagrantes mentiras y aberrantes exclusiones. Es un cuento de hadas que debe equilibrarse porque apenas se la ve de cerca con cierto rigor profesional, resulta no sólo insostenible, sino contraria a las urgencias de una cultura democrática, plural, incluyente y optimista.

Nuestra historia patria glorifica la derrota y la violencia, recela de los triunfadores y de sus logros, está cruzada de rencor social y victimismo nacionalista. Sus mentiras y exclusiones introducen desde muy temprano en la conciencia infantil ambigüedades y mentiras que preparan al futuro ciudadano para la simulación cívica. El país padece una moral pública de doble vara, que empieza probablemente con la enseñanza de su historia. Por ejemplo: hay que venerar nuestras constituciones al tiempo que sabemos que no se cumple la ley.

Ofrecemos en este número unos cuantos ejercicios de búsqueda del equilibrio con textos breves que intentan desacralizar un poco a los héroes consagrados y desatanizar otro poco a los villanos favoritos.