PRESIDENCIA:

NUEVOS CABLES CRUZADOS

El presidente Fox planteó un cambio radical en el estilo de trabajo del gobierno federal. Usó conceptos nunca oídos a ese propósito: filosofía de innovación. calidad total, gobierno competitivo. Se hicieron cambios en el gabinete y se creó la Oficina Ejecutiva de la Presidencia de la República con tres nuevas unidades estratégicas: la Comisión para el Desarrollo Social y Humano, la Comisión para el Crecimiento con Calidad y la Comisión de Orden y Respeto.

Los adjetivos que las definen pueden sonar cursis, las Comisiones son serias. Cubren amplios terrenos burocráticos y sustituyen a los antiguos “gabinetes especializados” (Agropecuario. Desarrollo Social. Económico, Política Interior. Política Exterior, Salud. Seguridad Nacional. Turismo).

La Comisión de Desarrollo Social y Humano coordina a las secretarías de Educación, Salud, Cultura y Desarrollo Social. La Comisión de Crecimiento con Calidad agrupa a las de Hacienda. Economía. Relaciones Exteriores. Comunicaciones. Medio Ambiente. Turismo, Agricultura. Trabajo y Reforma Agraria. La Comisión de Orden y Respeto coordina a los secretarios de la Defensa. Marina. Contraloría, Seguridad Pública y Procuraduría General de la República.

Primera diferencia fundamental con el pasado: antes el presidente presidía las juntas de los antiguos gabinetes. El presidente Fox sólo asiste ocasionalmente a las juntas de las Comisiones.

Segunda diferencia fundamental: antes, además de las reuniones de “gabinetes especializados”, los secretarios de Estado tenían acuerdo regular con el presidente. Hoy sólo tres secretarios conservan esa prerrogativa: Relaciones, Gobernación y Hacienda. Los demás han de desahogar sus asuntos y solicitar su acceso al jefe de gobierno a través del titular o en las reuniones de la Comisión donde quedaron sectorizados. Resultado: el contacto del presidente con sus secretarios se ha reducido drásticamente.

Problema de fondo y forma: se han creado de hecho tres superministerios (las Comisiones) que no tienen existencia legal. Carecen de atribuciones y responsabilidad tanto en la Constitución como en la ley de la administración pública federal. Las atribuciones y la responsabilidad política siguen siendo de los secretarios de Estado.

Consecuencia: los secretarios ven disminuida su relación con el presidente y su visibilidad pública. Los Comisionados tienden a ser los voceros de las buenas nuevas. Los errores tienden a quedar en la cuenta de los secretarios.

La nueva estructura de Comisiones busca que los programas de gobierno tengan coherencia, eviten duplicidades, usen mejor los recursos y den más resultados. Lo que está sucediendo es que los secretarios operan por su cuenta, los Comisionados no pueden coordinarlos y el presidente está desvinculado de los operadores reales de su gobierno.

Paralelamente a las Comisiones, funciona de manera informal el llamado “Grupo Pinos”, al que pertenecen los jefes de la oficina presidencial, los coordinadores de comunicación social e imagen, la secretaría particular y los Comisionados. En el grupo participan también los Secretarios de Gobernación, Hacienda y Relaciones Exteriores, supersecretarios de facto.

Los columnistas políticos se ocupan con frecuencia del Grupo Pinos porque es el círculo más cercano al presidente y el que más influye en sus decisiones. Ahí se discuten con libertad los temas del gobierno. Se plantea como un foro para orientar al Presidente, pero en los hechos es la instancia clave en la toma de decisiones.

Ahí se expresan y combaten las personalidades, los estilos y la capacidad argumentativa de los colaboradores más cercanos. En algún sentido se disputan la determinación del rumbo del gobierno. Dado su carácter informal, es frecuente que las discusiones no partan de estudios previamente valorados en los niveles técnicos de la administración federal. Tienden a tomarse informalmente en ese círculo decisiones que deberían tener formalidad absoluta.

Lo que se pierde en la doble informalidad de los Comisionados y el Grupo Pinos es una función del gobierno que no puede asumir sino el presidente mismo. Esa función es el arbitraje de las decisiones, la ruptura de los empates y las pugnas no sólo frecuentes sino indispensables de la administración pública.

Las secretarías pelean por recursos escasos, en dineros, atribuciones y atención del presidente. Ahí donde no hay conflicto de intereses burocráticos, algún secretario está haciendo mal su tarea: representa mal sus intereses o ejerce con poco celo sus competencias. La tarea de los secretarios es defender los intereses de su parcela. La tarea del presidente es decidir una y otra vez qué va primero, disolver las pugnas de cada día, arbitrar el juego conflictivo de sus colaboradores. Si la instancia mayor del arbitraje falta, la lógica del conflicto devora la organización, no se resuelve con decisiones sino se propaga en espiral.

Especialistas y políticos han señalado de tiempo atrás el mal diseño burocrático de la presidencia de México: línea de mando demasiado larga, excesiva concentración de decisiones, pobres controles de resultados, descoordinación crónica, fugas sin fin de recursos. Un puesto hecho, se dice, para que fracase el más pintado. El nuevo diseño del puesto busca ganar coordinación y reducir la línea de mando del Presidente —que en cualquier análisis organizacional es aberrante—, de modo que éste pueda dedicar menos tiempo a las tareas burocráticas y más a lo que juzgue fundamental, que en el caso de Fox es estar cerca de la gente.

El cambio introducido no funciona bien por una razón obvia: los Comisionados y el Grupo Pinos no pueden sustituir al Presidente en sus funciones de decidir y arbitrar. Tampoco pueden asumir las atribuciones y las responsabilidades de los secretarios, por la sencilla razón de que no las tienen.

Viejos cables cruzados en la presidencia han sido sustituidos por nuevos cruces. Y el presidente Fox parece haber perdido las habilidades administrativas que tenía. n